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Francico Pérez Gómez |
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La Cultura (Huelva) |
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Huelva canta libertad |
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Resulta paradójico hablar de una cultura de Huelva en la época de la Transición como si de un nuevo modo de cultura correlativa a la época anterior se tratara. Para hablar de cultura en este periodo hemos de empezar casi de poco más que de cero, asistir al montaje inaugural de una obra que se anunciaba por primera vez en los carteles de nuestro entorno sociopolítico. En la época prefranquista una actividad cultural vigorosa impregnaba el tejido de la provincia. Buen número de diarios (Diario de Huelva, Odiel...), publicaciones literarias (Papel de Aleluyas, Pliegos de Mineral...), asociaciones artísticas y culturales (Ateneo, La Juventud Artística...), exposiciones de pintura, conferencias, recitales, conciertos, etc. creaban el clima necesario para que Huelva no fuera sólo una referencia lejana y rosa.
Durante los cuarenta años que siguieron a la Guerra Civil española, una poderosa mano que a todo lugar llegaba se ocupa de borrar cualquier atisbo de cultura que no fuera la oficial. Así, este oficialismo tuteló durante tan largos años lo poco y mediocre que se hacía o se podía hacer en el panorama cultural onubense. Un solo diario del Movimiento (Odiel), la Obra Sindical de Educación y Descanso, Juegos Florales de Primavera o alguna publicación diocesana eran el referente del arte y la cultura que se entrecomillaba patéticamente entre la ñoña religiosidad, los arrebatos católico-imperiales y la catetería folclorista de una ingenuidad doméstica y analfabeta.
Es necesario hacer este planteamiento previo para poder abordar con mayor rigor y perspectiva el panorama de La Cultura en la Huelva de la Transición. Así, en esa época de oscuridad oficialista, muchos elementos se sintieron cómodos, satisfechos con lo poco y malo que se permitía hacer porque muy posiblemente ellos sólo eran capaces de hacer por la cultura poco y malo. Pero también era cierto que en la sombra esperaban su momento gente de otro perfil, no necesariamente político, que poseían otros planteamientos, otras concepciones, una perspectiva más universalista y válida.
En la década previa a la Transición la nueva sociedad onubense empieza a moverse, a cambiar, a abrirse, a despertarse. La clandestinidad cultural se va haciendo menos espesa, más osada. Muchos jóvenes marchan a la universidad y traen libros y sus ideas, estilos y formas de ver diferentes, el monolitismo se rompe, la aldea abre sus puertas. Soplan transalpinos los vientos del Mayo francés, las canciones de Paco Ibáñez se mezclan con los textos de la Beat Generation, los cines de Arte y Ensayo abren ventanas en el alcázar que comienza a rendirse, entran consignas libertarias de amor y paz como claveles asomando en todos los fusiles del mundo.
Tertulia en Santa Fe. En el Paseo de Santa Fe, en el bar de su nombre (ya desaparecido), en la rebotica del mismo, algo se cocía además de los inefables tollos con tomate que Paca, la mujer de Boni, aquel auténtico pequeño gran hombre, preparaba cada día. Un grupo de jóvenes escritores, pintores, periodistas, intelectuales estableció allí su tertulia, bautizada como Grupo Santa Fe. Víctor Márquez Reviriego, Juan Manuel Seisdedos (hijo de Paca y Boni), Manuel Garrido Palacios, Manuel Pizán Domínguez, (ya desaparecido), Guillermo Alonso del Real y Paco Pérez Gómez (el capitán de las Dunas), crearon un foro que dinamizó por primera vez el panorama cultural de aquella ciudad dormida. Enseguida se fueron aglutinando diversos elementos de muy distintas edades y procedencias y desde una dinámica de charlas, debates, publicaciones, colaboraciones en prensa, exposiciones, etc. aquella tertulia se convierte en la vanguardia de una nueva época.
