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27 de febrero de 2012 |
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Antonio Checa |
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Paro y emigración |
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El inicio de la Transición coincide con una fuerte crisis económica en toda Europa, desencadenada en el otoño de 1973 a raíz de la nueva guerra árabe-israelí, popularmente conocida como de los siete días, y el posterior encarecimiento del precio del petróleo. A España y a Andalucía la crisis llega con unos meses de retraso, pero no deja de sentirse ya con fuerza en 1974, en especial precisamente en Huelva.
En efecto, para Huelva esa crisis tiene un triple significado. Por un lado supone el cierre de la espita de la emigración, que había permitido en los tres lustros precedentes aliviar el paro en todo el interior provincial y en la propia capital antes de la construcción del Polo Industrial. Comienza incluso un tenue regreso desde Centroeuropa y Cataluña. Pero además, la crisis del petróleo es en esencia industrial y Huelva, que tiene ya a la altura de 1973-1974 uno de los sectores industriales más fuertes de Andalucía, pero además un sector muy volcado a la exportación, como es la petroquímica, siente con especial intensidad y rapidez la crisis internacional. La coyuntura no ayuda tampoco a un sector minero que comienza a sentir los primeros síntomas de un rápido declive.
Se une además la incierta evolución del sector primario, con la crisis de la pesca por los apresamientos de embarcaciones y el paulatino abandono de los caladeros marroquíes mientras la revolución de la fresa asoma sólo muy tímidamente y hacia el final del periodo.
Eso explica que si bien la crisis del empleo es general a toda Andalucía, tenga especial incidencia en Huelva, que si el año en que muere Franco apenas aporta un modesto 4% del desempleo andaluz, supere el 6% en 1978-1980, mientras retrocede la población activa. Cumple, no obstante, subrayar que, aunque aumenta notoriamente el desempleo, Huelva se mantiene en general por debajo de lo que representa su población dentro de Andalucía en estos años (6,6%).
Pocas mujeres trabajadoras. Rasgo del empleo en Huelva en estos años es la bajísima presencia de la mujer. En estos años el porcentaje de mujeres que trabajan en la provincia no supera siquiera el 20%, en algún año es incluso el nivel más bajo de toda Andalucía y uno de los más bajos de España, aunque tiende a ir mejorando. En efecto, ni la nueva industria, ni la pesca ni por supuesto la minería aportan empleo a la mujer en cantidades apreciables e incluso la presencia de la mujer en la agricultura o los servicios es un muy baja. En 1974 apenas 10.800 mujeres de Huelva tienen trabajo estable, aunque esa cifra irá creciendo desde entonces de forma apreciable.
A la altura de 1975 el porcentaje de onubenses que trabajan en la agricultura es uno de los más bajos de Andalucía, aunque supera al de sus vecinas Sevilla y Cádiz. Por el contrario, el empleo en la industria en Huelva es porcentualmente el más alto de Andalucía, un 23,1%, y lo seguirá siendo, pese a la aludida crisis del sector, durante toda la Transición. La construcción se muestra también por encima del promedio andaluz e incluso del promedio español y se mantiene aceptablemente en estos años, siendo muy llamativo el aumento de importancia del sector servicios, muy bajo en 1975, pero cercano al promedio español en 1980.
Un estudio colectivo publicado en 1981, Estructura del Empleo y del Desempleo en España. Especial consideración del caso andaluz, dirigido por Francisco Mochón, aporta algunas cifras significativas sobre la evolución del desempleo en la provincia en estos años, hasta 1980 inclusive. Se destaca el aumento del paro industrial, año tras año, e influido por ello también el de la construcción, mientras los otros sectores muestran una situación más irregular, aunque con tendencia al aumento, rasgos que se mantienen en los años siguientes, aunque comienzan a cambiar en 1983. Entre 1975 y 1980, sólo en esta última fecha el número de empleos creados supera al de los que se destruyen, siendo especialmente duro el año 1979 se pierden 5.500 empleos, año de lo que se llamará la segunda crisis del petróleo.
En 1975 o 1980 trabajan en torno a los 125.000/128.000 onubenses, es decir, apenas tres de cada diez ciudadanos, o cuatro, si no se contabilizan los menores de edad. |
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