Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  29 de febrero de 2012
  Juan Ceada Infantes
  La generación de los cuarenta
  Aquella época fue apasionante. Durante el tiempo de la Transición se dieron muchas circunstancias para que así fuera. Por una parte, el Régimen arrastraba un lastre, producto de la Dictadura, que lo había aislado del mundo. Se había puesto enfrente a toda la clase obrera, estudiantes, pequeña burguesía, intelectuales, monárquicos, etc. Su autarquía, en lo económico, político, social, lo llevaba a enrocarse constantemente en fórmulas caducas de autoexclusión, de victimismo ante el comunismo internacional y por ende a asociar a todo el que luchase por la libertad como un antipatriota al servicio de la Unión Soviética.

Frente antifranquista.
Por una parte, los gobernados ya no queríamos vivir así y la generación de los cuarenta tomamos la iniciativa y creamos un frente antifranquista, con los trabajadores a la cabeza, que fue horadando los mismos cimientos del Régimen y acentuando las contradicciones entre las diversas familias franquistas (que no partidos) tales como falangistas, falangistas duros, fascistas nostálgicos, y de otro lado, la situación económica era insostenible: más de dos millones de españoles emigraron a Europa, los salarios eran de miseria, los servicios públicos, malos; de tal forma que en la educación, la salud y las pensiones, millones de españoles estaban excluidos y vivían en la más dura miseria.

Así las cosas, había que preparar la respuesta y lo hicimos. Ya he indicado que hubo una generación que tomó las riendas de la organización y la respuesta; esa fue la generación de los que nacimos en la década de los años cuarenta. La historia no la ha valorado aún; esperemos que en un horizonte mayor se le haga justicia. Esos hombres y mujeres tuvieron la tenacidad para sobreponerse al miedo –porque teníamos mucho– ; pintar, manifestarse, ir a la huelga, reunirse, hablar, podía costarnos –y nos costó a muchos– la cárcel, la tortura, la represión, incluso la muerte. Hombres y mujeres que tuvimos fe en la posibilidad de curar las heridas de la guerra y de las dos Españas, ofreciendo en la Transición la ruptura pactada. Romper con el fascismo, pero a la vez, pactar entre todos los demócratas para ganar a los franquistas con métodos pacíficos, en las urnas, en la calle, en la voluntad y en el corazón de millones de españoles. Esos hombres y mujeres tuvieron y mantuvieron la ilusión (a pesar de las caídas) en que era posible conseguir la libertad e iniciar el camino de la reconciliación y el progreso en todos los ámbitos.

No fue sencilla la tarea. No sólo por los sacrificios materiales, de dedicar muchos años de lo mejor de nuestras vidas, en condiciones asfixiantes, a reorganizar a los trabajadores, a los estudiantes, a buscar lugares de encuentro con profesionales intelectuales. Eso no fue lo peor; lo más duro es lo que tuvimos que dejar en el camino para alcanzar el consenso. Huelva no fue una excepción en el devenir de aquellos años de transición y previo a ellos, en Huelva se formó un grupo antifranquista: marxistas (de la ORT y el Partido del Trabajo), socialistas, comunistas, carlistas, intelectuales y profesionales liberales, pequeña burguesía disconforme con el Régimen, sindicalistas de sindicatos clandestinos: CC OO, UGT, Sindicato Unitario, CNT, y miembros de asociaciones de vecinos, progresistas, cristianos de base, que posteriormente fueron los dirigentes políticos y sindicales de Huelva y de Andalucía (curas obreros). Este grupo se llamó el Grupo Intermedio que ejercía de catalizador, organizador de manifestaciones y protestas populares, foros de debate, apoyo a los represaliados; tenía una gran credibilidad y en él aprendimos a consensuar, a ceder en lo accidental y unir fuerzas en lo fundamental. Estimo que fue un anticipo de lo que más tarde fueron la Junta Democrática y la Plataforma Democrática.

