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Victoriano Ruigómez Domínguez |
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Deportes (Huelva) |
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Del olvido a la gloria |
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La historia del Recreativo de Huelva, en sus más de cien años de vida, ha sido un continuo ir y venir; de estar al borde de la desaparición a alcanzar la gloria del ascenso a Primera División para poco tiempo después acercarse peligrosamente a la desaparición como entidad deportiva. Así, la década de los setenta en el Recreativo de Huelva, el viejo Recre, es paralela a los momentos que vive la sociedad onubense, aunque hay que recordar que la entidad albiazul, siempre por motivos económicos, anda al borde del precipicio, especialmente tras el histórico ascenso a Primera curiosamente se produce el posterior descenso con superávit en caja, ya que en sus continuos intentos por regresar a la máxima competición nacional el Decano no hace más que engordar la nómina con jugadores de vuelta y muy caros para las paupérrimas arcas recreativistas. La mejor en todos estos años es la afición, un aval que nunca ha perdido el club y que le ha permitido sobrevivir por encima de intereses partidistas y de los avatares de las distintas directivas que ha dirigido los destinos de la entidad.
El ascenso. Al inicio de la década de los setenta la política deportiva no era la más adecuada, provocando continuos cambios de entrenadores, jugadores y directivos que, unida a la escasa masa social (aburrida y asqueada, pero fiel), hace del Recreativo un club permanentemente al filo de la navaja. Esta situación poco a poco va mermando su escasa estabilidad, llegándose a un punto de inflexión con la entrada, como presidente, de José Martínez Oliva, que sustituyó en el cargo a José Luis Martín Berrocal que se vio obligado a dejar la presidencia por sanción federativa.
Martínez Oliva, sevillano de nacimiento y jugador de equipos como Sevilla, Córdoba y Recreativo y perfecto conocedor de la idiosincrasia albiazul, logra formar una junta directiva dinámica, decidida y, sobre todo, unida. Sus planteamientos en el campo deportivo llevaron parejo una mejora clara en el aspecto económico que, en la temporada 1977-1978, hacen que el Real Club Recreativo de Huelva consiga su primer ascenso a Primera División.
Gran parte de este éxito se debe, también, a la elección del entrenador, ya que el equipo profesional fue dirigido técnicamente por Eusebio Ríos y del plantel que se puso en sus manos, basado en la cantera (de ahí el éxito económico) y de hombres expertos y de enorme calidad, como fueron Espárrago uruguayo que disputó tres mundiales, Enrique Lora internacional español, Gerolami, Rincón años más tarde decisivo en el histórico España-Malta disputado en el Benito Villamarín que terminó 12-1 e Isabelo abanderado de los jugadores nacidos en Huelva y con un amplio historial en Primera División. Como jugadores salidos de la cantera hay que reseñar a los hemanos Zambrano, Joaquín, Vicente, Torres, etc.
Crisis del Decano. A partir del año 1979 y como consecuencia de la salida por discrepancias con un sector de la afición de Martínez Oliva de la presidencia de la entidad, se forma una gestora que, presidida por Francisco de la Corte, prepara nuevas elecciones presidenciales, de las que sale elegido José Antonio Muñoz Lozano que, hasta ese momento, había sido vicepresidente de la entidad.
El club, a partir de este momento, entra en barrena, ya que ni las políticas deportivas ni las económicas ayudan a mejorar ni, por su puesto, a conseguir un nuevo ascenso. Más al contrario, el equipo comienza a dar bandazos ante la falta de cohesión y de decisiones lógicas. La afición, cansada, va dando la espalda a la entidad, que no al equipo, bajando enormemente el número de socios y de asistentes al Estadio Municipal, donde el cemento es el mayor respaldo de los jugadores partido a partido. En los primeros años de la década de los ochenta el Recreativo se ve intervenido por la política, que interfiere en la vida social del club, teniendo una relativa dependencia de los poderes públicos o políticos, entendiéndose esto como Ayuntamiento, Diputación, Junta de Andalucía, por la falta sobre todo de apoyo económico.
El Recre se sumerge en un sin vivir. La falta de un proyecto definido, el ir y venir de jugadores y de entrenadores, colocan al Decano continuamente al borde de la desaparición. Poca masa social conlleva poco o nulo apoyo de las instituciones y los directivos, en su afán por sacar a club del laberinto en el que se encuentra, no hacen más que ahondar en la herida y sumar temporada tras temporada un déficit insuperable para entidad y socios. Son los primeros años ochenta el referente de lo que ocurrirá más tarde: caída libre y cambio de categoría, de Segunda A a Segunda B. La gloria del primer ascenso queda en el olvido de una realidad pesimista y abocada al desastre. Las temporadas son siempre un calco de la anterior, en la que la buena voluntad supera con creces a la realidad. Los escasos recursos económicos no son bien distribuidos y las ayudas se pierden en pagar intereses bancarios que no hacen más que engordar la bolsa de un déficit imposible de mantener. El Recreativo de Huelva sobrevive gracias al interés de unos pocos (los socios) y de la falta de visión de sus dirigentes, más pendientes de salvar su imagen que de salvar los muebles de la entidad albiazul. |
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