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05 de marzo de 2012 |
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Antonio Fernández Gil, Kayrós |
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Jesús de Perceval. Señor de los anillos |
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Jesús de Perceval y del Moral nació en Almería el 18 de abril de 1915 y murió el dos de octubre de 1985. Su plural personalidad, rica en facetas, ocupa prácticamente todo el siglo XX de esta provincia. Fue pintor, escultor, animador de tertulias, teórico del indalismo, fotógrafo, publicista. Su capacidad de fabulación sirvió para entretener e ilusionar a muchísima gente. A él debemos básicamente la invención del Indalo como icono de carácter mitológico que tan buenos resultados ha tenido en la pintura, en el comercio y en el turismo. Los grandes avatares socio-políticos de este país como la República y la Guerra Civil, el Franquismo y la Transición, pocas veces se vivieron con tan entregada y dolorosa intensidad. Es más, yo diría que su protagonismo fue excesivo, en parte por la influencia de su poderoso abolengo, enraizado aquí desde la Conquista de Granada, y en parte también por su formación típicamente renacentista no exenta de una cierta fascinación social en un tiempo propicio y en un terreno abonado por el atraso y el miedo.
Perteneciente a un sector de la clase social ilustrada, cuyo riqueza dependía aún del poder de la tierra, Perceval no disimula sus recelos contra la burguesía mercantil que progresa mientras él se empobrece. Bien es verdad que no le interesa amontonar dinero ni entrar en el proceso productivo por creerlo impropio de un artista de su linaje, sin embargo pierde el tiempo en habladurías de café disparando frecuentes dardos contra los promotores incultos y compañeros de viaje como pueden ser, por ejemplo, arquitectos y aparejadores. Dueño de una gran biblioteca, lee de manera compulsiva y sin demasiado orden. No en vano sus gustos estudiantiles se dirigieron preferentemente hacia la historia antigua. En contraposición, su formación filosófica era muy débil. En verdad. hablaba como lo que era, un artista mediterráneo, dándole más importancia a la comunicación oral que a la escrita, anteponiendo incluso la leyenda que a la historia. Ahora bien, acertado o equivocado, su influencia en la sociedad almeriense fue enorme.
La Transición le sorprendió un poco a contrapié. Fundador de la Falange en el año 3l, señalado como miembro perteneciente a la derecha más tradicionalista y conservadora, detenido y encarcelado por rojo en Valencia, adonde vino para librarse de los fusilamientos en Almería, tuvo que ingeniárselas a fin de poder salvar el pellejo en los diversos cambios de régimen político por donde atravesaba. No se olvide que su primos fueron asesinados por los milicianos de la República. Parece normal, por tanto, que abrigara ciertos recelos con la llegada de la democracia. Había conocido escenas de la República y luego de la Guerra; tenía recuerdos amargos y menos amargos de los unos y de los otros. Después de haber ostentado cargos en la Delegación de Cultura con el Gobierno de Franco y el de la UCD, se atrevió incluso a defender en la prensa la aparición de un grupo de corte ultraderechista llamado Unión de la Falange Almeriense (UFA). Se explica, por consiguiente, su concepción elitista de la política. En vísperas del Referéndum para la Reforma Política escribió lo que sigue: Diré Sí porque considero que diciendo Sí podrá ser escuchado mi pueblo. Diré Sí aunque este Sí me produzca dolor porque no creo mucho en las frágiles y cristalinas urnas democráticas.
Perceval entiende la Patria como la tierra de nuestros padres. Tiene sospechas de la minorías que obedecen a sus propios intereses y no a los del pueblo. Y con frecuencia utiliza la frase joseantoniana sobre el destino de la urnas que es romperlas. Por esto y por otras muchas cosas de diversos órdenes, Perceval se hace imprescindible para quien desee conocer exhaustivamente la historia cultural y política de Almería en la etapa que va desde los años veinte hasta final del siglo XX.
*Antonio Fernández Gil, Kayros, es periodista. |
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