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21 de febrero de 2012 |
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Rosa Aguilar |
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"Que llenan nuestro universo" |
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No fue un camino fácil el de la Transición. No lo fue en ninguna parte de España y tampoco lo fue en Córdoba. El camino de la Transición costó esfuerzo colectivo, costó sudor y, en algunas ocasiones, costó vidas. Por eso conviene, aunque sea con motivo de estos 25 años de celebración de nuestra Constitución, recordar y dejar huella de ese afán de todos los españoles por salir de los años negros de la dictadura y enfrentarse a un nuevo camino de libertad. La memoria es siempre buena, no para el resentimiento ni la nostalgia, sino para dejar constancia de lo sucedido, para impedir nuevos errores y para que los que no vivieron aquellos años, sepan que las cosas tienen siempre unas causas y que este hoy es el heredero de un pasado y salto hacia un mañana mejor.
Recuerdos. Resulta difícil resumir en unas páginas los nombres de los hombre y mujeres que hicieron posible la democracia. Se corre el riesgo de dejar en el olvido a muchos de ellos. Pero ¿cómo olvidar a Rafael Sarazá, Pepe López Gavilán, a nuestro Filomeno Aparicio, Aristóteles Moreno, Carlos Castilla del Pino o Ernesto Caballero que, allá, a primeros de los setenta mantuvieron encendido el ansia del cambio?
De aquellos tiempos, además de los años ¡ay! ya vividos de nuestra juventud, nos quedará siempre el recuerdo de José Luis Fernández de Castillejos, de, Joaquín Martínez Bjorkman, Balbino Povedano o Antonio Luque, de los sindicalistas de CC OO Manolo Rubia, Rafael García Contreras, Laureano Mohedano y a familias tan significativas como los Grande y los Amil, entre otras, que tuvieron la valentía de arriesgar su libertad y apostar por un futuro más justo libre y solidario. También hemos de recordar a barrios tan emblemáticos en la lucha contra la dictadura, como Cañero, de donde salió el principal germen de la Juventud Comunista y fue el embrión de la participación ciudadana en nuestra ciudad. Y jamás agradeceremos bastante las cordobesas y cordobeses el papel que desde 1963 realizó el Club Juan XXIII, trayendo con sus conferencias y recitales un aire fresco de libertad a la ciudad. O el ardor con que el movimiento vecinal luchó por que cambiaran las cosas.
Ahora, tantos años después, es imposible olvidar aquellas manifestaciones convocadas por la Junta Democrática de Enseñanza en la que, por cierto, militaba nuestro Julio Anguita y la Junta Democrática de Sectores, Universidad, sindicatos, estudiantes. Una manifestación que intentó llegar a Tendillas y acabó en la calle Sevilla con numerosas detenciones. O la otra gran manifestación, disuelta por la Policía, con varias personas heridas en el Jardín del Alpargate. Es difícil también que podamos olvidar las detenciones que se produjeron en la huelga de autobuses de 1971, cuando cayeron gentes como el doctor Balbino Povedano, hoy presidente del CES. Fue, además, aquella protesta un buen ejemplo de solidaridad. Recuerdo a Paco Natera que montó una red de coches particulares que recogían a la gente para trasladarla al trabajo y pudiera así secundar la huelga de autobuses.
Cuántos hombres y mujeres se quedan en la memoria. Porque toda la Transición en Córdoba fue un trabajo de todos. Un esfuerzo solidario. Esa solidaridad que se demostró con las protestas por los detenidos. Detenidos y torturados. Como Pepe Villegas, torturado en comisaría y de los primeros que consiguió llevar a los tribunales a su torturador. Aquel policía de la siniestra Brigada Político Social fue condenado por faltas, pero lo importante era que se reconocieran por un juez los malos tratos recibidos.
Ana María, torturada... Yo militaba en el PCE, desde muy joven. En Córdoba no se olvida la caída del año 1971, las condenas al secretario general del PCE, el histórico Enrique Rodríguez Linares, Antonio Grande o Germán Ramírez. Pero si hay que dejar constancia de la memoria, hay que hablar de nuestra compañera Ana María, torturada durante 28 días con las peores humillaciones y escarnios, que fue capaz de mostrar una fortaleza y convicciones dignas del mayor elogio.
No. No fue un camino de rosas la Transición en España. No lo fue en Córdoba. Pero no fue un esfuerzo inútil. Hoy podemos celebrar la Constitución, hablar en libertad, salir a la calle sin miedos. Aunque quede todavía tanto por hacer.
Para mí, personalmente, tanto esfuerzo, tanto trabajo tuvo un colofón emocionante: en 1976 se repartieron los primeros carnés legales del PCE. Había en Córdoba 4.000 afiliados y 2.000 más en las Juventudes Comunistas. Fueron hombres y mujeres que habían ido preparando un camino distinto, abriendo brecha entre sufrimientos y generosidad. Por ellos, por los nombrados y por los que no ha sido posible meter en estas líneas, yo reivindico la memoria para hacer del pasado un mañana más justo, un mañana de paz y libertad.
Hay un poema de José Hierro que resume muy bien estas ideas. Escribía el poeta:
Pero hay cosas que no mueren y otras que nunca vivieron. Y las hay que llenan todo nuestro universo. Y no es posible librarse de su recuerdo.
Creo, yo también, que esas cosas llenan nuestro universo y que no podemos ni debemos librarnos del recuerdo.
Rosa Aguilar es ex alcaldesa de Córdoba |
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