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21 de febrero de 2012 |
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Antonio Barragán |
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Sindicalismo y Transición |
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Como es conocido, en la coyuntura del final del franquismo, las expectativas de recuperación de la democracia en España se plantearon sobre la posibilidad de la puesta en marcha de dos proyectos, de dos discursos políticos, reforma o ruptura que defendieron, respectivamente, los sectores aperturistas del régimen, convencidos del irreversible fracaso de cualquier intento continuista, y la oposición democrática, articulada en organismo unitarios, y que progresivamente fue aceptando una posición negociadora lo que iba a terminar dando lugar a lo que cierta publicística denominaría ruptura pactada.
Auténtica ruptura. En el ámbito sindical, sin embargo, las cuestiones se van a plantear sobre otras claves, en la medida en que la naturaleza de los problemas laborales, el conjunto de circunstancias sociales y económicas que convergen en aquella coyuntura, la actitud política y jurídica de la Administración desde el punto de vista de la legislación sindical y, sobre todo, el impacto de la crisis económica que deja sentir con crudeza todos sus efectos, así como, finalmente, la propia trayectoria y situación de las organizaciones sindicales presentes a la salida del franquismo, CC OO, UGT y USO, fundamentalmente, terminan por configurar un panorama complejo que, ciertamente, marcaría el devenir histórico de las relaciones laborales durante el período de la transición democrática. De tal manera que, en el ámbito sindical, sí que se puede hablar de la existencia de una auténtica ruptura con respecto a la situación preexistente ya que, incluso, la instrumentalización que determinados sindicatos (CC OO y USO) hicieron de la representatividad obtenida en las UTT y como enlaces y jurados de empresa en el último de los procesos electorales sindicales del franquismo desarrollado entre junio y octubre de 1975 tuvo un objetivo muy claro: la desnaturalización y el desmantelamiento definitivo de la Organización Sindical Española.
Todo ello no es óbice para que, lo que han venido a denominarse como grandes dilemas sindicales ante la restauración y la consolidación de la democracia en España (modelos de organización y de acción sindical en la empresa, la problemática en torno a la concertación social, las estrategias de los sindicatos mas representativos en el ámbito de las relaciones laborales, etc.), se plantearan con múltiples divergencias, pero también sobre una serie de acuerdos básicos entre las distintas fuerzas sociales y políticas democráticas presentes a la salida de la dictadura, como eran, por ejemplo, el rechazo radical de los esfuerzos desarrollados por Martín Villa en su intento de acomodar la CNS a la nueva coyuntura de cambio político y, sobre todo, el existente en la lucha por la recuperación de las libertades de asociación, sindical, del derecho de huelga, del reconocimiento de la acción sindical en la empresa, etc., en todo caso, enmarcadas en un panorama de lucha por la democratización general del Estado y de la sociedad española.
Factores determinantes. Como para el conjunto del país, los factores determinantes y que caracterizan la transición sindical en Córdoba son, básicamente, los siguientes: a) en primer lugar el importante impacto de la crisis económica en una provincia que presenta unos índices que no hacen sino reflejar las enormes dificultades por las que atraviesa la región andaluza en esta coyuntura (altas tasas de paro, escasez de inversiones productivas, vuelta de emigrantes, debilidad del ahorro, continua destrucción de empleo en los sectores industrial, agrario y servicios, fuerte inflación, etc.) y que, en el bienio 1975/77, sitúan a la provincia en el puesto 40 del conjunto de las españolas en lo referente a renta familiar disponible, en el 45 en el relativo a ingresos per cápita, habiendo perdido peso específico de forma progresiva en lo que respecta a su contribución al PIB, mientras que el desempleo en las diversas comarcas y en la propia ciudad de Córdoba aumenta de forma continua, multiplicándose por 4 entre 1973 y 1975 (51.116 trabajadores desempleados en diciembre de este año) y continuando su curva ascendente durante las décadas siguientes; b) en segundo lugar, la importante competitividad desarrollada entre los dos sindicatos mayoritarios, CC OO y UGT, por ocupar el espacio y recoger la representatividad de los trabajadores, así como por intentar articular modelos y estrategias de acción sindical diferenciados, se decanta en la provincia de Córdoba durante la transición democrática en beneficio de CC OO que, como ocurre en otras andaluzas (Sevilla y Málaga) y españolas, termina convirtiéndose en el sólido movimiento sociopolítico, desde julio de 1976 sindicato, pilar fundamental de la lucha antifranquista. Tanto la llamada práctica entrista que CC OO tiene ocasión de poner en práctica en las últimas elecciones sindicales desarrolladas durante el franquismo, en junio/octubre de 1975, como los posteriores procesos electorales habidos hasta 1982 refuerzan lo que planteamos, además de poner de manifiesto las dificultades en la articulación de una tercera fuerza sindical (CSUT, USO, SU, etc.) en la provincia que, difícilmente, logra mínimas cuotas de representatividad.
