| |
|
|
|
INICIO > PROVINCIAS > > ARTÍCULOS |
| |
31 de enero de 2012 |
| |
Juan José Téllez Rubio |
| |
¿Llegaremos pronto a Sevilla) |
| |
Una larga hilera de soldados de Salamina viajaban a la derrota en la primavera del año 39: imaginen la comitiva de desahuciados de la España de los sueños a manos de la España de las pesadillas. Y, a pique de la frontera de Francia, un automóvil semidestartalado, avanzando cansinamente casi al paso de una joven escritora llamada María Zambrano. En su interior, dos pasajeros, el tipo de la mascota, avejentado y grueso, junto a una mujer mucho más anciana, como si no hubiera nacido nunca, como si no fuera a morir tampoco, y que alunada le pregunta, no deja de preguntarle: ¿llegaremos pronto a Sevilla?, ¿llegaremos pronto a Sevilla?
Sevilla limitaba al norte con la Francia de Colliure cuando este país cruzaba el estuario de la Transición. Allí, en una tumba finalmente mimada por los poetas y por las autoridades, descansaban los restos mortales de don Antonio Machado, bajo los días eternamente azules y aquel sol, irrepetible, de su infancia.
Cuando todo un pueblo, golpe a golpe, verso a verso, recobraba las libertades, Sevilla fue Antonio Machado: la librería de Carmen Reina y de Alfonso Guerra, la voz de Joan Manuel Serrat finalmente instrumentalizada por las bandas de cornetas y tambores, el centenario de su nacimiento como una bandera alzada contra la mordaza. Aquella nueva Sevilla pintaba en el muro de Torneo consignas contra la España de charanga y pandereta, devota de Frascuelo y de María. Luego, piano-piano, todas las aguas volvieron a su cauce y desde la propia izquierda intelectual, cuando fueron acallándose las arengas y los himnos, mantuvieron encendidos los piadosos cirios del recuerdo ante la hornacina de don Antonio, pero rescataron del desván del desprecio a su hermano Manuel, que de un cantar canalla traía el alma llena. Lo peor es que, andando el tiempo, tanto uno como otro, al pairo de esta ciudad más requeté por tradicionalista. Que claroscura por barroca, fueron oliendo a cerrado y sacristía. Y la auténtica, ensoñada Sevilla, iba quedando, como aquel coche moribundo camino del exilio, cada vez más lejos, cada vez más lejos...
*Juan José Téllez Rubio es periodista. |
| |
|
|
|
|