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20 de febrero de 2012 |
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Carlos Romero |
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Las Hermandades del Trabajo |
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Las Hermandades del Trabajo nacen como movimiento apostólico-social en Madrid el año 1946 por iniciativa del siervo de Dios don Abundio García Román y un grupo de mujeres y hombres incardinados en el mundo del trabajo; en seguida se convierte en un movimientos masivo (llegaron a tener en España 200.000 afiliados) y se extienden por todas las regiones españolas y poco después por varios países de América Hispana. En Córdoba surgen en 1956 y desde ahí se extienden a prácticamente todas las provincias andaluzas.
En la España de aquellos años no encuentran demasiada comprensión en los ambientes oficiales porque su ideario defendía sistema de asociación laboral auténtico, representativo, responsable y libre (punto 27); Consideramos que el sentido de responsabilidad ha de ser código de honor sindical de los dirigentes ante sus representados y del sindicato ante el bien común (punto 28); Acusamos de traición a cuantos trabajadores, por coacción o por propio interés, no defiendan en sus puestos de responsabilidad los derechos de sus hermanos (punto 29); Todos los medios justos, sin excepción de ninguno, deben de estar a nuestro alcance para defender nuestros propios derechos (punto 30). La creación de obras sociales (viviendas, cooperativas, residencias de veraneo, piscinas
) y la intensa labor social y cívica crea suspicacias y oposición. La presencia en los sindicatos oficiales de los trabajadores de Hermandades y algunos de sus Consiliarios en las Asesorías Religiosas de los mismos permitieron una eficaz gestión desde dentro. Como anécdota, se puede recordar que los directivos de la Academia Sindical de Córdoba tuvieron curiosidad de conocer a qué estaban vinculados ciertos representantes sindicales comprometidos e incisivos en sus gestiones, que coincidían en llevar en la solapa un escudo con la Cruz de Santiago. Resultó ser el escudo de las Hermandades.
Nacida la democracia, un número importante de dirigentes y militantes de las Hermandades deciden dar el paso para la creación de un sindicato, no confesional, pero sí libre e independiente de los partidos políticos. Una falsa interpretación de ese intento por parte de la Jerarquía hace que no prospere, cortando de forma tajante esa iniciativa personal de los trabajadores el propio cardenal Tarancón, de cuya actitud llega después a arrepentirse como se desprende de sus Memorias-Confesiones.
Las nuevas circunstancias políticas causan cierta sangría de militantes al pararse la acción política directa, que antes les causaba dificultades, dado que las hermandades en una clara actitud de libertad y pluralismo acuerdan hacer incompatibles sus cargos apostólicos con otros de marcado matiz político del amplio abanico de posibilidades, con el fin de preservar su independencia institucional dejando las múltiples opciones al campo de lo personal.
El reconocimiento público de esta independencia institucional ha dejado muchos testimonios a lo largo de estos años. Basta recordar la elección por votación popular de las Hermandades del Trabajo como Populares de Córdoba, premio convocado por el diario Córdoba el primer año de su institución.
Una independencia sin sometimientos que ha creado y sigue causando a las hermandades demasiadas trabas burocráticas y descaradas marginaciones en ciertos foros y centros de poder, sobre todo municipales, casi sin excepción del matiz político dominante, a los cuales siempre apetecería contar de forma indirecta con los miles de afiliados y sus familias vinculados a este Movimiento Apostólico-Social, llegando en algún caso reciente a la auténtica venganza personal.
* Carlos Romero es religioso dominico |
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