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30 de enero de 2012 |
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Antonio Morillo Crespo |
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Mi primera campaña |
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Poca gente tenía conciencia de lo que significaba un cambio a la democracia en aquella España de las postrimerías del franquismo. Habían sido tantos años de una cultura política monolítica y donde quien deseara ser simplemente concejal de su pueblo había tenido que inscribirse en el llamado Movimiento Nacional. No había pues opción fuera del Régimen y lo que es peor no conciencia. Significó mucho para nosotros las revistas Triunfo y Cuadernos para el Diálogo. En ellas empezamos a oír conceptos y reflexiones nuevas que nos abrían los ojos a una nueva conciencia política. Aún hoy me parecía alucinante, cuando me dijeron que la policía nos tenía fichados a quienes estábamos suscritos a ellas.
En Cádiz tuvo una especial significancia para nosotros el profesor Pedro Valdecantos, que aglutinó un grupo de profesionales diversos. Manteníamos reuniones formativas y mentalizadoras, a la vez que nos relacionábamos con otros grupos bien de Cádiz o de Madrid. Pronto nos unimos a la socialdemocracia que dirigía el inolvidable Francisco Fernández Ordóñez. Y constituimos en Andalucía el partido PASD, Partido Andaluz Socialdemócrata, presentándonos en las elecciones del 77 con un solo candidato al Senado, Carmen Pinedo. Aquella fue una maravillosa campaña sin medios ni apoyos y en la que recorríamos todos los pueblos con una furgoneta y haciendo de todo, pegar carteles, altavoces por las calles, los mítines, los debates
Al poco tiempo nos unimos a la UCD que se había formado fundamentalmente con tres grupos consabidos. En Cádiz había el natural recelo entre los tres sumandos los liberales de Camuñas, los democristianos y nosotros, que conseguimos vencer en las primeras elecciones internas al comité provincial. Luego fue un trabajo y una actividad ilusionante. Buscar gente en cada barrio, en cada pueblo. Llevarles las ideas nuevas, quiénes éramos, qué nos proponíamos. Explicar la democracia, luchar contra el miedo de la gente a meterse en política, al miedo en algunos pueblos al fogoso predominio de los partidos de izquierda, que no nos dejaban vivir y una derecha reaccionaria que nos odiaba. Buscar concejales de puerta en puerta, gente competente y decidida. Saber y poder hacer el centro como mejor solución para nuestro pueblo.
Teníamos profesores, economistas e ingenieros, profesionales diversos, gente del campo, de la administración, de todos los sectores. Y era ilusionante crear comités locales sobre todo en los sitios difíciles y mantener a la gente en constante acción. ¡Cuántas veces nos recorrimos toda la provincia volviendo a las tantas cada noche de visitar a nuestros compañeros!
Luego vino el Congreso de los Diputados y los ministros y el presidente Suárez, pero lo más hermosos fue el nacer y poder nacer entre tanta dificultad y con el entusiasmo de tantos y tantos compañeros que pusieron las mejores ilusiones en una tarea noble e histórica, olvidar heridas, agravios y rencillas, hacer posible el diálogo y el entendimiento entre todos. |
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