Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  21 de febrero de 2012
  José Calvo Poyato
  Años de expectativas en la Subbética
  La denominada transición –un periodo político muy claro conceptualmente, pero difícil de perfilar cronológicamente, aunque podríamos situarlo entre la muerte de Franco y la victoria electoral de PSOE en 1982– se vivió en la comarca meridional de Córdoba, la Subbética, de forma similar a otros lugares. Entre la ilusión en la mayor parte de la población y el temor de algunos. En todo caso, la preocupación de mucha gente por lo que pudiese deparar el futuro era patente y como consecuencia de ello había una gran expectación ante un futuro político que se presentaba incierto.

Frente a la mayoría caciquil.
Fueron unos años llenos de dificultades donde el peso de la historia, sobre todo del pasado más reciente, pesaba como una losa y se convertía, por muy variadas razones, en un lastre. Pero fueron años vividos también con una extraordinaria ilusión.
Las experiencias electorales vividas en el Mediodía cordobés a lo largo del siglo XIX y del primer tercio del siglo XX habían puesto de manifiesto el poder de una minoría caciquil que controló, según sus intereses, la vida política de la zona. Precisamente, algunos de los casos de pucherazo electoral más llamativos de la Restauración se produjeron aquí, como el famoso caso del Ratón pelao, acaecido en una de las circunscripciones electorales del partido judicial de Cabra. Es probable que esas experiencias electorales –pese al paréntesis que significó la dictadura franquista– estuviesen anidadas en la memoria histórica de algunos lugares, sobre todo en los núcleos de población más pequeños, lo que se tradujo en el momento de la Transición en recelos, convenientemente atizados por algunos, acerca del valor de las urnas y del resultado que las mismas pudiesen arrojar.
Después de una sequía electoral de cuatro décadas, en 1977 los habitantes de la Subbética acudieron a elegir unas Cortes constituyentes. Había expectación, mucha ilusión y cierto temor, sobre todo en las personas mayores que recordaban situaciones conflictivas en los colegios electorales de épocas anteriores. Había un importante despliegue de fuerzas de orden público y al Ejército se le había encomendado la vigilancia de lo que se consideraban puntos estratégicos.
Los apoyos electorales fueron mayoritariamente para la UCD de Adolfo Suárez, que arroyaba electoralmente al PSOE, tanto en las pequeñas localidades, como en los grandes núcleos de población de la comarca; en Lucena y Priego los votos de los centristas triplicaban sobradamente a los obtenidos por los socialistas y sólo en Cabra alcanzaba el PSOE una apretada victoria –3.840 votos socialistas frente a los 3.696 que conseguía la coalición centrista–. La derecha de Fraga, que representaba una cierta línea de continuismo quedaba muy distanciada como tercera fuerza política; mientras que los comunistas obtenían unos pobres resultados. El veredicto de las urnas, que transcurrieron en todas partes sin incidentes dignos de mención, ponía de manifiesto que existía una voluntad de cambio, pero sin estridencias, que era lo que representaba Suárez, frente a una postura electoral más radicalizada en el PSOE, que fue quien capitalizó el voto de la izquierda.

Dominio centrista.
Dos años después, tras el referéndum de la Constitución, que recibió un respaldo masivo en las urnas de la comarca, las elecciones generales de 1979 señalaron, otra vez, el éxito de la UCD y el asentamiento del PSOE como segunda fuerza política. Los socialistas volvían a ganar en Cabra, por un apretado margen –algo más amplio que en la ocasión anterior (3.874 frente a 3.525)– y ganaban en Carcabuey  por dos votos de diferencia a los centristas. En todas las demás poblaciones de la comarca la ventaja de la UCD era considerable, pero se había producido un fenómeno importante: los socialistas habían recortado buena parte de la diferencia de los comicios anteriores, sobre todo en Priego y Lucena donde los centristas pasaban de triplicar a duplicar su ventaja electoral. Muy llamativo fue el espectacular ascenso electoral de los andalucistas del PSA, que se convertían en la tercera fuerza política de la zona, muy por delante de la derecha y de los comunistas.
Las siguientes elecciones generales, las de octubre de 1982, marcaron un cambio espectacular en los resultados electorales. El partido socialista alcanzaba una rotunda victoria en todos los lugares, que era paralela al hundimiento de UCD. Eran ahora los socialistas los que duplicaban o triplicaban los votos, no ya de los centristas, sino de la derecha de Fraga, que pasaba a convertirse en la segunda fuerza política de la comarca. Muy lejos quedaban los comunistas, cuyo bastión fundamental era Doña Mencía y el PSA sufría un grave descalabro electoral, quedando reducido a votos poco más que testimoniales, salvo en alguna localidad. La UCD y los andalucistas habían pagado muy caro las crisis internas vividas por ambas formaciones políticas, mientras que el PSOE aparecía como un partido cohesionado en torno a la figura de Felipe González. Aquellos que no comulgaban con el socialismo dirigieron su voto hacia una revitalizada derecha, gracias a la catástrofe electoral de la Unión de Centro Democrático.

Hegemonía socialista. Durante los años de la Transición se vivieron también las primeras elecciones democráticas para la elección de las corporaciones municipales, celebradas en 1979. El panorama fue muy variado, ya que los ayuntamientos, pese al acuerdo del PSOE, PCE y PSA para hacerse con el mayor número de gobiernos locales posibles, sobre la base de apoyar a la Alcaldía al partido más votado y desplazar a la UCD, allí dónde no tuviese mayoría absoluta. El resultado fue que el PSOE –que había ganado con minoría– se hizo con alcaldías tan importantes como Cabra, donde se mantenía el pulso entre centristas y socialistas –nueve concejales cada uno– o Priego, donde se daba un vuelco electoral respecto de las elecciones generales, poniendo de manifiesto la importancia de los candidatos en los comicios locales. Lucena quedaba en manos de la UCD, que se apoyaba en un grupo de concejales independientes, al igual que en Rute, Almedinilla, Fuente Tójar, Luque y Zuheros. Los comunistas gobernarían Doña Mencía y Encinas Reales, mientas que los andalucistas regirían Iznájar y Palenciana y en Carcabuey lo haría un grupo independiente, vinculado al andalucismo, con apoyo de la izquierda.
Las elecciones generales de 1982, como hemos señalado antes, significaron una catástrofe electoral para la UCD y el comienzo de una etapa de hegemonía socialista con la que concluía la Transición que, sin embargo, ofreció a nivel municipal una variedad política mucho más plural, que no ha hecho sino acentuarse en las confrontaciones electorales posteriores.



José Calvo Poyato es doctor en Historia Moderna
   
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