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30 de enero de 2012 |
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Carlos Funcia |
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Cuando Cádiz era La Habana con más salero |
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¡Ah, amigos míos, la nostalgia, los viejos tiempos! ¡Qué distinto este Cádiz rubio teñido y atiplado de aquel habanero que se resistía a los rellenos del espigón de San Felipe! ¡Cuán diferente aquel carnaval que irrumpió en La Viña y la Libertad a lomos de la imaginación y la risa, y enterró la ñoñería del antiguo régimen, qué diferente al de ahora, tan lleno de marketing y derechos de autor! ¡Gloria por siempre a Gómez y Paco Leal, gloria a los Pellejazos! La Risa, amigos míos, cuántos han muerto por reír o hacer reír. ¡Gracias Dios Momo por habernos permitido disfrutar de aquel Cádiz paralelo, casi clandestino, que fue más allá de las reformas políticas que llegaban tamizadas a provincias! Eran tiempos del despertar del talento musical de Chano Domínguez en el grupo de rock andaluz CAI, o de Kiko Veneno, que pergeñaba en su bar de Conil su segundo vinilo Ratas, os comprendo, porque sois la mar de chungas, decía una canción. O aquel otro Quico Guerrero, del grupo jerezano Imán, que instaló en Los Caños el cámping El Camaleón, para regocijo musical y aromático de los que queríamos algo más que votar cada cuatro años. Hasta Chicho Sánchez Ferlosio se vino a vivir a Cádiz, y por su casa del Paseo Marítimo pasaron Javier Krahe, Sabina y otros. Una vez fue contratado por el concejal Juan José Gelos para dar un recital. Comoquiera que el edil se retrasara más de lo debido en el pago, Chicho le dedicó una canción que cantó con su guitarra a la puerta del Ayuntamiento hasta que Gelos pagó. ¿No os parece, añorados correligionarios, la apoteosis de la imaginación? ¡Guardad en la memoria, queridos colegas y queridas y hermosas mujeres de mi generación, las veladas en La Chimenea, aquel local de bajo techo y largo recorrido, cabe Plaza Candelaria, que Ángel, un gallego y barbado bohemio, convirtió en el sancta sanctorum de la marcha ilustrada e iconoclasta, del submundo que había bajo la metafelicidad de nuestros incipientes políticos! La risa, amigas y amigos, pero también la ternura y el romanticismo, y siempre la música se daban cita a media noche en la FM de Radio Cádiz, en el programa Luna Llena, que realizaba El Colectivo del Perro, y que introdujo, de la mano de Fermín Lobatón y de quien esto firma, el estilo tabernario de la radio. Por entonces hubo un intento, alentado por Fernando Santiago, de lanzar una revista que nos librase del monopolio informativo del Diario de Cádiz, pero se fue al traste por la tradicional división de las izquierdas. ¿Y qué me decís de las reuniones en casa de Jesús Fernández Palacios, con José Ramón Ripoll, Juanjo Téllez, Felipe Benítez, Francisco Bejarano, bajo la complaciente bendición de Carlos Edmundo de Ory, nuestro Gurú, nuestro Gran Maestro Jedi, fundador del Postismo ¡fuera los ismos!, ágapes literarios que terminaban al amanecer por las húmedas calles del interior o acodados frente al mar? ¿Acaso no nos turbaban, amigos, Los Devaneos de Erato y las Alevosías de nuestra musa, Ana Rossetti? ¿Y aquel Eloy que vagaba entre Mina y Palillero, con su Manifiesto Kontra-Kutre en fanzine, a quien mirábamos un poco por encima del hombro? ¡Que tiempos, amigas y amigos! ¡Qué enorme frustración recordarlos ahora bajo los efectos de los calmantes y los tranquilizates. |
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