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30 de enero de 2012 |
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José Joly Palomino |
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Cuando repican las campanas de los teletipos |
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Cuando se es "independiente por carácter" se encuentra la explicación del porqué DIARIO DE CADIZ tiene ya 136 años. Y si a ello se le añade el innato sentido liberal que la trimilenaria ciudad ha sabido imprimir a todo cuanto le rodea pues resulta mucho más fácil. Como también el que actualmente esta editora de periódicos, ya en su quinta generación, mantenga fijo el rumbo que su fundador estableció. Permanecen la idea y el espíritu. Aquella por principio y éste por sangre. Por todo ello, porque en este periódico y empresa se han vivido y resistido repúblicas, monarquías y dictaduras, sin más sobresaltos que el mantenimiento del servicio a la información, la última transición protagonizada en España, la de 1977, de la dictadura de Franco a la monarquía del rey Juan Carlos, no deja de ser más que otro jalón histórico en la historia de este periódico, que celebra su contribución a que se produjera dentro del mayor orden para que sirviera de ejemplo, como está sirviendo, a futuras generaciones dentro y fuera de nuestras fronteras. Fueron unos días emocionantes, con aquellos teletipos aún dotados de esas "campanitas de alarma", que en aquel entonces no tocaban, sino repicaban, pues muchas eran las grandes noticias que se acumulaban sobre las mesas de los periodistas. La agonía de Franco, su muerte, su entierro, la llegada de personalidades de todo el mundo a España, la proclamación y coronación del rey, el relevo de Arias, -Adolfo Suárez- la increíble legalización del Partido Comunista, la recuperación de derechos ciudadanos, las elecciones municipales, la irrupción de la UCD en el panorama político, los primeros movimientos de los universitarios de Suresnes, las conquistas laborales vía sindicatos, la asesina contumacia de los bandidos de ETA, conformaban un impresionantre panorama informativo que en "Diario de Cádiz", repito, se vivió tan intensa como normalmente, desde la veteranía que conceden tantos años y vivencias políticas. Desde el respeto de "aquellos otros tiempos", sin rencores que a nada conducen , y mucho menos odios, se contribuyó, dentro del marco de influencia, a que la transición se hiciera civilizadamente y en paz, como así fue. |
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