Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  21 de febrero de 2012
  María Olmo
  Emprendedores y agentes sociales
  La Córdoba de finales de los setenta era una sociedad profundamente tradicional, con predominio de los grandes capitales agrarios y fuertes diferencias sociales que, acalladas durante los años de la dictadura, habían empezado a originar protestas a finales de los sesenta. La capital, que hoy es, sobre todo, una ciudad de servicios, tenía un fuerte componente industrial, con la Sociedad Electromecánica, que empleaba a miles de obreros, Cenemesa, la lechera Colecor, firmas importantes de platería y fábricas aceiteras. En la provincia, las azucareras de El Carpio y Villarrubia (hoy cerradas), así como las minas de Encasur, configuraban los principales focos de actividad industrial.

Empresarios con nombres propios.
Junto a las familias agrarias, empezaban a predominar grandes nombres de empresas familiares que impulsaron las industrias locales, como es el caso de la saga fundada por Baldomero Moreno Espino, con actividad aceitera y maderera, fundamentalmente, pionera en la exportación y que hoy está por su tercera generación, las grandes firmas bodegueras de Montilla, como Alvear o Pérez-Barquero, o la familia Pérez Giménez, industria farmacéutica que hoy se mantiene en expansión con los productos Cuve y el conocido Calmante Vitaminado. La familia Lovera, con su harinera de la Rambla y numerosos negocios que abarcan desde la industria hasta las yeguadas de caballo pura sangre de raza española, fue, a través de Enrique Lovera Porras (ya fallecido), una de las más influyentes en este periodo.

La constructora Prasa, que hoy es la primera de Andalucía, daba sus primeros pasos de la mano de José Romero, y la familia Sánchez-Ramade expandía su negocio de cines hacia otros sectores bajo la mirada de águila de su patriarca y presidente, Eugenio Sánchez-Ramade. La familia Molina Serrano, con Carlos Molina al frente, se afianzaba como primera distribuidora farmacéutica de Andalucía, y Juan Millán reunía el negocio automovilístico y el hotelero, con el emblemático hotel Gran Capitán. José García Marín empezaba a convertir su restaurante El Caballo Rojo en un referente gastronómico, y el fallecido Ricardo Delgado Vizcaíno sentaba las bases de la que hoy es una de las cooperativas ganaderas más importantes de España, Covap (Pozoblanco), presidida por Tomás Aránguez. El joyero Rafael Gómez inicia lo que hoy es un imperio joyero e inmobiliario, con RGS y Arenal 2000. Otras firmas, como Carbonell, mantienen la marca, pero ya bajo el control de grandes grupos.
Son nombres y empresas de la Transición, de los que la mayoría perviven hoy en posiciones de influencia, y que en los setenta configuraron los cambios de la sociedad cordobesa. Fue precisamente Enrique Lovera el que promovió, en 1977, la constitución de la Confederación de Empresarios de Córdoba (CECO), de la que fue el primer presidente. Lovera, figura muy respetada, cedió el testigo a Manuel Romón, que en 1978 se convirtió en el primer presidente de la patronal cordobesa. A Romón le tocó vivir, igual que a su sucesor, Juan Vidal, los años en los que la figura del empresario se asimilaba a los calificativos de ‘explotador’ y ‘especulador’. El empresario estaba desprestigiado, y las relaciones con los sindicatos eran difíciles. Y es que, desde que en 1968 se hizo la primera manifestación obrera de la posguerra en Córdoba (apenas 200 trabajadores en la plaza de Las Tendillas, y se saldó con varias detenciones), los sindicatos, especialmente Comisiones Obreras, cobraron una fuerza e implantación que obligó a los empresarios a cambiar sus planteamientos y a organizarse.

Los sindicatos.
Las Comisiones Obreras de Córdoba se constituyeron en marzo de 1977, en el transcurso de una asamblea celebrada al aire libre en la finca La Palomera después de que los trabajadores fuesen desalojados de un local que les había cedido el empresario del comercio Antonio Deza en la avenida de Granada. Construcción, metal y campo eran las áreas fuertes del movimiento sindical (de hecho, los tres secretarios generales de CC OO de Córdoba, Manuel Rubia, Juan Jiménez Costilla y Francisco Ferrero, proceden de las grandes empresas del metal), y las protestas, encierros y manifestaciones más o menos perseguidas se sucedieron durante esos años convulsos, con el apoyo de abogados laboralistas y del foro cultural Círculo Juan XXIII.
Ya en los años ochenta del pasado siglo, de fuertes tensiones laborales en Córdoba, dado que cerraron numerosas fábricas, las relaciones entre sindicatos y empresarios empezaron a adquirir un tinte de normalidad y cierto diálogo. CECO se consolida y crece en las etapas de José Luis Vilches (1984-1986 y 1992-1997), Francisco Román (1996-1992) y Luis Carreto (a partir de 1997). A mediados de los noventa, CECO es ya una organización que ofrece múltiples servicios, que participa en todos los foros institucionales y que contribuye a la difusión de una imagen del empresario como emprendedor que beneficia a la sociedad. En cuanto a los sindicatos, CC OO y UGT se configuran como las principales fuerzas, con la ascensión de UGT al primer puesto en cuanto a representatividad y largos mandatos de sus dirigentes (en UGT también ha habido en este periodo sólo tres secretarios generales, Emilio Fernández, Rafael Toledano y Jesús Comino), y su acción va haciéndose más fuerte en la Administración y sector público a medida que pierden fuelle otras actividades productivas.
De hecho, en la Córdoba actual no llegan al centenar las empresas con más de 100 trabajadores, con lo que la acción sindical se dirige más hacia la administración y hacia la prestación de servicios de todo tipo. De revolucionarios, a organizaciones dialogantes y de consenso, al igual que los empresarios han pasado a convertirse en emprendedores, dado que la pyme configura el 90% de la actividad empresarial cordobesa, en la que el sector industrial despierta a través de las industrias agroalimentaria y del mueble, mientras la joyería experimenta cambios profundos para afrontar una nueva crisis.


* Maria Olmo es periodista
   
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