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30 de enero de 2012 |
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Fernando Santiago |
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El Andalucismo en la N-IV |
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En los años setenta nació un partido político en Andalucía llamado a movimientos pendulares, a quemar líderes cada cuatro años y a luchas cruentas y eternas entre sus dirigentes. El PSA se constituye en 1977 desde la Alianza Socialista de Andalucía. Su líder, Alejandro Rojas Marcos, heredero de una de las más rancias familias de la burguesía sevillana, había participado en la Junta Democrática y tenía una relación especial con el PCE, el partido mejor implantado en la región, hasta el punto de que hasta meses antes de las municipales del 79 mantenían un acuerdo preelectoral. Era el PSA un partido joven, de gente bisoña, muy radical y de corte marxista. En Cádiz estaba especialmente vinculado a la USO (Unión Sindical Obrera), por aquellos momentos la mayor central sindical de la provincia gracias a su implantación en el metal de la Bahía de Cádiz y en la vid de Jerez. Era tal la influencia de la USO que el sindicato consiguió cambiar el candidato a la alcaldía propuesto por Rojas Marcos en enero del 79, el constructor Sebastián Romero, por un joven y desconocido abogado de la Caja de Jerez, Pedro Pacheco, así como colocar en Cádiz a dos de sus dirigentes entre los cinco primeros de las municipales. O situar a su abogado, Armando Ruiz, como candidato a la alcaldía de la capital. O forzar una coalición PSA-PSP (Partido Socialista Popular), Unidad Socialista, en las elecciones generales del 77, con un sindicalista de El Puerto de Santa María, Esteban Caamaño, como cabeza de lista por Cádiz, por cierto, única provincia donde obtuvo representación. Incluso en el 79,cuando Rojas Marcos decide asegurarse un escaño y desembarca de cunero en Cádiz (estela que seguirá años después José Núñez), pone en segundo lugar a Emilio Rubiales, sindicalista de Ubrique, donde la USO también estaba muy implantada. Fue la USO, un sindicato de origen cristiano, el principal bastón del PSA en sus orígenes y en su implantación en la provincia de Cádiz, circunscripción donde todavía hoy tiene su principal fuente de votos el Partido Andalucista. Luego el sindicato que se llamaba socialista autogestionario se fue dividiendo, primero hacia la UGT y después hacia CC OO. La estela de Monseñor García Añoveros en el movimiento obrero y en la izquierda gaditana todavía perdura. En Madrid, el andalucismo estaba muy organizado, aunque parezca un disparate. No hay que olvidar que el PSA llegó a tener dos diputados en el Parlamento catalán, con un profesor universitario cordobés, José Acosta como candidato a honorable. En la capital, el andalucismo tenía su sede en la plaza de Tirso de Molina, junto al Rastro, y tenía como objetivo crear una red de centros andaluces donde aglutinar a la emigración y servir de retaguardia a las actividades políticas en el Sur. Su animosa militancia lo mismo organizaba el Primer Festival de la Emigración Andaluza, que tomaba al asalto la Casa Gaditana de Madrid o el Centro Andaluz de Moratalaz. Numerosos profesionales de todos los ámbitos cooperaban en aquellos años con tal empeño, más por nostalgia de la tierra que como medida de acción política. Eran los años de la Federación de Partidos Socialistas, donde se integraba Convergencia Socialista de Madrid Región en la que militaban Joaquín Leguina, Barrionuevo o Enrique Barón, con sede en la calle Víctor Pradera, del barrio de Moncloa de la capital. Los resultados electorales fueron una sorpresa. El PSOE, sin apenas implantación, se constituyó en el principal partido de la izquierda. El PCE, con gran tradición, implantación y estructura, fracasó. Y la FPS se pegó un castañazo de órdago. Desde Madrid se recaudaban fondos, se prestaba asistencia a los dirigentes y hasta se iba a la estación de Atocha para hacer campaña en los vagones de los trenes que iban hacia el Sur. Gente como Paco de Lucía, Alfonso Grosso, Ángel Benito o Fernando Quiñones, sin tener ninguna militancia, ayudaban de vez en cuando a la causa de un grupo de jóvenes andaluces que hablaban de la liberación de Andalucía como si fuera una nación del Tercer Mundo a punto de su descolonización. Incluso en el congreso del PSA de 1979, ya en el hotel Los Lebreros de Sevilla, se aprobó como bandera del partido la verde y blanca con un triángulo rojo en su base. Pero ni Rojas Marcos era Ben Bella ni España era ya el Tercer Mundo. Todavía hay por ahí un grupo de periodistas de los que crearon la organización del PSA en la Universidad Complutense de Madrid. Desde Madrid, un sociólogo con pase de Iberia, Antonio García Manzano, organizaba las relaciones internacionales del PSA. Acompañó a Rojas Marcos a la Libia de Gadafi (que soltó alguna cantidad para las primeras elecciones), al Irak y a la Siria del Partido Baas Socialista (sí, sí, los mismos lugares que encumbraron a Sadam Hussein y Haffed el Assad) o al Irán de Jomeini. Parecía que en algunos países árabes decir que el PSA era un partido que iba a redimir Al-Ándalus reportaba influencias y dinero contante y sonante. En Irán se llegó a ofrecer a la delegación andalucista formar a un comando guerrillero. Estas influencias promovieron en el PSA la creación de la empresa Exporandalus, para promover los intercambios económicos y sacar algunas pesetas. Los andalucistas de Madrid organizaron en Tirso de Molina el 4 de diciembre con un aceptable éxito para una ciudad que por acogedora termina por absorber a todos los emigrantes, hasta el punto de haber creado sus propios palos flamencos. Era tal la actividad de la Asamblea de Madrid que la organización andalucista de Cádiz resultaba minúscula: una pequeña oficina en la calle Ancha, en lo que entonces se llamaba el Pasaje del Séneca, formada por unos cuantos estudiantes con más ánimo que ideas políticas. El partido se dirigía desde Jerez bajo el potente influjo de Pedro Pacheco. En el mes que pasó de las generales de marzo a las municipales de abril se produjo el acuerdo entre Rojas Marcos y Suárez y el PSA sufrió una de las primeras sangrías de su historia. Por ejemplo, en marzo había superado en votos al PSOE en Cádiz ciudad y en abril Carlos Díaz sacó nueve concejales y Armando Ruiz cuatro, aunque luego el segundo sería primer teniente de alcalde del primero. La historia andalucista ha estado marcada por los cambios de rumbo, los diferentes resultados electorales, las disputas entre sus dirigentes y una progresiva adaptación de su discurso a ideas moderadas. Del radicalismo tercermundista a posiciones reformistas ha sido la historia de los últimos 27 años andalucistas. Pero siempre con la provincia de Cádiz como principal granero. Ya no sé si quedan andalucistas en Madrid. Ahora todo ha perdido el romanticismo de los años setenta.La bandera verde y blanca no tiene la importancia que tenía para los jóvenes del 77, aquellos que, como Mariana Pineda, veneraban la bandera, quizás porque les recordaba en Madrid a su tierra gaditana y ansiaban coger la carretera Nacional IV, aunque fuera en un camión de pescado, o sin reserva en un tren de los que por entonces se llamaban Rápido, que tardaban 12 horas desde Atocha a Cádiz. Eran otros tiempos. |
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