Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  20 de febrero de 2012
  Manueñ Pérez Yruela
  En torno a Díaz del Moral
  Pertenezco a la generación de españoles para los que la transición democrática –a mí me gusta llamarla también restauración democrática– fue, desde el punto de vista cronológico, una fase que siguió casi sin solución de continuidad a la que vivimos como estudiantes (los que tuvimos la suerte y el privilegio de poder serlo) en una universidad convulsionada justamente por la reivindicación de un cambio político que acabase con la dictadura. La muerte del dictador nos cogió al comienzo de la vida laboral, y el proceso de transición corrió casi en paralelo con el de nuestro propio proceso de maduración personal y profesional.

Primeros impulsos.
Mis recuerdos de aquellos años son muchos y muy intensos, pero una parte importante de ellos tienen que ver con la forma en que se mezclaron la política y la actividad profesional, en mi caso la actividad como profesor de sociología de la recién creada Universidad de Córdoba, con la ilusión, esa creo que es la palabra apropiada, de contribuir desde ese trabajo a que España y Andalucía salieran de la postración en que la habían sumido tantos años de dictadura. Por ello, de todos los recuerdos que tengo de la Transición en Córdoba, voy a referirme en estas páginas a tres aspectos caracterizados por esa mezcla: los primeros pasos en la modernización y democratización de la Universidad de Córdoba; la recuperación del análisis de los problemas históricos y contemporáneos de la sociedad rural andaluza, temas que durante la dictadura eran casi un tabú; el homenaje a don Juan Díaz del Moral, que fue un buen ejemplo de colaboración entre universidad y sociedad.

La Universidad de Córdoba se fundó en 1972 y funcionó hasta 1977 bajo la dirección de una Comisión Gestora. A partir de 1976, tras la muerte de Franco, la Universidad inició un proceso muy activo de democratización interna y de contribución a la reforma de la universidad española que creo que hicieron de ella una referencia para otras universidades en la andadura que todas iniciaban hacia la democratización. A comienzos del curso 1976/77 se creó en la Universidad una situación de tensión, debido a la no-renovación de los contratos a un grupo de profesores de la Escuela de Formación del Profesorado de EGB a la que no fueron ajenas motivaciones extraacadémicas larvadas, que reflejaban el conflicto entre sectores conservadores aún apegados a la cultura política de la dictadura y los que defendían una implantación amplia y rápida de la democracia. La decisión encontró oposición hasta en la Junta de Gobierno de la Universidad y tuvo finalmente que ser asumida casi en solitario por el presidente de la Comisión Gestora, el profesor Castellón. Este conflicto hizo que un grupo de profesores numerarios de la Universidad empezara a reunirse para forzar que hubiera elecciones a rector y preparar una candidatura democrática al efecto. El grupo se puso de acuerdo en que el candidato fuera el profesor Alberto Losada Villasante, catedrático de la Escuela de Ingenieros Agrónomos, con el que tuve ocasión de colaborar en muchos aspectos. Aunque la propuesta tuvo que ser elevada al Ministerio en forma de terna, como prescribían las normas aún vigentes en la Ley General de Educación, para que el ministro decidiese finalmente sobre quién recaería al cargo, éste respetó la propuesta.

Democratización universitaria. El nuevo rector impulsó de forma decidida la democratización de la Universidad, introdujo cambios importantes en la cultura de gestión, dando un peso relevante a los órganos colegiados, introdujo transparencia en los procedimientos y protegió la libertad de expresión y el pluralismo político dentro de la institución. También aprobamos unos estatutos en 1978 de acuerdo con los principios de democratización que el Rector había propuesto en su candidatura. Todo esto no era sencillo en unos años en los que el peso de los sectores poco comprometidos con la democracia era alto, sobre todo en lugares como Córdoba. Sirva como ejemplo la respuesta que el gobernador civil de la época, señor Ansuátegui, dio al rector en contestación a una petición de autorización –aún había que pedirla– para que Santiago Carrillo diera una conferencia en la Universidad en mayo de 1977, poco antes de las elecciones a las Cortes Constituyentes y ya legalizado el Partido Comunista. Literalmente, la respuesta decía así: “...debo significarle que, si V. E. considera que el acto tiene matiz universitario y encaja dentro de la normativa que en esta materia regula la Ley General de Educación y disposiciones concordantes, resuelva la solicitud promovida dentro de las facultades que dichas disposiciones le confieren”. El rector autorizó el acto.

Desde la Universidad de Córdoba impulsamos el debate sobre la reforma de la legislación vigente para adaptarla al reconocimiento constitucional de la autonomía universitaria. En septiembre de 1978 se celebró en Córdoba, actuando el rector como anfitrión, un seminario sobre la Ley de Autonomía Universitaria al que acudieron, entre otros, personas como Trías Fargas, Roca Junyent, Javier Solana, Pedro Martínez Montabes, Antonio Badía Margarit, José Laporte, Gabriel Ferraté, Eulalia Vintró, Álvaro Rodríguez Bereijo, Alfonso Lazo, Marta Mata, Pilar Bravo, Carmina Virgili, Solé Tura, Victorino Mayoral, Jose María Riera. Esta reunión fue el germen de muchos de los debates posteriores sobre la regulación de la autonomía universitaria. Algo tan simple como esto produjo una crisis en el equipo rectoral, porque alguno de sus miembros creyó que la reunión estaba excesivamente sesgada hacia la izquierda política.

