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15 de febrero de 2012 |
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Juan Manuel Sánchez Gordillo |
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Hambre contra hambre |
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Eran tiempos de utopía. Nuestro sindicato, el SOC, que fue el primer sindicato que se legalizó decidió ocupar la finca de Bocatinaja (Osuna) para reclamar la repoblación forestal y la reforma agraria. Allí estuvimos dos días y dos noches por primera vez después de la II República. Como era natural la Guardia Civil nos echó a palos con muy pocas contemplaciones y los más conocidos del sindicato terminamos en la cárcel cuando era el año 1978. Luego, en 1980, Marinaleda como Fuenteovejuna decidió masivamente ponerse en huelga de hambre contra el hambre que recorría como un fantasma casas y estómagos y se disfrazaba de trampas en las tiendas y emigración. Los gobernadores civiles repartían el antiguo empleo comunitario que eran unas limosnas ridículas a capricho y según el grado de conflictividad de cada pueblo. Fue en el mes de agosto. Más de 700 personas decidimos que no podíamos continuar con aquellos caprichos tan escasos que repartían los gobernadores por Andalucía y para ello no nos quedaba más opción que revelarnos. Iniciamos una huelga de hambre que duraría 13 días, nada menos que en el mes de agosto y con 45 grados a la sombra. El gobierno de la UCD entonces no respondía porque no quería o porque no comprendía y la oposición porque tampoco se terminaba de enterar. Sería la prensa primero de Madrid, luego internacional y por fin andaluza la que levantó una noticia con tales caracteres que al Gobierno se le fue haciendo insoportable. A partir de salir en los telediarios de Alemania o Rusia comenzaron a llegar los políticos de Andalucía como Pérez Ruiz del antiguo PSA, Rodríguez de la Borbolla y Antonio Ojeda del PSOE y un montón de personajes conocidos de todos los rincones del Estado. Pero sobre todo aparecerían las mujeres que en los momentos en que los hombres dudaban y titubeaban y que empezábamos a subir la cuesta de lo que tradicionalmente nos dicen los conservadores que es imposible. Las mujeres dieron una lección de firmeza y de contundencia que nos llevó a que el Gobierno no tuviera más remedio que ceder y que en Salamanca nos recibiera Sánchez Terán, ministro de Trabajo para obtener la totalidad de nuestras reivindicaciones. La acción colectiva de Marinaleda sería un revulsivo en la conciencia jornalera ya que cientos de ocupaciones de fincas se producirían a lo largo de los años ochenta exigiendo la propiedad de la tierra que estaba en manos de una minoría ridícula de terratenientes. En estas luchas estábamos cuando se oían los ecos de los sables de un ejército franquista que no terminaba de aceptar los cambios que se estaban produciendo en la sociedad. Fue el 23 de Febrero cuando Tejero entró en el Congreso de los Diputados acompañado de un puñado de guardias civiles y por unos pocos generales, unos ocultos en la retaguardia y otros a cara descubierta que pretendían dar un golpe de Estado y retrotraernos a la noche del fascismo. Recuerdo que era por la tarde cuando estábamos organizando en Marinaleda unos cursos de alfabetización con un pedagogo chileno por el método de Paulo Freire. Allí llegó la noticia. Nos quedamos fríos. Las calles se quedaron en silencio y en los cuartelillos de la Guardia Civil estaban ya temblando las listas escritas en un papel donde aparecían los que teníamos que ser ajusticiados de manera inmediata. Entre los que preparaban las listas junto a los comandantes de puesto de la Guardia Civil estaban algunas personas de cuyo nombre no quiero ni acordarme pero que hoy pueden verse de alcaldes del PP en algunos de nuestros pueblos e incluso algún que otro concejal del PSOE. Esta gente fueron los últimos reconvertidos a la democracia cuando ya ser demócrata no constituía ningún riesgo y si acaso un buen lugar para ejercer una profesión política. Estos personajes aún andan por ahí. Si Tejero hubiera triunfado la sangre del pueblo habría corrido a borbotones. Mientras, desde Marinaleda y desde el SOC seguíamos luchando. En Marinaleda por la finca del Humoso propiedad del Duque del Infantado cuatro veces Grande de España en un sueño colectivo que se convirtió en obsesión, en lucha generosa y luego en realidad medible y contable
Y desde el SOC por mejorar las condiciones terribles del mundo rural y por recuperar una soberanía para Andalucía que nunca desgraciadamente ha sido recuperada del todo. En cualquier caso y a pesar de la dureza de las luchas y las represiones nos cargamos de esperanza y echó cimientos firmes nuestra opción irrenunciable a la utopía como los sueños que tenemos la obligación de convertir en realidad para que otra sociedad y otro mundo sean algún día posibles. Un poco antes, en 1979, habíamos conseguido la mayoría absoluta que hoy todavía conservamos en el Ayuntamiento. Nos presentamos por la CUT (Colectivo Unidad por los Trabajadores) y desde un principio nos dimos cuenta que había que convertir ese pequeño trozo de poder municipal que son los ayuntamiento en un contrapoder, en una herramienta de liberación de los empobrecidos para mediante la participación activa alcanzar las cotas de bienestar colectivo que desgraciadamente se nos había negado durante tantos años. Desde esa participación que tenía en la asamblea el máximo órgano de decisión de todos los asuntos fuimos luchando y conquistando derechos tan imprescindibles como la vivienda, el empleo, la sanidad pero sobre todo, mediante los plenos anticipados la construcción de una nueva herramienta para subvertir la realidad que tanto nos agobiaba y nos oprimía.
*Juan Manuel Sánchez Gordillo es alcalde de Marinaleda desde 1979 |
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