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31 de enero de 2012 |
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Inés Alba Cordero |
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La mujer estaba detrás de las movilizaciones de Astilleros, detrás del trabajo de las asociaciones de vecinos, detrás las ocupaciones de fincas, de la estructura del carnaval, del entramado social. La mujer en Cádiz, en aquella Andalucía, aquella España que abría las puertas la democracia, aportaba su impulso, su trabajo, pero estaba DETRÁS. Y cuando las libertades posibilitaron dar a la sociedad el paso adulto hacia adelante resultó que en la política, en la educación, en el asociacionismo, en el periodismo, en los sindicatos, en la dirección de las empresas, en las instituciones... no había un sitio igualitario para las mujeres.
A pesar de la cortina de humo de posiciones claramente machistas que "miraban con simpatía" las excepciones, siempre que no fueran regla, la realidad era abrumadora como pudimos constatar y contar las escasas mujeres que, por suerte generacional, estábamos en tareas de visibilidad pública. En mi caso, la del periodismo.
Se trataba de hacer visibles, de dar voz, a las mujeres que peleaban por hacerse hueco. Cada una desde su ámbito luchaban por salir de la marginación social o la discriminación personal al que, con ahínco, les había sometido la dictadura. En muchos casos tuvieron que empezar de cero, con tareas de formación en las barriadas y pueblos. La alfabetización era una paso imprescindible para un acceso igualitario al trabajo.
En ese camino hacia la igualdad fue determinante en Cádiz la creación del Centro Asesor de la Mujer. Allí se dieron conocimientos y recursos a las mujeres para controlar su vida con la llamada planificación familiar, se informaba a las mujeres sobre el derecho a vivir su sexo, como algo diferente a la obligatoriedad reproductiva cristiana. Muchas mujeres gaditanas lo recuerdan como una experiencia liberadora y como el inicio de un camino que aún están recorriendo, el de la igualdad.
¿Qué pasaba en el Parlamento de la calle, en el carnaval? Pues había un reflejo casi automático. Mujeres y hombres eran iguales en las chirigotas ilegales, las que reconquistaron la calle, donde se decían las grandes verdades. Pero en el "carnaval oficial" la participación de la mujer era anecdótica y criticada. Un animoso coro mixto, representó entonces una "misión imposible". La discriminación todavía es denunciada como arcaica y absurda, más de 20 años después, en las coplas de muchas agrupaciones. Hoy como entonces la calle demuestra que la chirigota no tiene sexo, o sí lo tiene, pero bien entendido.
Pero en aquel Cádiz, las universitarias, amas de casa perdidas en bloques de grandes barriadas obreras, jornaleras, políticas, artistas o periodistas empezábamos a catar la esperanza de que se acababan los tiempos de estar DETRÁS y era el momento de dar el paso adelante que la Ley reconoce. Hoy, mientras muchas mujeres han avanzado y han consolidado derechos, otras siguen atrapadas en el tiempo: sufren discriminaciones laborales, dobles jornadas de trabajo en casa y fuera de ella, y mueren a causa de los malos tratos, uno de los grandes fracasos sociales de finales del siglo pasado y del inicio de este siglo XXI.
* Inés Alba Cordero es periodista |
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