Una mañana, Arias Navarro nos dice a todos: Franco ha muerto. Suena como la sirena que marca el comienzo laboral de una fábrica. Una actividad pluriforme y potente irrumpe en el panorama cultural de Huelva. El despertar arrastra un apetito voraz después de tantos inviernos de cueva y ayuno. Una multitud de políticos irrumpen con sus expectativas y habilidades en una verdadera olimpiada de variopintos partidos y programas. Las hasta entonces desiertas calles se llenan de tenderetes y mostradores. Los pregones de las más diversas mercancías del zoco sociocultural se mezclan dando un exótico colorismo a la vieja Onuba. La prensa local se transforma y se bifurca en dos vertientes. Por una parte, el rancio Odiel arrastrando los estigmas de su pedigrí de la derechona, por otro El Correo de Andalucía desde el patrocinio de una iglesia más inteligentemente abierta a la época de novedad y cambios que llegaba, cuestionando desde sus páginas intocables dogmas del Régimen finalizado, recogiendo opiniones y planteamientos, denunciando, anunciando, liberando la noticia.
Era imposible suponer que había tantos poetas esperando a pie de lira la ocasión que había llegado. Inmediatamente se alinean como romanos y cartagineses en dos amplios grupos literarios: el Club de Escritores Onubenses y el Grupo Celacanto. Ambos, con sus colecciones de libros, con sus antologías, con sus propias reuniones y puntuales recitales. Juan Drago, Juan Antonio Guzmán, Paco Jiménez, Paco Pérez, Juan Antonio García Barriga, Paco Sánchez, Antonio Cano, Abelardo Rodríguez, Félix Morales, José Antonio Antón, José Antonio Ávila, José Baena, José Manuel de Lara, Manolo Sánchez Tello, Jesús Arcensio, Rafael Delgado, José Antonio Mancheño, Ramón Llanes, entre muchos otros más de aquella extensa playa lírica marcada por el denominador común del sur atlántico y la sombra universal de Juan Ramón.
La pintura. En la pintura se marca con nitidez la obra de Juan Manuel Seisdedos, trascienden nuestras fronteras pintores como Florencio Aguilera, Rafael Oliva, Alberto Delgado, Mario León, José María Franco... Apunta el espléndido futuro de Juan Carlos Castro Crespo. Ayuntamientos, instituciones, entidades bancarias apoyan y tutelan certámenes y exposiciones. La actividad plástica es incesante desde el otoño hasta la primavera. Surge el Club 75 con la decidida vocación de potenciar la cultura con gente de Huelva y para Huelva. Como presidente, un hombre entrañable y siempre entregado al onubensismo: Antonio Hernández Caire, que a todos nos faltó tan prematuramente.
El mundo del cine, que ya apuntaba una nueva forma de modernidad y apertura desde el Cine Club Huelva, de la mano de José Luis Ruiz entra en una etapa de importancia internacional, con la Semana de Cine Iberoamericano que inmediatamente pasaría a ser el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. El incansable Ruiz, desde su lugar como teniente de alcalde responsable de Cultura y Festejos del Ayuntamiento capitalino, tiende un puente de celuloide entre Huelva y América. Una impagable tarea que hasta el día de hoy sigue dando sus frutos.
En la música, de las antiguas y minoritarias audiciones en el Círculo Vázquez de Mella o los esporádicos conciertos de las Juventudes Musicales se pasa a la potencialidad de Festivales como el Iberoamericano de la Rábida, ediciones en el Gran Teatro de variados programas de temporada, y la sólida y muy profesional Banda Municipal de Música casi siempre bajo la batuta de Vicente García Sanchís. Huelva le canta al mundo Libertad sin ira desde la mejor embajada musical propia: el grupo Jarcha. Cantan también el Himno de Andalucía y canciones sacadas de nuestras raíces de tierra y pueblo, de mar y orilla, todo lo viejo haciéndose nuevo sonó en las voces de aquellos que tan universalmente supieron decir lo que estaba pasando, lo que estaba pasándonos.
Desde hace más de un cuarto de siglo mirar todo aquello produce necesarios interrogantes. Aquel repentino y vehemente resurgimiento, aquel despertar casi de un salto, aquella apuesta por el ser más que por el tener que clamaba en todo lugar, ¿ha logrado sus objetivos? ¿Se restauró definitivamente la confianza perdida en un patrimonio cultural vivo y válido? ¿Ganamos entonces la partida o las fichas se perdieron en el tablero? Ésa es otra historia.
*Francisco Pérez Gómez es escritor |
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