Visto con alguna perspectiva, creo que los cambios que quería introducir el profesor Losada, que hoy se asumen con normalidad, eran demasiado avanzados para la sociedad local de aquel momento y encontraron muchas resistencias, tantas que al final el responsable de universidades en el Ministerio, el profesor Cobo del Rosal, envió un telegrama (así se hacían las cosas entonces) poniendo fin al mandato del profesor Losada y convocando y regulando elecciones a rector, que se celebrarían en mayo de 1981 y ganaría el profesor Peña. No obstante, la experiencia del profesor Losada hizo que en torno a aquellas propuestas de reforma constituyéramos la Asociación para la Reforma de la Universidad (APRU), en la que nos integramos un amplio grupo de profesores de todos los niveles que durante algún tiempo –hasta mediados de los ochenta– defendimos un modelo de universidad moderno, progresista, participativo y preocupado por elevar la calidad científica de la institución.

Sociología agraria.
En este contexto se va formando en Córdoba un núcleo de profesores pertenecientes a las primeras generaciones de titulados que empezaron a formarse fuera de España y que estaban comprometidos con la profesionalización y la elevación de la calidad investigadora en la institución. Una parte de este grupo pertenecía a la Escuela de Ingenieros Agrónomos y en particular al Departamento de Economía y Sociología Agrarias, al que pertenecí junto con Eduardo Moyano y Eduardo Sevilla, entre otros. En este departamento se dio un impulso importante a la sociología rural española, casi inexistente hasta entonces, impulsada por la preocupación acerca del papel de la agricultura y de los problemas sociales de la sociedad rural en la Andalucía contemporánea. Esta preocupación conectaba con la que se dio en la Segunda República en torno a las mismas cuestiones. En poco tiempo se hicieron aportaciones significativas tanto sobre la historia de los problemas de la sociedad rural andaluza, como sobre las transformaciones que ya empezaban atisbarse en ella debidas al proceso de modernización que se había iniciado en los primeros ochenta.

La estructura social agraria, los conflictos campesinos, los problemas de los jornaleros, la dimensión sociológica del latifundio, la reforma agraria, la agricultura familiar, la pérdida de peso político y económico de la sociedad rural en condiciones de modernidad, o la modernización, la corporatización y la acción colectiva en la agricultura, son una muestra de los temas que se abordaban en la investigación y en la docencia. Esta orientación y todos estos trabajos específicos crearon una tradición reconocida en el ámbito de la sociología rural española e internacional, traspasando el ámbito estrictamente académico y trasladándose a la sociedad a través de múltiples colaboraciones con los sindicatos, las federaciones de cooperativas, las organizaciones profesionales agrarias y la Administración pública agraria nacional y andaluza. Una de las primeras colaboraciones consistió en la organización de un Homenaje a don Juan Díaz del Moral, notario de Bujalance y estudioso de los movimientos sociales agrarios en Andalucía.

Cita en Bujalance.
En otoño de 1979, el Ayuntamiento de Bujalance, presidido por Ramón Romero Ramírez, elegido en la candidatura independiente de izquierdas en las elecciones municipales de aquel mismo año, impulsó un homenaje al notario de Bujalance, autor de La historia de las agitaciones campesinas andaluzas (Madrid, 1929) e impulsor de la reforma agraria. Algunos de mis compañeros de departamento y yo tuvimos el honor y el privilegio de formar parte de la comisión organizadora y participar activamente en los actos programados. Se celebró entre los días 19 y 28 de abril de 1980, en el propio municipio y en Córdoba. Con motivo del homenaje, la Diputación Provincial de Córdoba instituyó el Premio Juan Díaz del Moral.
El homenaje encerraba una carga simbólica extraordinaria: la recuperación de la memoria histórica; el tributo a un intelectual que relató con cercanía los problemas y luchas de los jornaleros; la reflexión sobre la vigencia de la reforma agraria en Andalucía; la iniciativa de la primera corporación democrática que decide entre sus primeros proyectos este homenaje; el carácter popular y participativo que tuvo la semana durante la que se desarrollaron los actos; la asistencia a los actos de un numeroso grupo de jornaleros de Bujalance y de algunos pueblos limítrofes; la participación de una importante representación de historiadores, sociólogos y economistas agrarios de España y de los representantes políticos locales, provinciales y regionales. Allí estuvieron, entre otros, Rafael Ecuredo, Justino Azcárate, Tomás García, José Vergara, Manuel Tuñón de Lara, Jacques Maurice, José Álvarez Junco, Antonio María Calero, Carlos Castilla del Pino, Juan Antonio Lacomba, Antonio M. Bernal y buena parte del equipo rectoral que presidía el profesor Losada.
Las conferencias y mesas redondas trataron sobre la vida y obra de Díaz del Moral, la reforma agraria en España y Andalucía, la conciencia del pueblo andaluz, la Institución Libre de Enseñanza y la historia de los movimientos sociales agrarios y campesinos en España y Andalucía. También hubo conciertos, obras de teatro para niños y adultos, exposiciones de pintura y una feria del libro. Todos los actos se llenaron de asistentes que escuchaban atentos cómo se hablaba de asuntos que ellos habían vivido de cerca o les afectaban directamente, pero que hasta hacía pocos meses habían estado prohibidos. Fue un acontecimiento entrañable y emotivo que aún recuerdan los que pudieron vivirlo.


*Manuel Pérez Yruela es director del Instituto de Estudios Sociales de Andalucía (IESA)
   
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