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28 de mayo de 2012 |
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Carlos Rosado |
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Los intentos de recuperación política de UCD en Andalucía |
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La abrupta decisión del Gobierno de Suárez de dar marcha atrás al final del proceso de constitución de la autonomía andaluza sumió a la inexperta militancia de UCD en un estado de shock que la paralizó y desató una corriente popular imparable de desafección política. Todo lo cual desembocó en la crisis nacional derivada del referéndum del 28-F. En el comité regional de UCD que debía administrar la crisis se sentaban, entre otros, el vicepresidente Juan Antonio García Díez, el ministro de Hacienda, Jaime García Añoveros; el ministro de Trabajo, José Manuel Pérez Millares; el presidente del Congreso, Landelino Lavilla, el del Senado, Cecilio Valverde; el portavoz del Grupo Parlamentario en el Congreso y en el Senado, presididos por Manuel Clavero Arévalo, el resto lo componían diputados y senadores básicamente. Prácticamente nadie se movió cuando Clavero abandonó el paritdo, pese a que muchos compartían su no su decisión, pero sí sus motivos.
En julio del 80 asume la presidencia del partido Pérez Millares y la vicepresidencia primera, Soledad Becerril en el encargo de recuperar la iniciativa política perdida. Y en ese clima fui elegido secretario general. Frente a tanto peso pesado mi biografía no era otra que la de un abogado de corta trayectoria profesional, militante desde 1974 de un partido democrático (Izquierda Democrática), reciente concejal en la primera Corporación gaditana y secretario general de la Consejería de Agricultura y Pesca, con el consejero Valdecantos. A ésto se añadía mi clara oposición a la posición política de UCD en el 28-F en cuyo referéndum voté favorablemente a la autonomía andaluza.
El objetivo de reactivar, primero, a la militancia centrista se articuló a través del I Congreso regional de la UCD de Andalucía una de cuyas principales decisiones fue plantear al partido la modificación centralista de su organización por otra adaptada a la realidad regional, idea que triunfó en el Congreso de Palma de 1981, inmerso en la crisis. Al tiempo, hubimos de centrar el esfuerzo en elaborar la ponencia con el proyecto de Estatuto de Autonomía para Andalucía y establecer una línea rota de interlocución con el resto de los partidos políticos, fundamentalmente con el PSOE. En esa tarea nos sorprendió el intento del golpe de Estado del 23-F. Nunca se ha valorado adecuadamente la prueba de responsabilidad de la clase política andaluza que no interrumpió el calendario previsto para la aprobación del Estatuto pese a la conmoción sufrida por el golpe frustrado. UCD rectificó adecuadamente los errores pero la dinámica nacional impidió la recuperación que condujo a la desaparición del espacio de centro que tardaría años en empezar a recomponerse.
Carlos Rosado fue secretario general de la UCD de Andalucía |
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