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31 de enero de 2012 |
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Fernando Silva López |
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Yo también nací en el 63 |
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Los del 63 nos enfrentamos a dos transiciones, la del régimen político y la natural e individual propia de nuestra edad, aquella que lleva de la infancia a la pubertad. Ambas nos permitieron descubrimientos no exentos de sorpresas, que para nada rimaban con la cronología oficial. En la tele emitieron Objetivo Birmanía antes de anunciar la muerte de Franco. Luego llegaron los días sin colegio y, ya en clase, los mensajes último y primero del dictador y el nuevo Rey, respectivamente, presidieron nuestras enseñanzas de aquel séptimo de EGB en el aula 12 del General Castaños, en Algeciras. En mi discoteca mantengo todavía Basta de Quilapayún; Crisis, What Crisis?, de Supertramp, y El Patio, de Triana, una mezcla de compromiso político, andalucismo y crítica mercantilista que empecé a adquirir en el 75.
Así crecimos, expuestos a muchas y diversas influencias que eran como caños de agua que bebimos alternativamente hasta hacer un gazpachito de ideas. Algunos picoteamos en los bailes de Garrido y jugando al fútbol; en Almoraima, de Paco de Lucía; en el directo Seconds Out de Genesis; en Tubular Bells, de Mike Olfield; en la Agrupación de Cultura y Arte, con aquel teatro emergente de Dagoll Dagom y las imágenes de La Batalla de Argel; con el Hilario Camacho del 78 y el Carlos Puebla y sus Tradicionales del 76; con Víctor Jara y Paco Ibáñez.
En aquellos días, que dicen que fueron años, se producía una efervescencia política que, en nuestro caso, se tradujo en la creación del Movimiento Juvenil Socialista (MJS), una asociación de cuatro jóvenes que apenas se reflejó en una pintada con spray en la pared del colegio Castaños. Este interés inicial nos permitió confrontar ideas en reuniones aisladas con otros jóvenes comunistas y anarquistas. Recuerdo a María del Valle como la más comprometida. Los debates se confundían con diversión musical, que incluían unos fenomenales bailes en la sede andalucista, que estaba en el mismo edificio donde se expendían los billetes de los autobuses Rápido, cerca del mercado Ingeniero Torroja. Aquel debió ser El año del Gato.
No sabíamos muy bien lo que buscábamos. Con el paso de los años uno piensa que aquello debió ser una tormenta de ideas sin mucha, o ninguna, precisión. Nuestro efervescente compromiso contenía demasiadas notas musicales. Al menos eso debieron pensar los adultos representantes del Partido Socialista Popular en la ciudad algecireña con los que compartimos espacio, por poco tiempo, en un local próximo a la calle Salamanca. Porque nosotros no sólo intercambiamos ideas, sino que escuchábamos discos en la sede política. Pronto fuimos advertidos que esto no es una discoteca, es un partido. El MJS pasó a ser entonces movimiento personal e instransferible.
Más contundencia pública tuvo la Comisión de Defensa de la Naturaleza, otra reunión de inquietos jóvenes y maduritos, que de todo había. Además de campañas contrarias a la pretendida instalación de una central nuclear en terrenos de Bolonia, la convergencia de estos afanes comprometidos consiguió la organización de la primera y única fiesta del vino. El evento se celebró en el patio de la iglesia de Pescadores. Aquello sí que fue una fiesta popular, autorizada por el Gobierno Civil como una exhibición de películas.
Fernando Silva López es periodista |
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