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21 de febrero de 2012 |
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Rafael Aranda Tamayo |
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La bandera andaluza en El Arcángel |
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Apoyada sobre la valla publicitaria que se extendía a lo largo de la zona de preferencia del ya desaparecido estadio de El Arcángel, aquel símbolo autonomista no había pasado desapercibido pese a su concordancia con los colores del Córdoba Club de Fútbol, el propietario, en usufructo, de la instalación. Era una pancarta de entre 15 y 20 metros instalada por unas manos anónimas, comprometidas con el movimiento pro andalucista con el que se alcanzó aquel 28 de febrero de 1977.
Gesto valiente y anónimo. Escasas horas antes de la histórica jornada, siete partidos políticos habían presentado la documentación para su inscripción en el Registro de Asociaciones Políticas del Ministerio de Gobernación. Junto al Partido Socialista de las Islas en Menorca o el Movimiento Socialista de Ibiza y Formentera, había tomado curso legal el Partido Social Liberal Andaluz promovido por el profesor Manuel Francisco Clavero Arévalo. Ocurrió 48 horas antes del 28-F. El emergente latido del andalucismo se propagaba por las ocho provincias de la comunidad. El 28 de febrero de 1977, la bandera blanquiverde ondeó por primera vez en el edificio de la Diputación Provincial de Sevilla, junto a la insignia nacional. Una semana antes había sido izada en el Ayuntamiento de la capital hispalense, donde lucía, también, por primera vez. La Corporación Local de Jaén, con sólo cuatro votos en contra, aprobó 24 horas antes de aquel 28-F la presencia de la enseña andaluza en su consistorio. Sin embargo, esa corriente autonomista no había alcanzado aún a Córdoba con rango de oficialidad. El 27 de febrero, sólo la bandera nacional lucía en la balconada principal del edificio del Ayuntamiento en la calle Pedro López y en los mástiles del Palacio de la Merced, sede de la Diputación. No hubo ningún edicto oficial que proclamase aquella efeméride como una jornada para el reconocimiento autonómico. No hubo reivindicación autonómica. Los símbolos, en Córdoba, permanecían en el olvido para los órganos institucionales. Pero la blanquiverde lució por primera vez en la capital. Lo hizo valiente, expuesta a los ojos de las 20.000 personas que la tarde del 27 de febrero se citaron en el estadio municipal de El Arcángel con el reclamo de un clásico autonómico, el partido del Campeonato de Liga de Segunda División A que diputaron el Córdoba CF y el Real Jaén. En el palco de autoridades, el alcalde de la ciudad, Antonio Alarcón Constant, y el presidente del club blanquiverde, Ricardo Mifsut Vizcaíno, autorizaron, con pasividad, la manifestación pública de aquella alargada bandera con un lema a todo lo ancho: Andaluz, vota por Andalucía. Bajo el mismo anonimato con que fue extendida en la grada de preferencia, la bandera blanquiverde fue plegada en El Arcángel tras empatar Córdoba CF y Real Jaén a un gol. Operarios de la instalación recogieron la enseña sin que nadie reclamase su propiedad. La primera insignia andaluza que se exhibió en Córdoba un 28 de febrero desapareció como apareció, bajo mutismo. El diario Córdoba, entonces diario regional del Movimiento, no dedicó un solo cícero de papel en su edición del día después a la exhibición de la blanquiverde en el coso deportivo, y aquella reivindicación autonómista hubiera pasado desapercibida de no ser porque los 20.000 espectadores de aquel Córdoba-Jaén fueron testigos de cómo el prólogo de un partido de fútbol había activado la mecha andalucista.
Recuerdo luctuoso. Sucedió en un El Arcángel que años atrás, en abril de 1964, lloró también una de las tragedias de mayor calado en la sociedad cordobesa. El 26 de abril de 1964, el autobús de Aucorsa que efectuaba el servicio especial entre la Plaza de José Antonio y el estadio se precipitó sobre el pretil del Guadalquivir para caer al lecho del río. Once de sus trece ocupantes perdieron la vida en un accidente que consternó a toda la ciudad, que se manifestó en el duelo por las víctimas que presidió el príncipe Juan Carlos en su primera visita oficial a Córdoba. Era el último autobús que efectuaba el servicio antes del encuentro de Primera División que disputaron el Córdoba CF y el Levante, que concluyó con una triste victoria blanquiverde por 4-0 que certificó su permanencia en la máxima categoría. El autocar lo conducía Wenceslao Gracía Lorenzo Arroyo, considerado como uno de los más expertos chóferes de la compañía Aucorsa. El vehículo realizó su habitual parada en la Cruz del Rastro, donde se apeó una mujer y se subieron tres personas más. En total eran 13 los ocupantes, incluidos el chófer y el cobrador. Una vez reanudada la marcha, el autobús tomó la curva del paseo de la Ribera y cuando seguía camino recto dio un violento viraje hacia la derecha, precipitándose sobre el río tras derribar el pretil. Sólo salvaron la vida el cobrador, Miguel Espinosa Priego, que agradeció la vida a una estampa de la Virgen Milagrosa que ya escasos meses antes le acompañó en un aparatoso accidente de moto del que salió ileso; y José Vázquez Fernández, quien pudo escapar de la tragedia a través de una ventana rota, pero abierta a la vida.
* Rafael Aranda Tamayo es periodista |
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