Sin embargo en Huelva, se daba una condición muy especial. El Polo de Desarrollo Químico concentró a miles de trabajadores y se crearon las condiciones para que fueran los líderes sindicales y la lucha obrera la que tomase la iniciativa en el movimiento de oposición al franquismo. Además, hay que añadir la tradición de lucha obrera de la Cuenca Minera de Huelva, aunque la tendencia de sus líderes era aislarse de la capital y seguir una actuación autónoma, tal vez, por esa potentísima lucha que habían mantenido en la Guerra Civil española; pero eso le hacía menos permeable a las nuevas formas de lucha que se abrían camino en la España de la Transición. De cualquier forma, las huelgas de Fosfórico, Hugui, Fertiberia, empresas del Polo Químico, las huelgas de Astilleros de Huelva, del metal, etc, forjaron líderes que abanderaron el movimiento. Tanto es así, que algunos de ellos fueron torturados (omitiré sus nombres por guardar su intimidad) y otros fuimos recluidos en la cárcel de Huelva. Hasta cinco llegamos a ser y dentro nos decían “los políticos”. De ello hay una anécdota que nunca he contado. En la misma cárcel hicimos una huelga. Hacíamos plaquetas para suelos de madera y nos pagaban una miseria; nos plantamos los treinta o cuarenta reclusos que trabajábamos y le dijimos al director que no trabajaríamos a no ser que subiese el porcentaje por unidad. Estuvimos tres dÌas de huelga y al final conseguimos lo que pedÌamos. Ahora al contarlo me da miedo. (°En el franquismo hacer una huelga en la cárcel!) En aquellos tiempos había que desmoralizar y descomponer al franquismo. Todo lo no violento servía para ello.

El Grupo Intermedio ejerció una labor de agitación, de aglutinación y de moderación (había que dar cabida a todos). Su actividad era muy diversa: recitales protesta, manifestaciones, octavillas y folletos; también se dedicaba a la recogida de fondos para pagar fianzas. En solo un día se recogieron en el año 1978 entre todos los trabajadores del Polo Químico, 1.250.000 pesetas con aportaciones pequeñas, para la fianza que permitiera a los políticos salir de la cárcel. Se organizaban conferencias, se buscaban infraestructuras, pisos, amigos de contactos, que sirvieran para celebrar reuniones clandestinas. Se creó un verdadero movimiento de masas. No era como algunas entelequias que no tenían a nadie detrás; antes al contrario, sus llamadas eran seguidas por centenares y miles de demócratas que confiaban en los líderes que formaban parte del Grupo Intermedio.

Este Grupo era como un gobierno local de concentración democrática en la sombra. Poco se ha escrito sobre esta experiencia singular en Huelva. Animo a los jóvenes historiadores de la Universidad de Huelva a hurgar en esta época fascinante de la historia onubense. Yo pertenecía a un partido de izquierda radical (ORT-Organización Revolucionaria de Trabajadores), formado en el marxismo en el que, además, tuvimos que jugar un papel de contrapeso hacia la izquierda, que hiciese que el cocido final tuviese todos los condimentos, hasta la pimienta, que por ser especia fuerte, a muchos picaba.

Pero llegó un momento en el que no teníamos espacio político, las aguas se encauzaron y el río se estrechó y muchos tuvimos que nadar en aguas más normalizadas, ya que el marxismo no era una guía para la acción y una gran cantidad de luchadores antifranquistas dejamos muchas de las ideas que habíamos aprendido y que nos sirvieron para enfrentarnos a la Dictadura, y tuvimos que aprender a promover la libertad y la justicia y a movernos en ella. También pasó que un porcentaje sensible de aquellos luchadores, una vez pasada la Transición. se marcharon a sus casas. No los critico; dieron lo mejor de sus vidas en los años anteriores, y como relaté anteriormente, el salto mental fue difícil y complejo. Algunos no lo aguantaron, aguantaron la tortura y las cárceles, pero sin embargo, no se arriesgaron a encabezar la libertad. A ellos también mi homenaje. En sus vidas, en sus tareas, siempre se notó y se notará que formaron parte de la generación de los cuarenta.

Hoy, a muchos años de aquella Transición, se hace más palpable nuestro acierto en los productos que les pusimos a ese plato; consenso, diálogo, ilusión, tenacidad, humildad para entender el cambio y cambiar. La Transición de Aznar a Zapatero tiene mucho que ver con esos valores que se dieron en aquella época. Ojalá nos salga tan bien a los españoles como en aquella ocasión.


*Juan Ceada Infantes ha sido alcalde de Huelva y delegado del Gobierno andaluz en la provincia onubense
   
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