Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  30 de enero de 2012
  Lola Sanisidro
  Más allá de la izquierda
  Durante el año inmediatamente anterior a la muerte de Franco yo había llevado una breve militancia en las Juventudes Socialistas junto a Paco Blanco, José Luis Blanco, Alfonso Perales y algunos más; por entonces Ramón Vargas-Machuca y Rafael Román eran de los mayores que andaban reuniéndose para montar la FETE. En el verano del 75 me mandaron a Lisboa al congreso de las Juventudes Socialistas y allí conocí a la gente de la tendencia leninista-trotskista  (sí, no te rías, que es que había cada nombre...) que llevaba una propuesta de acción mucho más radical en cuanto a cómo actuar para acabar con la dictadura y el modelo social por el que tendríamos que luchar. Naturalmente el partido envió a sus representantes (en este caso fue Pablo Castellano) y puso orden mas o menos así: Muchachos, ustedes son las Juventudes del PSOE, y el PSOE tiene definida su estrategia, si quieren ser otra cosa son muy dueños de hacerlo fuera y si no, esto es lo que hay. A la vuelta del congreso duré apenas unos meses y comencé a trabar relación con un pequeño grupo de trotskistas, la LCR, que daba importancia fundamental al trabajo sindical en CC OO, así que empecé a vincularme a lo que luego constituiría el sindicato, para entonces ya se había muerto Franco de muerte natural.
Pero ya está bien de autobiografía. ¿Cómo se veía la Transición desde la militancia en una organización de extrema izquierda en una pequeña capital de provincia? Curiosamente, no lo recuerdo como una situación especialmente épica, sino como un constante fluir de reuniones de estudio y debate, reuniones unitarias, asambleas, manifestaciones,  folletos y Combate que había que repartir de madrugada a las puertas de las fábricas. Todo esto formaba parte de una militancia normal.
El miedo también estaba en cierta forma normalizado, más como una sombra que como una presencia tangible, aunque también; dos veces me apuntaron con una pistola, una vez durante un registro en mi casa en el 74 y otra vez en la calle pegando carteles, ya durante las primeras elecciones, a veces me cruzo al individuo por la avenida a la altura de comisaría; ahora se supone que defiende el estado de Derecho.
La LCR era por entonces un grupo que llegó a sumar unas 20 personas, aunque durante unos años varias decenas de personas iban y venían como militantes o simpatizantes en grupos de estudio o de intervención sectorial (estudiantes, trabajo obrero...). En todo caso tenía una actividad que no es comparable con nada actual. Podíamos, por ejemplo, convocar 24 horas de cine y hacerlo, y que la gente asistiera durante las 24 horas o rotándose y que, además, faltara sitio.
En aquellos momentos no sentíamos mucho complejo de minoritarios, al fin y al cabo lo que había de militancia en el PSOE no era mucho más. Teníamos una sede en la calle Vea Murguía junto al PSOE, de un tamaño similar, pared con pared; nosotros teníamos una multicopista y ellos tenían aseo, así que compartíamos ambas cosas. Lo que sí nos apabullaba era la fuerza del PCE, el partido era todo, estaba en todas partes, lideraba todas las iniciativas, tenía verdadera implantación en todo lo que se movía. Creo que la mayor demostración de fuerza con nombre propio fue el mitin del PCE en el paseo de Santa Bárbara con la presencia de Alberti. No fue sólo el número de personas que asistieron sino que el cordón de seguridad formado por dos hileras de personas cogidas de la mano, una por cada lado de la calle, llegaba desde la salida de Santa Bárbara por la parte que da a lo que hoy es el Colegio Carlos III hasta el comienzo de la calle Sacramento. No he vuelto a ver en Cádiz una cadena humana como esa, lo más parecido fue años después en la campaña contra la OTAN.
El PTE era otra cosa, tuvo un crecimiento rápido y muy notable sobre todo en los pueblos de la provincia. En la capital estaba más que nada compuesto por estudiantes de la Joven Guardia Roja, La Joven, pero en todos los aspectos y movimientos creaba organizaciones afines, en el movimiento obrero creó la CSUT, en el de soldados la UDS (creo, aunque me bailan las siglas), también en el de mujeres crearon la Mariana Pineda. Pero, en general, participaban poco en las movidas plurales, a no ser que se tratase de plataformas en las que se intervenía como partido.
Durante algún tiempo estuvo funcionando la ORT que intentó levantar una Asamblea de Parados. Luego otras organizaciones políticas, por sus características o formas de lucha no mantenían relación con las demás por motivos de clandestinidad, aunque en una ciudad como Cádiz, al final todos nos conocíamos y procurábamos ignorarnos discretamente.
Había una sensación de que todo era posible y creo que no sólo entre quienes militábamos en organizaciones, sino que entre la población en general parecía que se había abierto una puerta por la que se podría ir a cualquier lado.