Sindicalismo cordobés. Finalmente y desde otra perspectiva, hacer alusión a dos consideraciones de no menor interés y que también en Córdoba, como ocurre en la mayor parte del país, resultan significativas: por una parte a las relaciones partidos/sindicatos que, de alguna forma, determinaron las estrategias de acción, los alineamientos de estos últimos y que, con frecuencia, se convirtieron en fuente de importantes discrepancias a las que no fueron ajenos a los intereses coyunturales de los partidos. Y ello desde la propia firma de los Pactos de la Moncloa, en octubre de 1977, hasta los posteriores acuerdos de concertación (Acuerdo Básico Interconfederal de julio de 1979, el Acuerdo Marco Interconfederal de enero de 1980 o el Acuerdo Nacional del Empleo de 9 de junio de 1981), así como a la posición de los sindicatos mayoritarios en el debate de algunos de los textos claves en la evolución de las relaciones laborales (Estatuto de los Trabajadores de 1.980, la Ley Básica del Empleo o, mas adelante, la propia Ley Orgánica de la Libertad Sindical).
Y en segundo lugar, aunque, en definitiva podamos caracterizar mayoritariamente el sindicalismo cordobés durante la transición democrática como un sindicalismo moderado, de negociación y bastante bien vertebrado, cuestión ésta vinculada al nada despreciable papel jugado por los despachos laboralistas, hay que dejar constancia de la existencia de importantes y significativos conflictos, tales como los que afectaron a dos de los sectores más combativos del movimiento obrero en aquella coyuntura: la construcción, que en los primeros meses de 1976, sostiene una importante huelga que se mantiene posteriormente de forma intermitente y que logra un enorme impacto en la ciudad de Córdoba consiguiendo movilizar al importante sector de los desempleados y el metal, tanto en las dos grandes empresas de la ciudad (Secem y Westinghouse), como en otras de menor entidad, conflictos éstos mantenidos en los diferentes procesos de negociación de sus respectivos convenios colectivos; los nombres de Manuel Rubia, Francisco Povedano, Ildefonso Jiménez, Alfonso Nieto, Antonio Amil o Francisco Ferrero (CC OO), los de E. Fernández Cruz, Francisco Elías o los hermanos Manuel y Gregorio Monje (UGT), de Ortiz Atenciano (CSUT) y tantos otros estarán para siempre vinculados a la trayectoria del movimiento obrero cordobés en la coyuntura de la Transición, es decir, al activo protagonismo, en este caso desde el ámbito sindical, en la recuperación de la democracia.
La evolución de la representación sindical en lo que respecta al número de delegados en Córdoba en los diferentes procesos electorales entre 1978 y 1982 es la siguiente:
Años 1978 1980 1982
Centros 812 810 Trabajadores 37.034 32.870 CC.OO. 1.028 888 808 U.G.T. 533 573 679 U.S.O. S/d 54 28 Independientes 189 349 104 Varios 9 93 CSUT 11 3 S.U. 1 C.G.T. 6 Total 2.131 1.867 1.717
Fuente: Datos ofrecidos por el IMAC, publicados en el BOE (14-IV-1981 y 16/III/1983). Para los resultados de 1978, varias fuentes (El País, Gaceta de Derecho Social, Cambio 16, etc.).
Antonio Barragán es profesor de Historia Contemporánea
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