Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  29 de febrero de 2012
  Magdalena García Hierro
  Una mujer en tránsito
  La Transición española me trajo a Huelva en el verano del año 1976. Mis primeros contactos fueron netamente sindicales y políticos. Tenia 22 años, un marido, un embarazo de tres meses y un gran voluntarismo. El que fuera mujer parecía, al principio, un escollo, pero pasó a servir de ayuda, sobre todo, por la situación de las mujeres, que carecían de relevancia no sólo en la sociedad sino en los propios partidos, sindicatos y asociaciones.

Participación de la mujer.
El tiempo de la Transición en Huelva tiene un claro matiz machista, ya que a pesar de que, aunque la provincia estaba totalmente en ebullición, éramos pocas las mujeres que participábamos en los eventos políticos, sindicales o asociativos, aunque las hubo y fueron memorables. Fue un periodo en movimiento. De algún modo, aquellos años parecían un cambio de era, donde todas los trabajadores y trabajadoras, más o menos de forma sincronizada, reivindicaban mejoras salariales y sociales en los convenios colectivos.

En Huelva, aunque parezca extraño, además de las centrales sindicales mayoritarias a nivel nacional, existía el Sindicato Unitario con fuerte presencia en varios sectores productivos (industria, minería...) y que a pesar de tener asociados sólo en Huelva y Navarra, era una piedra en el zapato de los empresarios.

Durante los años 1977, 1978 y 1979 se dieron tal cantidad de negociaciones colectivas, paros y huelgas que han dejado la impronta suficiente como para poder analizar con perspectiva su influencia posterior, pero para referirse a la mayor participación de mujeres tendremos que destacar el convenio de Hostelería; los convenios de Limpieza y algunos otros, aunque tampoco se debe olvidar la participación de cientos de mujeres onubenses apoyando a sus maridos en el conflicto de Astilleros y, de una u otra manera, en casi todos los conflictos laborales que se produjeron en estos años.

A principios de 1978 se conocieron los primeros resultados de las elecciones sindicales en la provincia y el Sindicato Unitario (S.U.) tenía representación en casi todos los Comités de Empresa, incluso en la Comisión de Parados de Huelva, que era muy reivindicativa por aquel entonces.

Secciones femeninas.
Toda la participación de las mujeres de Huelva como colectivo se confundía con las actividades de los sindicatos y partidos políticos que tenían una sección dedicada a la mujer que centraba sus quehaceres, sobre todo, en la preparación de charlas y debates para conmemorar la jornada del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Mientras tanto, en este periodo de tiempo no puede decirse que tuviesen protagonismo las asociaciones de mujeres. Ni siquiera existían y participaban como uno o una más en las actividades de los colectivos a los que estaban afiliadas.

Hay que destacar el encierro, en abril de 1978, cuando los mineros de San Telmo se quedan en el interior de la mina para protestar por el expediente de regulación de empleo al que les somete la empresa. En esa ocasión, más de 20 mujeres, empleadas, esposas, novias, madres o hermanas de los afectados se manifestaron y marcharon hasta el lugar del encierro de sus compañeros tanto en El Cerro del Andévalo como en San Telmo, para apoyarlos en su protesta. Otras ocasiones similares se presentaron de forma espontánea, pero el papel de la mujer era reivindicar el salario del marido.

Hay que decir que lo hacía de forma muy valiente y efectiva pues siempre que se echaban a la calle se hacían notar en toda Huelva. Otro botón de muestra fue, por ejemplo, el conflicto de Astilleros, amenazado por uno de sus múltiples cierres. Muchas mujeres, con sus caceroladas a las puertas de la factoría, fueron un apoyo innegable para la plantilla de trabajadores en sus reivindicaciones.

Con las elecciones municipales varias mujeres entramos por la puerta grande de la vida pública. Tenernos como candidatas y después como concejalas electas era totalmente novedoso, en relación con todos los ayuntamientos que nos habían precedido. No cabe duda de que las mujeres nos hicimos notar en ese periodo político y social. No puedo evitar recordar con emoción la Mesa de Edad que se creó para constituir el primer Ayuntamiento democrático de Huelva después del franquismo, que estuvo compuesta por el socialista José González Gastañaga, como concejal de mayor edad, y por mí misma, militante de la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), como concejala de menor edad.
Éramos pocas las mujeres que conseguimos representación en aquella primera Corporación Municipal. Ni la UCD, ni el PCE, ni, por supuesto, el Grupo Independiente de Huelva aportaron a ninguna mujer entre sus candidatos electos. El PSOE llevó a dos: Margarita Ramírez Montesinos y Amalia Periáñez Camacho. El Partido Socialista de Andalucía (PSA) consiguió acta de concejal para Oliva Tornero Coder, y Estrella Martín Tejerizo. La ORT me aportó a mí.

