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31 de enero de 2012 |
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Manuel Pimentel |
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Una transición adolescente |
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Cuando murió Franco, yo tenía 14 años y ningún conocimiento político. La Transición nos trajo la libertad que hoy disfrutamos y, ahora, 27 años después, y con alguna experiencia política acumulada, guardo más agradecimiento hacia la transición que evocaciones personales de ella. Mis escasos recuerdos de la política de finales de los setenta, me traen a la memoria el ruido político que la Transición levantaba, pero apenas más que eso. Se percibían las pasiones encontradas que conllevaba el retorno de la libertad política. Debate, opinión, controversias entre partidos y posturas muchos más radicales que las actuales en todos los ámbitos. Como diría Sabina: Ruido, mucho ruido, aunque podríamos modificarlo levemente para decir: Ruido, bendito ruido, génesis de nuestra libertad y desarrollo. Como cualquier persona de nuestro país, he leído, oído y visto mucho acerca de la Transición, por lo que tengo mi propia idea de ella. Pero es una visión construida a través de opiniones de otros y del fruto que cosechó. No la percibo a través de mis propias imágenes ni recuerdos. La he reconstruido en función de la visión legada por sus protagonistas, a muchos de los cuales tengo la fortuna de conocer personalmente. Si relatara mis recuerdos de la Transición en primera persona, estaría fantaseando entre las brumas de las experiencias ajenas oídas y supuestas. No estaría contando mis recuerdos, sino mi propia recreación posterior, realizada años después con retazos de lecturas y reportajes.
Como toda la generación de los sesenta, soy un hijo de la Transición, y no un padre de ella. La generación anterior nos legó la libertad que prácticamente disfrutamos desde que tuvimos uso de razón. Nosotros consumimos libertad; otros la supieron hacer posible.
La España de los sesenta nos trajo el desarrollismo, que unido a los ingresos del turismo y a las remesas de nuestros emigrantes en el extranjero, pusieron los pilares para un fuerte crecimiento económico y para la aparición de una extensa clase media, que dio estabilidad social a la Transición. Sin clases medias amplias, es muy difícil consolidar las democracias. En Algodonales, mi pueblo, la emigración hacia Cataluña y Europa fue muy fuerte. Recuerdo que durante los veranos regresaban los emigrantes para la feria del pueblo, montados en sus Mercedes de segunda mano que nos parecían espléndidos e inalcanzables. Los llamábamos los alemanes a secas. Su llegada levantaba cierta expectación en el pueblo, ya que tenían un poder adquisitivo muy superior al de los trabajadores locales y gastaban generosamente el dinero que habían ganado. Afortunadamente, aquellas emigraciones masivas son cosa de la historia, aunque, en muchas ocasiones, todavía me encuentro en Barcelona ciudadanos que se acercan para contarme que son de Algodonales, de Zahara de la Sierra o de Villamartín. Sus hijos ya son catalanes, pero Cádiz también perdura de alguna forma, en esas tierras de inmigración andaluza.
Hace poco tiempo edité una compilación de las tres novelas que escribió mi abuelo Manolo Pimentel en Algodonales. Mi abuelo fue maestro de escuela, pero, por cuestiones políticas fue republicano, le fue retirado el título por el Gobierno nacional. Sin embargo sus novelas no respiran ni rencor ni resentimiento. Por el contrario, la tercera de ellas, ambientada en la transición democrática en Algodonales, es un optimista reflejo de esa apasionada Transición en la sierra gaditana. Parte de mi visión de ese periodo es la que se transmite en esa novela titulada Cerro de Plata, en la que se muestra un mundo antiguo y rural que se niega a desaparecer ante la irrupción de los vientos de modernidad democrática.
No puedo aportar ningún conocimiento añadido de aquel proceso político que nos trajo libertad, democracia, derecho social y desarrollo económico. Simplemente quiero expresar mi sincero agradecimiento a sus protagonistas, y a la generación que la llevó a cabo; pueden estar bien satisfechos de su tarea. Ojalá, dentro de 30 años, podamos sentirnos los de mi generación igual de orgullosos de la Andalucía que, en estos momentos, construimos para nuestros hijos.
* Manuel Pimentel es empresario, escritor y ex-ministro de Trabajo en el primer mandato del PP |
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