| |
|
|
|
INICIO > PROVINCIAS > > ARTÍCULOS |
| |
21 de febrero de 2012 |
| |
Carlos Miraz Suberviola |
| |
La Universidad nace con la Transición |
| |
La Universidad de Córdoba, tal y como hoy la conocemos, nació en el año 1972. El Boletín Oficial del Estado publicaba el decreto de su creación el 30 de septiembre y al día siguiente ya iniciaba su primer año académico albergando en su campus tres centros superiores, dos de ellos únicos en la comunidad autónoma andaluza: la Facultad de Veterinaria que impartía unos estudios ya por entonces centenarios y la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos, que, aunque fundada en 1963, fue la tercera de sus características con la que contó la Universidad española. Ellos marcaron, en buena medida, la vocación y especialización agroalimentaria que, desde un principio ha caracterizado a la universidad cordobesa.
Primeros pasos. Bien puede decirse que la Universidad cordobesa nació con la Transición ya que, apenas un año más tarde, la muerte, en diciembre, del almirante Carrero Blanco, se constituía en la fecha usada en la actualidad por buena parte de los historiadores como punto de arranque del proceso que habría de concluir en la promulgación de la Constitución de 1978. De la puesta en marcha del nuevo campus se ocupó una Comisión Gestora presidida por el catedrático de la Facultad de Veterinaria, Francisco Castejón Calderón, ocupando la presidencia del Patronato uno de los hombres más señalados del Régimen, con una amplia trayectoria política, buena parte de ella desarrollada al frente del la Secretaría General del Movimiento, el egabrense José Solís Ruiz. Durante un primer periodo, que puede establecerse hasta las elecciones de rector de 1977, la institución universitaria cordobesa, como no podía ser de otra manera, estuvo marcada, de un lado, por la centralización de poderes que emanaba de las estructuras propias del franquismo y, de otro, por el deseo de apertura democrática reivindicada desde núcleos estudiantiles y grupos de oposición surgidos especialmente dentro del profesorado más joven. Las distintas carencias en materia de personal e instalaciones originaban frecuentes protestas a las que se unía indisolublemente la exigencia de las necesarias estructuras democráticas desde las que abordarlas. En este sentido, el movimiento de los profesores no numerarios (popularmente conocidos como los penenes) se mostró especialmente activo dentro de la universidad cordobesa. Las elecciones de 1977 marcaron un importante punto de referencia para la historia de la institución y de modo especial para su propia transición hacia los primeros estatutos democráticos que no llegarían hasta 1985. La denominada candidatura democrática llevó entonces al catedrático de la ETS de Ingenieros Agrónomos, Alberto Losada Villasante, al cargo de rector y, con él, a los sectores que reclamaban un profundo cambio en la institución y en sus órganos de gobierno.
Tensiones. La oposición de los sectores conservadores, las disensiones entre las distintas corrientes promotoras de la candidatura y entre los propios integrantes del equipo de gobierno, cuestiones corporativas y otras de muy diversa índole, generaron un conjunto de tensiones durante el mandato del profesor Losada que determinarían una profunda división en el seno de la Universidad cordobesa. En ella cabe encontrar el origen de muchos procesos posteriores y de algunas de las singularidades de sus primeros Estatutos. El primer borrador de éstos se elaboró precisamente en este periodo, que también vio el primer Claustro y el funcionamiento de la primera Junta de Gobierno con participación de profesores, estudiantes y personal de administración y servicios. Las dificultades para la puesta en marcha de la Ley de Autonomía Universitaria, contestada en principio por los sectores más progresistas y luego por los más conservadores, acabó haciendo inviable la gestión de Losada y necesaria la convocatoria de nuevas elecciones. Asi, de 1981 a 1984 ocupó el sillón rectoral el catedrático de la Facultad de Medicina Jose Peña Martínez. Durante su mandato proseguirían las tensiones entre los diversos sectores universitarios y las problemáticas derivadas tanto de la ausencia de un adecuado marco legislativo como de las continuas carencias de un campus, aún en proceso de construcción, con un amplio porcentaje de profesorado en precaria situación laboral, falto de instalaciones acordes con su crecimiento y actividad investigadora y con una insuficiente infraestructura administrativa.
Consolidación. Sólo la promulgación, en 1983, de la Ley de Reforma Universitaria, abriría la puerta a un complicado proceso constituyente que, tras diversos avatares e incluso reclamaciones ante los Tribunales, permitiría, en 1985 y ya bajo el mandato rectoral del catedrático de la Facultad de Ciencias, Vicente Colomer Viadel, la redacción y aprobación de los primeros Estatutos de la Universidad. Unos Estatutos que, aunque con amplio respaldo de votos, no llegaron a la mayoría cualificada necesaria para adquirir el carácter de definitivos y que, como provisionales, han regido la actividad de la UCO hasta 2003, tras la entrada en vigor, en 2001, de la Ley Orgánica de Universidades. A esta singularidad la Universidad cordobesa añadía otra, única también en el conjunto de los campus españoles: la de tener el Claustro más numeroso del país al ser todos los profesores miembros natos que llegó a alcanzar la cifra de 1.300 integrantes. La LRU se mostró en Córdoba, al igual que en el resto de España, como un instrumento muy positivo para la consecución de la autonomía y el crecimiento de su Universidad, cuyo definitivo despegue y consolidación se fraguó durante el mandato del rector Amador Jover (1990-98) en el que la UCO adoptó su actual organización en tres áreas, configurándose como una de las universidades españolas de mayor proyección científica y dotándose de una avanzada infraestructura docente, investigadora y de servicios, especialmente en torno al campus de Rabanales.
* Carlos Miraz Suberviola es periodista |
| |
|
|
|
|