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31 de enero de 2012 |
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Óscar Lobato |
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Ignorancia compartida |
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Todos somos muy ignorantes. Pero sucede que no todos ignoramos las mismas cosas. La cita de Albert Einstein es la mejor definición de lo acaecido en cuestiones relacionadas con la Defensa, durante los años de la Transición en la provincia de Cádiz. Emplazada en una ubicación estratégica por mera Historia (invasiones cartaginesas y musulmanas, batalla de Trafalgar, papel de Gibraltar durante la II Guerra Mundial...), Cádiz sumará [26 de octubre de 1953] el asentamiento en su geografía de la mayor instalación aeronaval de los EE UU en Europa: la denominada Base Naval de Rota, aunque 200 de sus 2.500 hectáreas de superficie ocupen término municipal de El Puerto de Santa María. Esta presencia norteamericana y la de Reino Unido en el Peñón condicionarán el futuro geoestratégico de la provincia, desde 1979 hasta los 90. Súmese a esto el hermetismo de unas Fuerzas Armadas que, como las españolas de entonces, habían sido estructuradas y formadas durante su ultimo siglo de existencia al albur de la errática política colonial de una metrópolis en decadencia y bajo la égida de una de las más férreas dictaduras conocidas en la Europa occidental, resultante de una sangrienta guerra civil. Tales FF AA no eran, en general, un paradigma de capacidad tecnológica. Pero, la mayoría de los gaditanos ignoraba que su territorio acogía cuatro baterías de misiles antiaéreos del modelo Hawk básico sustituidos por la versión mejorada en 1982, adscritas al Regimiento de Artillería Antiaérea 74 en Campamento (San Roque). También se alzaba en Puerto Real la enigmática Estación de Calibración Magnética, críptico eufemismo aplicado a un conjunto de antenas de los servicios secretos franquistas para interceptar comunicaciones, fuera ya de uso desde hace más de una década, aunque activas entonces. Estos datos brindan una pintura somera de los fuertes intereses militares de tres países que gravitaban sobre Cádiz en 1979. Ese año, EE UU se veía forzado a retirar de Rota sus navíos del 16º Escuadrón de Submarinos, armados con misiles nucleares Polaris, a resultas de las negociaciones bilaterales de 1975. Por otra parte, los aviones británicos de patrulla marítima y espionaje electrónico Nimrod/AEW operativos entre Chipre y Gibraltar a la caza de sumergibles soviéticos eran un auténtico dolor de cabeza para el Reino Unido, por sus frecuentes problemas técnicos y los sobrecostes económicos de su despliegue. Para alarma del sector más conservador del Pentágono, un partido de supuesta índole socialista se alzaba con el Gobierno español en 1982. El PSOE llegaba al poder con una promesa: la salida de España de la OTAN y la retirada de las bases estadounidenses de territorio nacional. Algo que los EE UU no podían aceptar sin perder su papel hegemónico. Una serie de conversaciones más o menos secretas entre ambas partes, y alguna que otra presión soterrada o abierta, cambiarían por completo el panorama. Mientras los votantes españoles se dilucidaban sobre una confusa pregunta respecto el ingreso del país en la OTAN con unas condiciones tan oscuras como incumplidas luego; la provincia de Cádiz era el exponente claro de que los tiros iban a ir por otro lado. En vísperas del referéndum, EE UU inició obras de ampliación y mejora del puerto de la Base de Rota, con fondos ya aprobados por el Congreso norteamericano el año precedente. Era evidente que el resultado final del plebiscito español no inquietaba demasiado. Para sorpresa de todos los militantes del PSOE especialmente de sus afiliados y dirigentes gaditanos, pillados en completo fuera de juego las consignas del Gobierno pasaban del no tajante, al OTAN, de entrada no" y, finalmente, a la confusa pregunta del referéndum. La mejor muestra de tal evolución la brindaba una fotografía de Javier Solana, ministro de Cultura del gabinete de Felipe González, desfilando tras una pancarta contra la OTAN en 1980, para asumir el cargo de secretario general de dicho organismo poco más de una década después. La provincia y sus costas vivirían, en los años siguientes, diversos episodios inherentes a su condición de punta de lanza de la OTAN. Baste citar el choque de un submarino nuclear soviético contra un mercante en aguas del Estrecho, cuando pretendía pasar camuflado bajo su eco (1982); la captura de un comando de militares argentinos cuando iban a colocar explosivos en Gibraltar (Gran Bretaña desplegaría en 1983 misiles Exocet MM-40 en el Peñón) o el fondeadero de abrigo en aguas de la Bahía de los portaaviones de la VI Flota de EE UU (Coral Sea, America, John F. Kennedy), durante el conflicto entre Norteamérica y Libia por el golfo de Sidra (1986).
* Óscar Lobato es periodista |
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