| |
|
|
|
INICIO > PROVINCIAS > > ARTÍCULOS |
| |
31 de enero de 2012 |
| |
Luis Romero Bartumeus |
| |
Gibraltar en la Transición |
| |
La Transición política española, en cuanto a las relaciones exteriores se refiere, se caracterizó en sus primeros años por aparcar los asuntos considerados más espinosos, para intentar así no romper el consenso sobre el que se basaba buena parte de la evolución de un régimen autoritario a otro democrático. A la vez, aparcando los temas espinosos de las relaciones exteriores, se conseguía concentrar las energías en lo que se consideraba fundamental: el tránsito sin traumas excesivos a la democracia, que se concretaba en la redacción y aprobación de una Constitución.
El contencioso de Gibraltar no fue ajeno a este aparcamiento de los asuntos exteriores y no fue hasta después de aprobada en diciembre de 1978 la Carta Magna, cuando desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se pone en marcha la maquinaria para retomar la cuestión gibraltareña. De esa decisión y de posteriores encuentros y negociaciones, en las que intervienen los ministros de Asuntos Exteriores español y británico, Marcelino Oreja y Lord Carrington, surge la Declaración de Lisboa, el 10 de abril de 1980. En esa declaración, ambos gobiernos se proponen resolver el problema de Gibraltar en un espíritu de amistad y de acuerdo con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas.
Literalmente, el texto de Lisboa establecía el acuerdo para restablecer las comunicaciones directas en la región, es decir, la apertura de la Verja. En enero de 1982, el presidente Calvo Sotelo visita en Londres a Margaret Thacher y se intercambian dos cartas entre el director general para Europa, Durán-Lóriga, y el embajador británico en Madrid, Parsons, que resultaron polémicas y que Fernando Morán, ya ministro, descalificaría.
En Londres, durante el encuentro entre primeros ministros, se acordó el 20 de abril como fecha para la puesta en práctica de la Declaración de Lisboa y, por lo tanto, para el inicio de conversaciones y apertura de la Verja. La demanda española de reciprocidad, concretada en el tratamiento para los trabajadores españoles en Gibraltar, establecida en la Declaración y más claramente en la primera de las cartas de enero, no fue interpretada igual por los británicos y el encuentro de abril se aplazó primero a dos fechas distintas de junio para, después, quedar en suspenso. La Guerra de las Malvinas no fue ajena a este enfriamiento de las relaciones hispano-británicas.
Tendría que llegar la victoria socialista en las elecciones generales de octubre de 1982 para que, en el primer Consejo de Ministros presidido por Felipe González, celebrado el 8 de diciembre, se acordara la apertura peatonal de la Verja sin ninguna contraprestación. La Orden Ministerial que regularía el tránsito entre Gibraltar y La Línea lleva fecha de 9 de diciembre y fue a las cero horas del 15 de ese mismo mes cuando se abrió de nuevo la Verja cerrada 13 años atrás. Fernando Morán, el 27 de noviembre de 1984, alcanzaría con sir Geoffrey Howe el denominado Acuerdo de Bruselas, en realidad otra Declaración de ambos gobiernos en la que, eso sí, en el apartado 1C) se afirma: Ambas partes acuerdan que, en el marco de este proceso, serán tratadas las cuestiones de soberanía.
* Luis Romero es periodista |
| |
|
|
|
|