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20 de febrero de 2012 |
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Manuel Rubia Molero |
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La lucha por la identidad perdida |
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Se inició con y durante la guerra civil. Continuó durante cuarenta años consecutivos, la persecución, represión y el desprestigio de la identidad obrera. Eliminaron la cadena que posibilitara la carrera generacional de relevos. Destruyeron todo (cultura y expresiones vivas) lo que pudiera servir de testigo o referente para tener la certeza o cierta guía, en la lucha por las señas de identidad arrebatadas que emprendimos los de mi generación, necesaria para alumbrar si el camino a iniciar y seguir era o no el más adecuado. No tuvimos ni padres, ni abuelos, ni hermanos mayores, en el concepto social. Iniciamos el hacer con bastante orfandad. El miedo y el terror cerraba el círculo.
Aparato represivo. El nacional catolicismo intentó durante esas cuatro décadas dejarnos sin memoria histórica, sin dioses y sin ideologías. La Falange primero, la Guardia Civil, la policía política social, la mayor parte de la Iglesia católica que dejó de ser cristiana, bendiciendo el hacer de castigo y formando el cuerpo político del régimen dictatorial, conformaron el aparato represivo contra el hombre como ciudadano, como obrero, represión no sólo física (torturas, cárceles, deportaciones, despidos de trabajos...) también cultural y espiritual. Nos negaban la libertad, el ser y la posibilidad de comunicarnos entre sí. Era tal el desprecio y la discriminación hacia el mundo del trabajo que incluso nunca se nos consideró ni tan siquiera beligerantes. Crearon la democracia orgánica (el fundamento de ella era la expresión de los órganos del macho como justificación de su hacer en el sometimiento del pueblo), también, organización de y para una élite que disponía de todo el aparato represor conformado, con el sólo propósito de impedir la comunicación y organización de cualquier grupo o clase social y mantener el poder político, económico, social, militar, judicial sin fisuras. Ése era el medio en el cual iniciamos la carrera por la libertad y la democracia. Sí. Éramos conscientes de que sólo en la libertad y con democracia podríamos los trabajadores encontrarnos con nosotros mismos y generar una política solidaria que desembocara en una toma de conciencia como clase y responsabilidad como ciudadano libre. En esas circunstancias los hombres y mujeres que se comprometieron, que nos comprometimos en y con la lucha por las conquistas sociales y políticas, el grado de compromiso social individual y consigo mismo tenía que ser, era, muy alto y seguro de sí mismo. No es de extrañar pues, que en un principio del hacer y ser, hubiera una mayoría dentro de la minoría que éramos, de comunistas, cristianos y socialistas. De ahí que nos convirtiéramos en referentes sociales de todo el pueblo. Los trabajadores, los obreros, aún sin mucha conciencia como clase, rompiendo los moldes impuestos, formamos la primera línea de combate en la lucha por las libertades, la democracia, acompañado siempre de las reivindicaciones laborales, sociales, sindicales libres. Como movimiento natural, espontáneo y libre de la clase obrera incipiente, surgió Comisiones Obreras definiéndose como movimiento organizado y lugar de encuentro de los trabajadores. En Córdoba, se inicia el hacer allá por el año 67 de manos de Enrique Rodríguez Linares, empleado de banca, Goro Gregorio, empleado de Renfe, Pepe Balmón, trabajador de Secem, y el que escribe este artículo, Manuel Rubia Molero, técnico en Cenemes, si bien hay que decir que había habido anteriormente a finales de los cincuenta, primeros del sesenta acciones significativas en las dos grandes fábricas. En las cárceles había decenas de obreros cordobeses tanto de la capital como de los pueblos, entre ellos Idelfonso Jiménez que una vez en libertad siguió luchando y fue el más destacado dirigente de la construcción, siguiéndole Paco Cali y otros muchos más. La huelga provincial más importante de sectores se dio en la construcción, con el encierro y asambleas participativas en la Catedral (es su indicativo).
