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15 de febrero de 2012 |
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Manuel F. Ruiz Rico |
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La conquista de los pueblos |
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Cuando llega el año 1979, fecha de las primeras elecciones municipales, España está inmersa en los años más agitados de su Historia reciente. La muerte de Franco cuatro años antes acelera los acontecimientos que habrían de sucederse en los meses y años inmediatos, como las primeras elecciones generales en 1977 o el referéndum por la Constitución Española el último mes del año posterior, hechos que sirven de marco a los comicios que nombrarían a los primeros alcaldes democráticos después de más de cuatro décadas de dictadura.
Ansias de cambio. La provincia de Sevilla vive su torbellino particular: El desempleo asola unos campos inhóspitos donde la pobreza y la inmigración acucia a los jornaleros; el área metropolitana de la capital aún no imagina el frenético desarrollo económico que acontecería los próximos veinte años; y sólo guarda promesas de futuro el despegue económico del bajo Guadalquivir, que se remonta a los años sesenta. Se ansía el cambio en unos ayuntamientos estancados y sin personalidad que poco o nada hacen por desarrollar los municipios. En la dictadura, explica Manuel Ramírez Moraza, alcalde de Marchena por el PSOE desde 1979 hasta 2000, andaban por la inercia de los funcionarios, sin que existiese ninguna gestión, por eso los primeros alcaldes tuvimos que transformarlos en instituciones útiles que resolvieran los problemas tan graves que sufríamos. La vida no ha sido fácil y los pueblos están atrasados económica y culturalmente, abocados a las injusticias sociales y alejados de la política y la libertad. Como muchos, comencé a trabajar en el campo con ocho años, señala Diego Cañamero, miembro histórico del SOC y once años alcalde de El Coronil por IU (1987-1991 y 1995-2002), ganaba entonces 30 pesetas diarias y mi padre 50, trabajando de sol a sol, pero como no había convenios, el empresario pagaba lo que le daga la gana.
La situación provoca luchas sociales y reivindicativas y es así como surgen figuras como las de Francisco Casero en Marchena, el Bizco Patota (Gonzalo Sánchez) en Lebrija, o Diamantino García, cura de Los Corrales, que fortalecen la conciencia y la lucha social en unos pueblos donde predomina la sensación de realidad hostil y adversa, como recuerda Francisco Díaz Ayala, alcalde por el PSOE de Martín de la Jara desde 1983 a 1992, una sensación que provocó el convencimiento de que había que encontrar una solución y la necesidad de preguntarnos: ¿Por qué tiene que ser siempre así?, ¿Hasta cuándo va a seguir así?
Euforia y confusión. Son las elecciones del triunfo del pueblo más que de cualquier partido. Momentos contradictorios bañados de dicha y euforia pero también de confusión y dudas ante un futuro de expectativas que se abre como nunca. Se consolida una democracia joven que llega también a manos jóvenes, como ocurre entre otros con el triunfo de Justo Padilla Burgos, de 25 años, en Guillena. Tomé posesión del cargo y me di cuenta de que no sabía cómo funcionaba un ayuntamiento, por eso estuve meditando si lo dejaba, se sincera quien acabará gobernando y venciendo las seis siguiente elecciones, las primeras como miembro del PCE y desde 1999 con el PSOE. Así que ni el alcalde de Guillena elude su responsabilidad ni la democracia abandona sus pueblos sino todo lo contrario: Es cuando comienza de verdad, con los primeros consistorios democráticos, en palabras de Julián Álvarez Pernía, un histórico del PA y alcalde de Écija desde 1979 a 1986, uno no podía imaginarse que un alcalde franquista, aunque la dictadura hubiese concluido, cambiara su forma de pensar de un día a otro.
La primera remesa de alcaldes sabe a la perfección que el trabajo más urgente que deben afrontar se centra tanto en levantar con infraestructuras pueblos abandonados durante décadas como en el paro, que era enorme, a pesar de que el empleo comunitario comenzaba entonces a través de las protestas de los sindicatos y los trabajadores, como indica Manuel Ruiz Luca, desde 1979 (primero con el PCE y desde los últimos comicios como independiente) alcalde de Castilblanco de los Arroyos. Es aquel empleo comunitario la antesala del posterior PER, una de las grandes conquistas del campo andaluz, que evitó la despoblación brutal y el desarrollo de los pueblos, y que debe mantenerse hasta que no se encuentre otra alternativa, asegura Ruiz Luca.
