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20 de febrero de 2012 |
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Emilio Fernández Cruz |
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A las puertas de la legalidad |
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sus retratos imaginarios; Pedro Bueno obtiene el prestigiado trofeo Zahira de Oro; Ángel López-Obrero celebra sus bodas de oro En el interior de España, tanto la UGT, el PSOE y las JJSS se mantienen simbólicamente durante la Dictadura, hay afiliados pero escasa militancia, y a medida que pasa el tiempo disminuye su presencia por la represión que se ejerce sobre toda la oposición. En Córdoba, de la misma manera, existen afiliados que son referentes, pero no se conoce militancia, ni actividad. Entre ellos están Juan Sánchez Castro, que fue concejal en el ayuntamiento de Córdoba en la República, Matías Camacho, Paco Mármol y un núcleo de personas mayores que representan a los socialistas. A comienzos de los años 70 se inicia la reestructuración del PSOE, la UGT y JJSS, en torno a personas jóvenes: Guillermo Galeote, Rafael Vallejo, Vicente Jiménez, que, desde el mundo de los profesionales universitarios, inician contactos con los viejos militantes y con los líderes del movimiento obrero cordobés, del sector metalúrgico, de la construcción, servicios y estudiantes, profesionales de la enseñanza, sanidad y funcionarios. El movimiento obrero en Córdoba está organizado por los que se movilizan contra el régimen y reivindican cambios sociales y mejoras sindicales. Esto da lugar a la aparición de CC OO que, al principio, aglutina el sindicalismo como movimiento más que como una organización estructurada, por lo que se mueve desde el conocimiento por parte del régimen y una cierta tolerancia, lo que no impide represiones importantes y procesos judiciales a sus líderes cuando las protestas tienen un nivel de mayor envergadura, como en España fue el proceso llamado 1001. De entre ese movimiento salen, en Córdoba, algunas de las personas que formarán la UGT, como es mi caso, que conozco de su existencia a través de Rafael Vallejo y Vicente Jiménez. Ya en 1975 se inicia una nueva fase en la organización del sindicato. Hasta entonces la dirección de la UGT y del PSOE estaba formada por las mismas personas, a partir de entonces se diferencian las dos direcciones y las estructuras se separan, aunque siguen las mismas estrategias. Vicente Jiménez era el secretario general y yo el secretario de organización. Los cambios son muy rápidos, lo mismo que el crecimiento de las organizaciones. En el año 1976 soy elegido secretario general de la UGT en la provincia. Las tareas fundamentales de entonces son la implantación en la ciudad, en las pocas grandes empresas que entonces había, Whestinghouse, Electromecánica, Algodonera, Europapel y en el sector de la construcción y servicios. Al mismo tiempo se llevan a cabo los contactos con los pueblos de la provincia, con viejos militantes que antes no se atrevían a darse a conocer o que no se fiaban de los que aparecíamos como dirigentes nuevos del sindicato o del partido. Hay jóvenes nuevos afiliados en los pueblos entre los trabajadores manuales de la construcción, la metalúrgia, construcción, etc. Y de los trabajadores y funcionarios de sectores de educación y sanidad. Simultáneamente se define la estrategia de la UGT, como un sindicato que defiende la desaparición del Sindicato Vertical, y se decide la salida de él y el trabajo y organización al margen de su funcionamiento y estructura (lo que se conocía como vaciar el Sindicato Vertical de contenido), frente a la opinión de CC OO que practica el llamado entrismo y, en su funcionamiento y organización, están dentro del sindicato vertical y aprovechando su estructura y organización. Durante la Transición los acontecimientos se mezclan y se desarrollan a gran velocidad, muere Franco, se hacen comunicados que empezaban a aparecer en los medios de comunicación, se inicia la conquista de la legalidad mediante actuaciones que llevan a darse a conocer, primero desde la tolerancia aunque seamos ilegales dejando la clandestinidad. Aún desde la ilegalidad se reivindica el patrimonio histórico de la UGT y del PSOE, solicitando la devolución de las Casas del Pueblo. En algunos casos se ocupa por la vía de hecho, en los pueblos donde aún existían, porque no se habían vendido a particulares o no se habían destruido. Legalizado el sindicato en el año 77, estas ocupaciones se materializan en pueblos como Montilla, Peñarroya, Belmez, Aguilar, entre otros. Los contactos internacionales fueron tan importantes como los cambios que en Córdoba se producían. El apoyo externo fue fundamental, así el sindicato holandés PSV, apoyó económicamente a la UGT España con 35 millones de pesetas de lo que se benefició la UGT de Córdoba comprando de ese dinero la sede de la calle Los Omeyas. Al crecimiento y organización interna, había que hacer frente a los conflictos sindicales que iban apareciendo, a los cambios políticos de la época y al mismo tiempo sortear y resolver los enfrentamientos con otras organizaciones sindicales y las diferencias que, dentro del sindicato aparecían y que se basaban fundamentalmente en los distintos criterios sobre como resolver cada conflicto, en las diferentes estrategias que se planteaban y en los congresos que decidían quienes dirigían el sindicato.
* Emilio Fernández Cruz, ex secretario general de UGT. |
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