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27 de febrero de 2012 |
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Francisco Orta |
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Un camino nada fácil |
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La transición sindical comienza en Huelva, como en el resto del país, con la legalización de los sindicatos. Andrés Guerrero y Jaime Montaner fueron los encargados de registrar la Unión Provincial de Huelva de la Unión General de Trabajadores el 27 de abril de 1977, justo un día después de su registro en Madrid. Esto no quiere decir que el movimiento obrero estuviera muerto con anterioridad a estas fechas, no era el caso. Previo a la promoción industrial, la provincia de Huelva era una sociedad eminentemente rural con un nivel de vida muy bajo de jornaleros y pequeños propietarios que daba lugar a un éxodo rural dentro de los limites de la provincia, fuera de ella y al extranjero. La tradicional riqueza minera está explotada por compañías extranjeras que exportan los beneficios dejando en las cuencas mineras no más que unos exiguos salarios y conciencia de clase.
Llega la industria. La declaración de Huelva como Polo de Promoción Industrial primero y más tarde Gran Área de Expansión de Andalucía propicia la industrialización y la puesta en valor de las abundantes materias primas disponibles. La ubicación de una fuerte industria química en la zona de la Punta del Sebo favorece el sector de la construcción y los servicios. Huelva crece y se desarrolla. Con el crecimiento y el desarrollo industrial de los años 70 llega el resurgir sindical y político de la provincia. Aprovechando la concentración de mano de obra en los recintos fabriles, las organizaciones políticas y sindicales comienzan a ganar adeptos, a plantear reivindicaciones sociales y económicas y a generar conflictos, las más de las veces enmascarados de las más diversas formas. Los despachos laboralistas de la época, especialmente el liderado por Carlos Navarrete, son tapadera de la incipiente organización del movimiento obrero. En esta época sale la UGT de la clandestinidad y de forma más o menos abierta comienza a organizarse aunque todavía con el riesgo de detención de sus militantes hasta que la ley 19/77 da vía libre a la legalización. Pero no sólo la UGT encuentra un terreno propicio. Las ansias de libertad y participación son también un terreno abonado para activistas sindicales de todo tipo que comienzan organizando comités de fábrica y cajas de resistencia que luego serían aprovechadas para fidelizar a los trabajadores e integrarles en determinadas organizaciones sindicales. Es tal el deseo de participar activamente, o quizá tanta la incertidumbre que provoca la desaparición del sindicato vertical, que las organizaciones sindicales son incapaces de controlar la avalancha de afiliaciones que se les viene encima, menos aún controlar el cobro de las cuotas o dar respuestas adecuadas a la multitud de conflictos y a las expectativas de los trabajadores en aquellos momentos. El primer Congreso Provincial de la UGT tuvo lugar en 1978. Después de la legalización procedía adecuar las estructuras a los nuevos tiempos, organizando las Uniones Locales y los Sindicatos Sectoriales, y elegir a quienes habrían de dar el salto cualitativo de institucionalizar la presencia del sindicato y establecer un marco de relaciones laborales que permitiera avanzar en la mejora de las condiciones de trabajo, especialmente en la seguridad y los salarios. Una tarea nada fácil que recayó sobre las espaldas de un equipo compuesto por Aurelio Barreda, Amalia Periáñez, Luis Ramos, Tomás Seisdedos, Víctor López Barella. Juan Vázquez, Antonio Luna, M.J. Pastor, Cristina Portillo, José Mª Díaz y Juan M. Rodríguez.
El asentamiento. Y no resultó fácil. La escasez de medios materiales hacía inviable, en la práctica, muchas de las aspiraciones y reivindicaciones de los compañeros. Pero el esfuerzo personal y el sacrificio de algunos fue posibilitando el avance y permitiendo que la organización se asentara desde Ayamonte a Encinasola, de Almonte a Arroyomolinos de León, pasando por la Costa, el Andévalo, el Condado y la Sierra; la UGT pudo organizarse en toda la provincia gracias a la inestimable aportación de entrañables compañeros: Miguel Romero, José A. Muñoz Pedrero, Celestino Lobo, Juan Pecellín, Juan Caro, García Correa, Agustín Romero, Manolo Coronel, Juan González, Juan Rodríguez Cruz, Juan Flores, los hermanos Antonio y Rafael Salguero y muchos, muchos otros que harían de ésta una relación interminable. En paralelo al asentamiento de la UGT en la provincia se procedía a la constitución de los sindicatos provinciales: Metal, Artes Gráficas, FETE, Transportes, Minería, Química, Construcción, FTT fueron las primeras en constituirse para responder a las demandas sectoriales. Articular una negociación colectiva provincial con marco estatal o sin él planteaba el problema de la interlocución, el reconocimiento de las partes como interlocutores válidos. Había que institucionalizar la negociación como la vía adecuada para la resolución de los conflictos, nada más y nada menos y en unos momentos en los que las organizaciones políticas instrumentalizaban la agitación sindical como estrategia para conseguir espacio político. Efectivamente, la vinculación de las organizaciones sindicales con los partidos políticos, UGT y PSOE, CC OO y PCE, SU y ORT, es evidente. Se comparten militancia y responsabilidades políticas y sindicales y la situación lleva a la discrepancia pública e incluso a enfrentamientos en los centros de trabajo. La defensa que hace UGT de las secciones sindicales de empresas frente a la defensa de los comités de empresa que hacen otros, aumenta esta lucha por los espacios y la representación. Y mientras esto sucede, UGT continúa su tarea organizativa, pone en marcha un Plan de Trabajo que le permite mejorar significativamente su presencia en la provincia, edita su propio boletín informativo Opinión, enfrenta conflictos como Cartonajes Onubenses, Aragonesas, Astilleros, Minas de Cala, La Colla y Celulosas, celebra su III Congreso Provincial y se apresta a participar en las elecciones sindicales. El III Congreso se celebra en Punta Umbría los días 3 y 4 de mayo de 1980 y elige un equipo de dirección, compuesto por Tomás Seisdedos, Paco Orta, Pepe Ponce, Antonio Raimundo, Juan Grávalos y Rafael Martínez, entre otros. Este equipo contribuye de forma significativa a consolidar a la UGT como sindicato mayoritario en la provincia de Huelva. Las elecciones sindicales de éste año otorgan a UGT más del 50% del total de los delegados elegidos y una mayoría amplia en la minería, la industria, la construcción y la agricultura.