Es también le época del referéndum por la Autonomía, cuando la democracia municipal está aprendiendo a asentarse. Pero eso, lejos de apagar los ánimos, aviva el sentir general de reivindicación y afirmación de Andalucía. Nos parecía, esgrime Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda desde 1979 (primero por el PT y luego por IU) y uno de los históricos del Sindicato de Obreros del Campo (SOC), que había que recuperar la identidad andaluza y su bandera, y que ésta donde más dignamente estaba era en las manos de un jornalero.
Pasan los años y pronto los ayuntamientos se convierten en el principal motor del progreso y bienestar de los pueblos, explica Fernando Rodríguez Villalobos, alcalde de La Roda por el PSOE entre 1983 y 1993 y posterior vicepresidente de la Diputación Provincial de Sevilla. De esta forma, desde mediados de la década de los ochenta y principios de los años noventa, y coincidiendo con la entrada en los consistorios de una nueva generación de alcaldes, la lista de retos se amplía. Se avanza: es el momento de acometer la autonomía financiera de los ayuntamientos, la industrialización de los municipios y la modernización del campo para reducir el paro y desarrollar la economía y el momento, por ejemplo, de controlar el auge urbanístico de la zona del área metropolitana de Sevilla, donde pueblos como Tomares, Espartinas, Castilleja de la Cuesta, Dos Hermanas o Alcalá de Guadaíra comienzan a multiplicar sus habitantes. Había que emprender un salto cualitativo, explica Antonio Gutiérrez Limones, desde 1995 máximo regidor de Alcalá de Guadaíra por el PSOE, la política de empleo debía pasar por generar suelo industrial y por una alianza entre lo público y lo privado que no se había producido.
Los tiempos cambian y de suerte que no son los mismos. El avance democrático hace que poblaciones como Cañada Rosal, El Campillo o El Cuervo adquieran la independencia, en 1991 las primeras y cuatro años más tarde la última, o a que cada vez más mujeres se coloquen en la alcaldía, y así vemos después cómo María Regla Jiménez Jiménez es alcaldesa de Espartinas desde 1979 hasa 2003 (ésta mujer a muerto a finales de verano de 2003); a Carmen Tovar Rodríguez haciendo lo mismo en Castilleja de la Cuesta en 1995; a Salud Santana Dabrio en Aznalcóllar en 1999; o María del Rosario Cruz Serrano en Coripe, que con 24 años se convierte en 2002 en la alcaldesa más joven de España.
Nuevos retos. Con realidades distintas son precisas políticas distintas, como las de los últimos años noventa. El reto ahora es un cambio cualitativo, explica Gutiérrez Limones, un proyecto que consiste en la conformación y consolidación de la sociedad del conocimiento. Un objetivo que hay que encuadrar en la Segunda Modernización de Andalucía y en el desarrollo definitivo de unos pueblos que también entraban en Europa. Por eso, el objetivo, explica Manuel Ruiz Luca, es seguir siendo un pueblo con todas sus características pero sin los matices negativos, sin tener problemas de acceso a la cultura o la infraestructura tecnológica porque si no existe una buena infraestructura de carreteras, teléfonos, tendido eléctrico o internet, el desarrollo definitivo no puede llegar. Pero el reto está ahí y hay que afrontarlo a pesar de que somos los grandes olvidados de la política y las administraciones superiores, explica el alcalde de Dos Hermanas por el PSOE desde 1983 en adelante, Francisco Toscano Sánchez, que olvidan que los municipios se remontan a miles de años atrás y los estados apenas cuentan varios siglos y las autonomías menos aún, dos décadas. Un tiempo que nace con la democracia en los pueblos y que da para contar muchos sueños cumplidos, muchas angustias y muchas transformaciones, dice María Regla Jiménez Jiménez, alcaldesa de Espartinas por el PP (antes AP) desde 1979, pero como acabas una cosa y viene otra, de nuevo aparecen la ilusión y las ganas de seguir trabajando. Porque el futuro se hace todos los días y porque se han conseguido grandes logros, como culmina Ruiz Luca, muchos, aunque, eso sí, puede que el más importante no se haya conseguido aún: y es que hace veinte años había una gran diferencia entre las comarcas de nuestras provincia y otras similares de Valencia, País Vasco, Barcelona o Madrid, diferencias que ahora, todo este tiempo después, continúan existiendo: ése es el problema y es también el gran reto de Andalucía.
*Manuel F. Ruiz Rico es periodista |
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