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Rafael Román |
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El golpe de Estado (Sevilla) |
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Noche de guardia |
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A la misma hora que se producía el golpe de Estado yo estaba dando una conferencia de prensa, creo que los periodistas se podían contra con los dedos de una mano. Entonces, la Junta de Andalucía era muy poquita cosa. Era mi presentación como consejero de Cultura, cuando sustituí a vallejo
ese día 23 de febrero lo recuerdo perfectamente y me gustaría encontrarme con los dos guardias civiles que estuvieron conmigo toda la noche, porque a mi tocó estar de guardia, posiblemente porque andaba por allí. Durante muchas horas estuvimos allí un chico de Cádiz que era Rafael Parrilla y yo mismo, esperando a ver qué pasaba. Rodríguez de la Borbolla se había ido a guardar los archivos del partido y Antonio Ojeda creo que estaba con el que dicen que esa noche estaba alcoholizado, el teniente general Merry Gordon y, también, con el delegado del Gobierno de la UCD, que había sido gobernador civil de Cádiz, el emérito diplomático Sanz Pastor y con el general Esquivias. Yo me quedé todo la noche solo, hasta bien entrada la mañana en el Pabellón Real. Los dos guardias civiles, Rafael Parrilla, otro funcionario y yo. Por allí llego Tomás Iglesias con algunos del PTE. Querían que convocara una huelga general o algo así. No recuerdo bien, pero que también estuvieron en el Pabellón Real Isidoro Moreno y el alcalde de Lebrija, Antonio Torres. Estos políticos de grupos extraparlamentarios se presentaron para ponerse a disposición de la Junta, pero es que no había absolutamente nadie y además Escuredo y Tomas García estaban secuestrados en el Congreso por Tejero. Por lo que recuerdo, unos consejeros buscaron refugios y otros se fueron a sus casas.
Había gente que llamaba por teléfono y preguntaba cuál era la situación de la Junta de Andalucía y yo respondía: Mire usted, yo estoy aquí solo y no me atrevo a convocar la huelga general revolucionaria yo solo, sinceramente. Yo estaba con los guardias civiles y no sabían si me iban a detener, a llevarme al cuartel de la Guardia Civil de Eritaña o fusilar allí mismo en cumplimiento de la nueva legalidad que habían impuesto Tejero y sus hombres a golpe de pistola y metralleta en el Congreso de los diputados o, si por el contrario, al menos aquellos dos, estaban por respetar la legalidad. No hablábamos entre nosotros, simplemente nos dedicábamos a mirar la televisión hasta que apareció el Rey. Luego, la cosa se fue calmando. Ya todo fue muy constitucional por la mañana, pero la tarde noche fue de las que no se olvidan, sobre todo por la soledad más absoluta, sin saber qué podía hacer, sin conectar con otros compañeros del Gobierno de Rafael Escuredo. Tengo que reconocer que el cuerpo me pedía marcharme, pero no podía dejar sola la institución más importante del pueblo andaluz. Si aquella noche era la última, pues bueno. La noche de tranquilo, Jordi, tranquilo no fue muy gloriosa que digamos.
*Rafael Román es nombrado consejero de Cultura cinco días antes del golpe |
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