Fuimos en total cinco mujeres entre 27 concejales, pero aunque éramos pocas en número, oírnos se nos oía (no cabe duda). En el caso de Margarita Ramírez Montesinos porque presidía la Comisión de Personal y trabajaba sobre todo en eso; para lo demás, es decir, para los Plenos de la Corporación, delegaba en el Alcalde, José Antonio Marín Rite, que le consideraba totalmente capaz (o eso me parecía). Margarita siempre integraba todas sus facetas en el lugar en el que se sentara y su baúl parecía el de Mary Poppins, lleno de objetos para hacer deporte, libros en griego y cuatro o cinco papeles arrugados con el Orden del Día del Pleno o de la Comisión, y algunas puntualizaciones para algunos asuntos.

Abogada laboralista.
Juan Ceada, en aquellos años principal responsable de la ORT en Huelva, fue quien nos reclutó en Madrid a mi entonces marido y a mi para lo que llamaban el Plan de Extensión. Ese plan se hizo necesario porque en Huelva cobró cierta importancia el Sindicato Unitario, que no era otra cosa que la segregación de CC OO de unos cuantos, casualmente militantes de un partido político que hoy en día sonará a chino y será un sonido aceptado, ya que pertenecíamos a la ORT marxista-leninista pensamiento Mao Tsé Thung y en la vida a mí me costaba muchísimo clarificar mis propias ideas como para embarcarme en el pensamiento de este señor al que no tuve el gusto de conocer.

Recuerdo que el primer día que llegamos a Huelva Juan nos llevó a un bar que hacia esquina y se llamaba En la esquinita te espero y nos pusieron un choco que sabia a gloria. Pensé que éste podría ser un lugar adecuado para ver crecer a mi hijo del que por aquel entonces estaba embarazada... Y así empiezo la cosa con 22 años, embarazada de tres meses, un marido, y una casa de alquiler modesta con lo imprescindible.

Desde 1976 hasta 1978 negocié tantos convenios que he perdido la cuenta. Mi consulta como abogada laboralista se convirtió en colas interminables de gente con nóminas en la mano, en muchas ocasiones para comprobar si yo tenia dotes de adivinadora y había algún error en los cálculos. Claro, con los 22 años que tenía no le acertaba al paisano ni sus cálculos del riñón, pero el mucho trabajo y la entrega vehemente recostada en mi juventud y, por qué no, en mi ideología , hicieron de mi una abogada pasable, que ganando o perdiendo, siempre ganaba porque montaba auténticos mítines en cada juicio oral que a la postre era la más revolucionario en ese momento. No importaba la Ley de Procedimiento Laboral, importaba la pancarta y el modelo oral o escrito de reivindicación que tocara ese día para los señalamientos en la Magistratura de Trabajo.

Concejala.
Todo lo anterior fue la sopa prebiótica, un poco salada para mi gusto, que propició el que saliera elegida como concejala en el primer Ayuntamiento democrático de Huelva. Al ser la más joven formé parte de la Mesa de Edad con el mayor González Gastañaga. Era tan asombroso que creí que se me salían los ojos de sus órbitas. Obviamente, no lo hicieron, pero les aseguro que recordándome allí en ese primer Pleno, con su solemnidad, aún tiemblo.

Ustedes coincidirán conmigo en que sacar dos concejales por la ORT, Juan Ceada y yo misma, era algo bastante sorprendente, y más sorprendente aún el que a mi, una adolescente, roja, en pantalones vaqueros y con el pelo largo y anudado en una coleta, se le entregara la concejalía de la Policía Municipal.

Cada vez que se me cuadraba uno delante le enseñaba el carnet de identidad porque pensaba que quería detenerme, cuando tan sólo lo que hacían era ponerse a mis órdenes, y os puedo asegurar que no tenía ni idea de lo que querían decir con eso. Al final creo que conseguí ganarme su respeto ya que, contrariando al alcalde, José Antonio Marín Rite, me encerré con ellos en Prevención Municipal pues para mí eran trabajadores policías y era injusto su escasísimo salario. Les ayudé con sus pancartas y me dio igual cualquier razonamiento lógico de los muchos que podrían servir para tachar el que la propia concejala se encerrase con los municipales para que les subieran el sueldo. Por supuesto, ellos no lo olvidaron y tengo el afecto de muchos, que llegaron a considerarme una igual, a pesar de ser joven, mujer y roja.

Pasaron muchas más cosas por supuesto y conocí a casi todas las mujeres que se entregaron con el corazón, a veces transido, para que hoy muchos compañeros y compañeras ocupen esos sillones del Pleno que estrenamos el dia en que cargados de ilusión tomamos posesión de nuestros escaños como concejales electos democráticamente, por primera vez después de muchos años de Dictadura.


Magdalena García Hierro ha sido concejal en el Ayuntamiento de Huelva
   
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