Eso se manifestaba en distintas situaciones:
• En las primeras elecciones generales, en las que nos presentábamos como FUT, Frente por la Unidad de los Trabajadores, teníamos que recoger un número de firmas que avalaran la candidatura. La gente nos firmaba independientemente de que pertenecieran a otro partido o simplemente no nos conocieran de nada. Las prisas de última hora hicieron que apurásemos hasta el último minuto para llevar los pliegos a la Junta Electoral que estaba en la Audiencia Provincial y allí estaban los miembros de la Junta Electoral todos apurados de que no nos fuera a dar tiempo, el presidente de la Audiencia que decían que era carlista, aunque si era verdad lo llevaba con discreción, parecía honestamente aliviado cuando nos vio llegar.
• Cuando por primera vez fuimos a informar sobre CC OO a los trabajadores en los colegios privados, recuerdo que las Carmelitas de San Fernando y las de la Compañía de María nos prepararon una merienda con roscos y galletitas y nos miraban medio asombradas de que una chica tan joven y bien educada pudiera ser comunista o algo peor. Ya luego, años después, cuando las cosas se aclararon y vieron que no iba a llegar la sangre al río y que nadie les iba a quitar nada, se acabaron las galletitas y apenas nos dejaban pasar del vestíbulo para llevar la información sindical.
• Otras situaciones son más agridulces, como la salida de los presos de ETA VI del penal de El Puerto. Era una alegría ver a aquellos muchachos salir a la calle, algunos habían entrado con apenas 18 años y andaban cerca o en los 30, todos querían darse un baño de verdad. Fue un poco desolador que apenas un puñado de personas estuviéramos esperándoles a la salida del penal cuando ellos, años atrás, en prisión, en circunstancias muy difíciles y sin ninguna medida de gracia a cambio, por pura convicción, habían abandonado la lucha armada. Luego hicimos una cena, ya con un buen número de asistentes en la que les dimos la bienvenida.
• Las discusiones también tenían lo suyo de esperanza, de ingenuidad o de utopía. Aún antes de la legalización de los sindicatos ya nos planteábamos cuál habría de ser el modelo que permitiese mayor acumulación de fuerzas obreras. Tuvimos debates largos e intensos sobre si serían los comités de empresa o las secciones sindicales los órganos más adecuados para la lucha obrera, e incluso si en ellos estaba el germen de los órganos de doble poder para una crisis revolucionaria.
• Pero el caso es que había lugar para la esperanza y había incluso datos para tenerla, como cuando los obreros metalúrgicos se negaron a reparar el Esmeralda y organizamos una gran manifestación que recorrió la avenida. La respuesta de los trabajadores fue ejemplar y masiva, y el barco prisión tuvo que salir renqueando porque en Cádiz nadie le iba a reparar ni una mampara.
• En todos los cuarteles de Cádiz y San Fernando había Comités de Soldados y Marineros que ensayaban pequeños plantes para calcular hasta dónde se podía llegar. Los comités estaban articulados entre sí y discutían sobre qué hacer en caso de que los mandos les obligaran a salir a la calle. El sistema de comunicación era bastante eficaz, cada vez que algún soldado llegaba destinado a un cuartel traía un contacto civil seguro además del contacto en el cuartel. No sé si sería tan clandestino como creíamos pero permitía mantener el contacto organizativo.
• La primera organización feminista de Cádiz, la AGM, Asociación Gaditana de la Mujer, fue un auténtico tapiz de mujeres voluntariosas y trabajadoras. Teníamos una sede cerca del teatro Falla que era un cuchitril infame, lleno de humedad con una ventanita que daba a un patio interior de unos dos metros cuadrados por el que discurrían las cañerías con aroma de bajante roto. Decoramos nuestro espacio de lucha autónoma con rollos sobrantes de papel pintado y lo amueblamos con unos bancos y reclinatorios que encontramos en la puerta de la  iglesia de San Antonio y que, sencillamente, nos llevamos entre todas. Luego muchas de aquellas mujeres, de todos los partidos y organizaciones, fueron dirigentes sindicales o profesionales comprometidas, abogadas, jueces... con el tiempo fueron sucediéndose otras generaciones de mujeres que nos heredábamos unas a otras y luego el movimiento feminista fue experimentando cambios como casi todo.   Nosotras marcábamos la pauta discutíamos, escribíamos, reproducíamos los folletos con una multicopista de manivela, los repartíamos, dejábamos a la gente con la boca abierta con consignas tan extravagantes como el derecho al divorcio o a los anticonceptivos. Sobre el aborto, aunque lo teníamos claro, aún íbamos con mucho tiento. Algunas veces nos quedábamos con la boca abierta nosotras como cuando nos invitaron a una especie de cinefórum sobre el aborto y proyectaron El derecho de nacer.
   
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