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27 de febrero de 2012 |
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José González Gastañaga |
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Del destierro de Madrid por Huelva |
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15 de junio de 1977. Con las elecciones generales en España ha comenzado el cambio.El PSOE me ha presentado candidato a senador por Huelva. Ha concluido la campaña electoral. Hemos recorrido la provincia haciendo campaña, hemos hablado claro; parece mentira tras tantos años de silencio obligatorio que hemos padecido. Miro hacia atrás. Me veo en el aviador republicano que fui; recuerdo el desastre de 1939, la derrota, la cárcel, las palizas, los malos tratos, mi condena a 12 años y un día, por auxilio a la rebelión. (¡Qué sarcasmo! ¿quién se rebeló?). Mi peregrinación por tantas cárceles, las monstruosidades presenciadas y sufridas. Mi puesta en libertad, pero, sorpresa, me consideran peligroso en Madrid (yo no he sido nunca peligroso para nadie) y me destierran a Sevilla, población que desconozco y a la que llego de bastante mal humor. Recuerdo que en la antigua estación de Plaza de Armas yo gritaba (¿qué se me ha perdido a mí aquí?). Han pasado muchos años, mi mujer es sevillana, mis hijos y mis nietos son andaluces, y yo ya soy un andaluz más. Después de votar tras tantos años parece mentira poder ejercer este derecho, después de tantos años de ignominia y de vergüenza, fuí a Moguer donde había algunas dificultades, estoy allí hasta que se realiza el escrutinio. Voy a Huelva donde recibimos noticias de toda la provincia. He sido elegido senador. En la provincia de Huelva ha ganado UCD: tres diputados, nosotros dos; tres senadores, nosotros uno, yo. A nivel nacional los resultados son también bastante buenos. Ha ganado UCD, después nosotros. Parece mentira, pero el pueblo ha despertado y esto augura un porvenir más esperanzador y justo. Recibimos los nombramientos y desde Madrid un pequeño folleto con las instrucciones para la constitución de las Cámaras. Todos somos novatos, en posteriores elecciones los veteranos enseñábamos a los noveles; pero ahora no había veteranos. En Madrid nos reunimos los grupos parlamentarios del Congreso y del Senado; conjuntamente y por separado. En las reuniones de esta Legislatura Constitucional encontré amigos de la guerra y de la terrible postguerra. En el Senado existía un grupo de senadores designados por el Rey, los senadores reales, creo que eran 41. Ya nunca más los hubo. He sido senador por Huelva en varias legislaturas, pero es de esta primera Legislatura constitucional de la que guardo mejores recuerdos, es en la que más trabajé, en sesiones de mañana y tarde, era necesario un gran consenso para conseguir la Constitución, y ese consenso se logró. Todos cedíamos; todos escuchábamos; todos nos respetábamos. En tanto se preparaba el edificio del Senado, los senadores nos reuníamos en un salón de la tercera planta del Congreso. En pleno verano nos reuníamos mañana y tarde. Recuerdo que en una ocasión bajé al antiguo bar del Congreso a tomar un café. Aquello estaba atiborrado, pero en fin conseguí un lugar junto al mostrador; apareció por allí junto a Manuel Fraga una diputada de Alianza Popular (AP), creo que se llamaba Victoria España. Al ver que venía una señora le dejé pasar y don Manuel y yo quedamos detrás, don Manuel me dijo: Usted será de UCD..., cosa que me molestó pues parece que el menor gesto de educación tenía que ser de UCD. Yo le contesté con cierto mal humor: No señor, yo soy del PSOE. Seguimos hablando y él manifestaba que esto se debía de haber hecho mucho antes... Es una anécdota, pero la he recordado muchas veces, sobre todo, en la última Legislatura y en sesión primera de esta, que vi por televisión, donde la soberbia de algún grupo y sus salidas de tono hacen imposible la marcha reposada de las sesiones. Se terminó la obra y fuimos al edificio del Senado. Hubo un senador catalán el señor Xirinach que hizo promesa, y cumplió, de no sentarse en su escaño y mantenerse en pie en tanto no se le consiguiera la amnistía. En una ocasión había pedido la palabra y estaba expresando su opinión junto al escaño del senador, por nombramiento Real, don Camilo José Cela, que soltó un sonoro pedo. El señor Xirinach atónito enmudeció y don Camilo salió al paso diciendo prosiga el mosén, prosiga el mosén, con lo que el incidente quedó saldado. Recuerdo otra anécdota, también de don Camilo José Cela, en una tarde de verano: estábamos reunidos, el calor, la digestión, hicieron que don Camilo estuviera dormitando. El presidente del Senado, el señor Fontán, le llamó la atención diciéndole que estaba dormido. El señor Cela le contestó diciendo: No estoy dormido, estoy durmiendo; a lo que el presidente le contestó: Es lo mismo, y don Camilo protestó contestándole no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo. Había reuniones de los Grupos Parlamentarios para tomar posiciones en los Plenos. Recuerdo el día en que votamos la Monarquía Constitucional que tenemos. Yo siempre fui republicano, pero se había acordado que había que votar la Monarquía, y la voté, pero qué cara tendría que esa gran persona que fue Ramón Rubial me dijo: Sé como lo estás pasando Pepe.
*José González Gastañaga ha sido senador por el PSOE |
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