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27 de febrero de 2012 |
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José Cejudo Sánchez |
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Huelva, un modelo de transición |
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Transcurridas ya tres décadas desde los inicios de la transición a la democracia, la Huelva de aquellos años se nos presenta como una provincia que despierta de un largo sueño de más de cuarenta años. Es una provincia aislada, tanto geográfica como culturalmente, poco crítica ante unos poderes que apenas se han preocupado por ella, que ha sufrido una emigración importante y que está viendo como sus riquezas clásicas, de siglos minería, pesca, agricultura extensiva- inician un importante declive. Es una provincia que está demasiado aislada de Madrid y el franquismo la tiene en un permanente olvido. Es un sueño en la lejanía.
Y el despertar es brusco. Lo causa sobre todo el rápido crecimiento del polo industrial, levantado a las puertas de la capital provincial, que aporta empleo y contribuye a un rápido cambio de mentalidades y a la aparición de un movimiento obrero organizado, independiente del viejo sindicalismo minero y del mundo de los pescadores. Es un cambio económico y social que transforma la cara de su capital, a la que le nacen rascacielos y chabolas con la llegada de población flotante, anuncio de lo que años más tarde sería la inmigración.
La rapidez del cambio, y la importancia de la crisis industrial que golpea coincidiendo con la delicada Transición política, no impide que el deseo de cambio en paz se exprese una y otra vez en esos años, entreverado también, como se verá en 1980 y 1981, de la aspiración a una autonomía política real. Huelva acude a las urnas en masa, se manifiesta y expresa sus aspiraciones o sus protestas pacíficamente, elige diputados, senadores, alcaldes, concejales, y configurar parlamentos, diputaciones, ayuntamientos democráticos.
Huelva se reencuentra con la democracia, mientras recupera muchas señas de identidad que fueron solapadas durante la dictadura. Y llega además silenciosa pero eficaz, nacida de sus propios agricultores, que crean cooperativas y canales de distribución, la revolución de la fresa, que impulsará una profunda renovación agraria y que hoy constituye una de las principales fuentes de riqueza de la provincia.
Vista con esa perspectiva de los intensos años transcurridos, podemos sentirnos legítimamente orgullosos del cambio hacia la democracia y de cómo se produjo, con independencia de la espontaneidad o la improvisación que pudiera tener en algún aspecto. Como se ha escrito hicimos camino al andar y Huelva, con todo el vigor de una renovada ilusión por ser libres, con aquella sintonía que marcó muchas de nuestras vidas: libertad sin ira y darnos la democracia tan largo tiempo esperada. Y es legítimo rescatar nombres que estuvieron en primera fila, pero también, protagonistas silenciosos; hombres y mujeres que aportaron su ilusionado y decidido grano de arena en aquella coyuntura, quizá el mayor valor de las páginas que siguen sea precisamente recordarnos a tantos de ellos. Fueron años intensos, en los que Huelva, como toda España, supo estar a la altura de lo por lo que la mayoría del pueblo español había luchado.
En estas páginas se da fe de que la democracia no nos fue regalada, sino que hubo que pelearla día a día, de ahí el valor que hay que darle y, sobre todo, para que las generaciones que ya viven en libertad y democracia tengan constancia de que no todo fue tan fácil.
*José Cejudo Sánchez es Presidente de la Diputación de Huelva. |
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