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Antonio Ramos Espejo |
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Los medios de comunicación (Sevilla) |
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Los interrogantes de Antonio Burgos |
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Cada andaluz, de los que consideramos de firma, compromiso u oficio, sabe en qué momento preclaro o nuboso se embarcó en esa aventura personal o colectiva que desde distintos caminos confluyeron en esos años de transición política. La biografías de los protagonistas de esa marcha hacia la utopía, hacia ninguna parte o hacia un lugar de cobijo para sobrevivir en el incierto y largo camino, no siempre aparecen en toda su autenticidad. En unos casos se ha pasado por el maquillaje de la historia, por silencios y olvidos para encumbrarse al podio de los magníficos donde se oyen con especial recogimiento las notas del Himno de Andalucía, aprendido en un curso de reconversión sureña. Y desde luego hay otras biografías que no han necesitado de la máscara para presentarse a pelo. Cuando Antonio Burgos salió con su Andalucía, ¿Tercer Mundo?, allá por el año 1971, se aventuraba a presentar su propia carta de identidad periodística y personal en Andalucía.
Con esa obra, el primer Burgos de ABC, en el que escribía entre líneas y se diferenciaba de la marca editorial, y el Burgos de Triunfo, con sus reportajes y crónicas de la Andalucía que despertaba por distintos frentes, el periodista sevillano contribuye, sino el que más, sí como el que más, a sentar las bases del que sería en los años sucesivos el compromiso periodístico por Andalucía. Después, los caminos de la Transición se bifurcan y se interpretan en función de las miradas: las del pasado y las de futuro.
De aquella primera guía sobre los males de un pueblo, hay dos señales que aún me llaman la atención: la dedicatoria y los titulares. La primera decía y dice así: En memoria de Antonio Burgos Sánchez, bracero de los alcores, que aprendió a leer en el cuartel y sufrió en su carnes las consecuencias de una sociedad señorial, y para Fernando Burgos Herce, con la esperanza de que llegue a conocer una Andalucía más justa. Y de los titulares del índice, que han sido durante años una invitación a las nuevas generaciones de periodistas para acercarse a las preocupaciones de su pueblo, permanecen vigentes algunos de ellos, sobre todo ese que se refiere al mito de la holgazanería, la prueba en la que más de un ministro o intelectual de ocasión tropiezan cada vez que cruzan la frontera de Despeñaperros y se creen en la obligación de seguirle el rastro a la teoría de la Andalucía vegetativa de Ortega y Gasset. Sentadas estas bases, Burgos ha dejado constancia de su paso por la Transición en una Andalucía, a la que todavía, según con los ojos con que se la mire y el pensamiento con que se la juzgue, no se le han caído, como desearíamos, algunos de los interrogantes que el periodista se planteaba en sus años de rebeldía.
*Antonio Ramos es periodista |
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