Concordia. Córdoba se significó en la concordia con las organizaciones empresariales, siendo de las provincias con menos horas de huelga anuales y mejores convenios colectivos. En la antigua Cenemesa, ayer Westinhouse, hoy ABB, fue donde más se desarrolló el nuevo pensamiento de compromiso social y político. De allí salieron dirigentes políticos para todas las formaciones de partidos: PC, PSOE, PSA, UCD, FN; y sindicales como CC OO y UGT; además distintos grupos de Cristianos de Base y de FN del Trabajo. Ese nuevo pensamiento social estaba impregnado principalmente de la filosofía del entendimiento y el respeto. La asamblea participativa durante los encierros, práctica de la acción obrera en la lucha por nuestras reivindicaciones, que nació tanto en Cenemesa como Secem, y que hizo suyo todo el Movimiento obrero en Córdoba y provincia, fue el proceso que hizo posible esa cualidad en el pensamiento social y la recuperación de nuestras señas de identidad como Clase Obrera y Ciudadano y el respeto y consideración de toda la sociedad cordobesa hacia los trabajadores. El método de asamblea participativa hacia posible la moderación, el equilibrio, el respeto a todo y a todos. Nuestra fuerza dependía de un hilo, había que tenerlo tenso pero no podía romperse. Era necesario cuidar y evitar las represiones y los perjuicios que pudieran generar las luchas por nuestras justas causas. También, que había que subir la escalera peldaño a peldaño buscando los rellanos para el descanso. La acción permanente es un suicidio en el hacer colectivo. Por otro lado, el sindicalismo de las grandes concentraciones obreras e industriales aquí en Córdoba no era posible, nuestro tejido industrial era y sigue siendo de pymes y microempresas. A los pueblos de la provincia había que darle cobertura y buscar el encuentro y enriquecernos con el pensamiento social de la cultura rural. Nuestra base social estaba en calderilla repartida por toda una geografía. No teníamos locales donde reunirnos. Las detenciones por reunirse en el campo seguían. Los mismos trabajadores, haciendo un esfuerzo económico, compraban casas para que sirvieran de sede sindical. Nadie alquilaba para los sindicatos obreros. Peñarroya-Pueblo Nuevo despertó de su letargo generado por tanta represión y se produjeron las huelgas y encierro en las minas con la manifestación y participación de todo el pueblo concentrándose y encerrándose todos en el campo de fútbol. Las condiciones de trabajo y los métodos de pago y ejecución del trabajo motivó la acción. El campo de fútbol fue rodeado por una compañía de Policía de choque y por otra de la Guardia Civil. La tensión era extrema. Hubo que negociar con el gobernador Asuátegui que mandó la salida del pueblo de las fuerzas policiales a cambio del compromiso de desalojo del campo de fútbol. En asamblea popular se sopesó la situación y se aceptó el desalojo.
Simulacro de fusilamiento. La primera huelga del campo tuvo un hecho que expresa cómo era el aparato represivo. Un piquete informativo de obreros del campo fue detenido por la Guardia Civil y llevado al cuartel, en la zona de Castro del Río, Nueva Carteya y Doña Mencía, los pusieron en el paredón y les hicieron un simulacro de fusilamiento. Los obreros del campo que fueron objeto de tal infamia narraban los hechos en un documento firmado. El gobernador civil (Asuátegui) nada quiso saber del hecho. El diputado en Cortes por Córdoba y tercer secretario del Parlamento, Ignacio Gallego, me dijo que era necesario por el bien de todos que se enterrara el caso. Un hecho concluyente de responsabilidad de la clase obrera hacia el encuentro de todos los sectores del pueblo se dio en Córdoba, en una carga de la Policía Nacional para disolver una manifestación convocada por la Junta Democrática. Me dirigí al mando que daba órdenes, le dije que era necesario acabar con los enfrentamientos entre los españoles, que él era mi hermano, le abracé, se aplaudió, confraternizamos, entremezclándonos policía y manifestante. No dispongo de espacio. Sí quiero afirmar que la clase trabajadora en general y Comisiones Obreras en particular contribuyó más que ninguna otra clase o fuerza social en la conquista de las libertades y la democracia, con el sosiego y la responsabilidad que hizo posible que en las primeras elecciones municipales, generales y autonómicas fueran las formaciones progresistas las que se llevaran el favor de los votos de la mayoría de los cordobeses. ¿Se reconoce?
* Manuel Rubia Molero es fundador y secretario de CC OO hasta 1985 en Córdoba. |
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