Sindicalismo y política. La representación mayoritaria de la UGT en prácticamente todos los sectores productivos y su presencia en casi la totalidad de los pueblos de la provincia aumenta su influencia y la de sus representantes quienes, en ocasiones, no pueden discernir entre la actuación sindical y la política. O pasan al campo político abandonando las tareas sindicales. Huelva no escapó a este proceso. Las tensiones entre UGT y PSOE crecen mientras aumentan las disputas por parcelas de poder. Así se llega a septiembre de 1981, fecha en la que la falta de acuerdo sobre quiénes han de representar a los socialistas onubenses en el XXIX Congreso Federal obliga a elegir entre dos propuestas, la oficialista, encabezada por Carlos Navarrete, y la avalada por los ugetistas, encabezada por Antonio García Correa. La victoria de la lista ugetista provoca la dimisión en bloque de la ejecutiva del PSOE y da lugar a la constitución de una comisión gestora que encabezaría Pepe González Gastañaga. Hasta que, por fin, se llega al acuerdo Seisdedos-Navarrete transcurren meses de tensión que sufren ambas organizaciones. 1982 es un año marcado por las Elecciones Generales y, en el ámbito sindical, por el conflicto de Cala. El cierre de Minera del Andévalo trae consigo una dura lucha que haría escuela. Tras conocerse la posibilidad existente de peletizar el hierro que puede extraerse y la posible inversión a realizar, alrededor de veinte mil millones de las antiguas pesetas, se genera una ilusión colectiva que hace inútiles todos los intentos del gobierno Calvo Sotelo para parar las acciones de los trabajadores. Por aquellas fechas, todos los lideres políticos y sindicales, desde Nicolás Redondo a Felipe González, pasando por Alfonso Guerra o Rodríguez de la Borbolla, visitan a los hombres y mujeres de Cala. Con el triunfo electoral del PSOE, la provincia de Huelva pasa a convertirse en un feudo socialista rentabilizando en buena parte la labor organizativa que la UGT había desarrollado. El gobierno socialista cumple sus promesas y se pone en marcha la planta de Presur, aunque desgraciadamente el proyecto ni dio los empleos ni duró el tiempo que se auguraba. El congreso de 1983. 1983 trajo consigo un nuevo Congreso Provincial. El IV Congreso de la UGT de Huelva elaboró una serie de resoluciones y eligió a un equipo que marcó de manera significativa el quehacer y la acción sindical en la provincia. De una parte, el compromiso de la Comisión Ejecutiva de no silmutanear cargos de responsabilidad en el partido y el sindicato marcaba una nueva etapa y establecía libertad e independencia en la acción sindical, de otra, la elección de un equipo homogéneo, que ha durando doce años con pequeños cambios, dio a la organización una estabilidad y continuidad en el trabajo muy positivo para el movimiento obrero en su conjunto. El equipo lo conformaron Paco Orta, Paco Vélez, Antonio Raimundo, Javier Vila, José Luis García, Antonio Pereira, Domingo Moreno, Antonio García y Juan M. Rodríguez. El talante de la nueva dirección mejora sensiblemente las relaciones con CC OO y permite avanzar en la idea de la puesta en común de plataformas y acciones sindicales conjuntas que, no sin dificultades, termina imponiéndose. La promulgación del Estatuto del Minero en diciembre de este mismo año y la posterior baremación es de enorme interés para nuestra provincia en la medida que va a permitir una salida beneficiosa para muchos mineros que van sufriendo la reducción de las plantillas o el cierre de las minas. Con las elecciones generales de 1982 y el IV Congreso Provincial de la UGT podemos afirmar que termina la transición política y sindical en la provincia de Huelva. A partir de esos momentos comienza un nuevo ciclo en el que cambian no sólo los interlocutores, también las formas y estilos. Y sin perder de vista el empleo y las condiciones de trabajo, la UGT amplía su marco relacional y se preocupa por problemas que afectan a los trabajadores como consumidores y ciudadanos.
*Francisco Orta fue secretario provincial de UGT. Huelva. |
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