Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  29 de febrero de 2012
  Juan Manuel Díaz Cabrera
  La industria de Huelva en la Transición
  La Huelva que conocí cuando llegué en 1966 distaba mucho de la que se conformó en los años de la Transición, a finales de los setenta. A una de la otra la separaban conductas y percepciones distintas, a pesar de que ambas Huelva la componían casi la misma sociedad. Una, y hay están las hemerotecas como testigo indeleble para comprobarlo, se levantó a comienzo de los sesenta jubilosa, dichosa y feliz por la consecución para Huelva de un Polo de Promoción, antes, y de Desarrollo, después. La otra, por el contrario, se despertó en los albores de la Transición de España reivindicando menos contaminación, más seguridad y más confort.

La historia nos debe servir siempre de ejemplo y aprovechar la perspectiva del tiempo para evitar desenfoques. Es cierto que ese jubileo por la llegada de la industrialización motivó expectación y agradecimiento al Gobierno cuestiones ambas comprensibles, pues la provincia de Huelva estaba sumida en una grave crisis económica, que sin tener en cuenta consideraciones políticas, sociales y estratégicas que no vienen ahora al caso, justificaron aconsejar su instalación en nuestro suroeste peninsular. Pero no es menos cierto que el Polo cambió radicalmente mentalidades y paisajes. Huelva, capital, como Palos de la Frontera, crecieron en habitantes, arrastrando a mano de obra de toda la provincia, y creciendo como urbes, a veces de manera algo descontrolada. La capital cambió, en todos los sentidos, para bien o para mal, según se mire, para mí sin duda para bien, pasando de pueblo a ciudad en pocos años. Pero, quizá, lo más duro para muchos fue la transmutación que sufrió uno de los puntos del recuerdo y de la añoranza: la ría de Huelva, lugar de esparcimiento, lugar de recreo y de “veraneo” de una población que aún no conocía, como es lógico, el boom de la segunda vivienda y de la cultura del bienestar y el ocio y que por tanto no podía elegir ninguna otra alternativa para poder darse un baño, y ello aunque las condiciones higiénicas sanitarias de este espacio, como era el caso, no fueran las más adecuadas.

Cierto es también que esa nueva ciudad industrial trajo un deterioro medioambiental, consecuencia de falta de legislación en la materia y de tecnología adecuada en esos momentos, materias que en los años en que vivimos están ya muy desarrolladas. En la etapa de la Transición española, la contaminación alcanzó, en algunas ocasiones, situaciones preocupantes pero, en ningún caso alarmantes.

Por todo ello, la sociedad, como era previsible, se levantó en protesta y así en 1977 aparece el primer grupo, no institucional, opositor a la industria. Distintos colectivos sociales durante los años finales de los setenta y comienzo de los ochenta se manifiestan y organizan conferencias y debates para exponer y analizar la contaminación existente y su repercusión en la salud de la ciudadanía. Se pide y exige una legislación medioambiental, estudios que determinen la polución existente, la depuración de la ría de Huelva dando una solución inmediata a la calidad de los vertidos industriales, tanto atmosféricos como líquidos y sólidos y así hasta un largo etcétera.

En 1976 tomé la dirección de Refinería La Rábida, una de las empresas más importantes por esos años de ese gran grupo empresarial que fue ERT, que también tenía industrias en la Punta del Sebo y el Polígono Nuevo Puerto. Desde esos días tomé conciencia de que la relación industria-sociedad tenía que cambiar sin dilación, pues no se podía vivir más tiempo de espalda a ésta. El denominado Polo había crecido de tal manera que era impensable dar más tiempo a la discordia y a vivir con el desencuentro. Había que hablar, había que escuchar, había, fundamentalmente, que llegar a un diálogo que condujese a la unión y la comprensión de las partes. Unas partes que, a medida que se avanzaba en el tiempo, dejaban de ser dos para ser  muchas mas y con diversos intereses. Para ello, tras algunas experiencias empresariales desarrolladas desde 1974, caso de Asima, Aspema y Aeiqea, se creó en 1986 la Asociación de Industrias Químicas y Básicas de Huelva (AIQB), de la que fui primer presidente y fundador junto a Javier Aranda, Jaime Prieto, Diego de la Villa, Francisco Martínez Campos, Manuel Ruiz de Elvira y José María Azcárate, siendo Gerardo Rojas su primer gerente. AIQB nace con el claro objetivo de hacer de la industria un ciudadano más y participar de la ciudad y sociedad como uno más.

No fue fácil la tarea. En más de algún encuentro para aclarar quiénes éramos y qué pretendíamos hacer para mitigar la contaminación y mejorar la seguridad, los que trabajábamos en la industria en algún cargo directivo fuimos tratados, literalmente, como responsables del deterioro de la salud de la población y en algún caso sufrimos amenazas. Pero, el esfuerzo, por un lado y por otro, entre industria y sociedad, mereció la pena. Hemos luchado todos para entendernos; hemos trabajado todos para que la calidad del aire que respiramos sea mejor; hemos impulsado la información con el esfuerzo de todos para que las percepciones se correspondan con la realidad y no con estereotipos antiguos que ni responden a la realidad ni nos favorecen, sino todo lo contrario.

Ayer como hoy y siempre, creo en la industria, como creo en la transparencia informativa, en el diálogo y en las cosas bien hechas para buscar la excelencia en la gestión. Si no hacemos así las cosas, las percepciones anularán las realidades y jamás tendrá fin el proceso de entendimiento y de caminar todos juntos para el mejor desarrollo de la provincia y España.

La larga travesía para alcanzar el encuentro y la comprensión entre sociedad e industria en Huelva enterró muchos fantasmas, de los que espero, por el bien de esta provincia, no aparezcan nunca más y que tengamos un futuro con una industria química fuerte, conviviendo como hoy, con el turismo, la agricultura y la pesca y con un onubense orgulloso de lo que tiene y luchando para que no la perdamos.


*Juan Manuel Díaz Cabrera es presidente de A.I.Q.B. (Asociación de Industrias Químicas Básicas de Huelva)
   
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