Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  12 de marzo de 2012
  Andrés García Maldonado
  La Universidad de Málaga y su Asociación de Amigos
  Desde la misma creación de la Facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales, en 1965,  Málaga había comenzado a pensar y hasta creer que su vieja ilusión y derecho de tener Universidad podía alcanzarse, por lo que ya aprovechaba cualquier posibilidad para hablar y plantear esta necesidad allí donde fuese oportuno, por lo que el día 22 de mayo de 1968, al recibir noticia de lo tratado por el Consejo de Ministros, nuevamente se vio postergada y duramente discriminada en su justo deseo de tener su Universidad.

Se creaban nuevas universidades en Madrid, Barcelona y Bilbao; dos politécnicas, en Barcelona y Valencia; facultades en San Sebastián, Santander y Extremadura, y absolutamente nada en relación con Málaga. Tras las primeras horas de cierto desconcierto y de un posible abatimiento por parte de aquellas muchas personas que esperaban que, al menos, Málaga fuera a contar con nuevas facultades, aunque dependiendo de la Universidad de Granada, vino la incontenible reacción, y ya en aquella ocasión con una fuerza y decisión imparables.

La sociedad malagueña comenzó a despertar plenamente al deseo de contar con una universidad y, tanto en aquel mismo día como en los siguientes, lo puso de manifiesto de muy diversas formas, desde el envío de centenares de telegramas al Ministerio de Educación y Ciencia, exponiendo la urgente necesidad de la creación de la Universidad de Málaga, hasta la numerosa representación de padres de familia que, ya el 27 de mayo, acude al Gobierno Civil a exponer a la primera autoridad de la provincia los acuciantes problemas docentes que a nivel universitario padece Málaga y como ésta debe ser ya oída en sus justas aspiraciones.

La nutrida representación, que encabezaba el ingeniero Francisco de la Torre Acosta, recibe de Ramón Castilla la única respuesta que éste podía dar, su compromiso de que trasladaría el deseo y la petición de Málaga a las correspondientes instancias de la Administración del Estado. Bien sabían los asistentes a esta reunión que si no se aunaban y canalizaban los deseos y esfuerzos por la Universidad, si no se concienciaba a los malagueños en este sentido, poco o nada podía conseguirse y la Universidad para Málaga tardaría aún mucho en llegar.
Varios de los que acudieron a la reunión con el gobernador civil, en la misma puerta de la Aduana, sede del Gobierno Civil, mantienen un intercambio de impresiones y plantean la necesidad de crear una asociación que aglutinase y canalizase el viejo deseo en todos sus sentidos y ordenes, siempre con el claro objetivo de conseguir la Universidad para Málaga.

La inquietud era mucha, como el tesón de unos cuantos que se sumergieron de lleno en el empeño incontenible. La idea del ente aglutinado cristaliza y, tan solo unos días después, el 8 de junio de 1968, la propuesta de creación de una Asociación en pro de la Universidad de Málaga es una realidad. Un grupo de malagueños representativos de varios sectores de la sociedad y de la provincia, se entregaba de lleno para conseguir lo que a Málaga bien le correspondía, su Universidad. En pocas ocasiones de la historia de esta tierra se puso en marcha tal inquietud y entrega, que haría posible la fiel consecución del objetivo propuesto.

La denominación de la entidad sería la de Asociación de Amigos de la Universidad de Málaga, teniendo como fines esenciales los de “fomentar y promover toda clase de iniciativas que tiendan a conseguir la creación en Málaga de una Universidad, Escuelas Técnicas y cualquier otro centro de Enseñanza. Recoger y aunar, tanto iniciativas, como gestiones conducentes a dicho fin”. Su domicilio se fija en el número tres de la recoleta y malagueña Plaza del Carbón, entonces Peña Malaguista y después Liceo de Málaga.

Desde esos mismos primeros días del verano de 1968, la Asociación de Amigos de la Universidad desarrolla una activa labor tanto concienciadora de que Málaga necesita y le corresponde una Universidad como de reivindicación de la misma a cuantos niveles fuese posible. Así, se dirige una carta abierta a todos los malagueños, que se publica y difunde durante varios días por toda la prensa malagueña, efectuándose un llamamiento para que se sumaran a la Asociación y con ello al apoyo de “Málaga por su Universidad”:
“Málaga necesita su Universidad, y en la explosión de su desarrollo en todos los órdenes, siente la angustia vital de quedar postergada en el terreno de la cultura. Por sus habitantes, por su situación, por el lugar que ocupa en el ámbito nacional e internacional, el pueblo de Málaga se hace acreedor a la instalación del Centro Universitario. Málaga, callada, esperaba el reconocimiento de tal derecho, pero en su inquietud se lanza a dar publicidad a sus razones, que tras exhaustivos estudios técnicos llegan a ser tan poderosas y fundamentales, que resulta imposible pensar no exista ya Universidad en esta Ciudad”

El llamamiento, que sólo se planeó en principio a nivel provincial, tuvo repercusión en toda Andalucía y se extendió a nivel nacional. La inquietud por la Universidad se extiende por toda Málaga, prestándole a la misma, acertada y unánimemente, un decidido apoyo a la totalidad de los medios de comunicación existentes en nuestra provincia en aquellos momentos, lo que provocó a su vez que en reiteradas ocasiones los de cobertura nacional se interesaran por la cuestión e igualmente la apoyasen.

Y es que el que Málaga no contase ya en aquellos años con Universidad era una verdadera injusticia: era la única capital de Europa y quizás del mundo con población superior a 300.000 habitantes que no tenía Universidad; era la tercera población en número de extranjeros residentes después de Madrid y Barcelona; la séptima capital de España en población y la única de las nueve mayores que no tenía Universidad; en razón de su renta per capita estaba incluída en el grupo de las españolas que menos renta obtenían; el 75 por ciento de su población era obrera; la provincia tenía una población superior al 1.100.000 habitantes, integrándola más de 240.000 familias; poseía una población comprendida entre 0 y 24 años de 502.298 habitantes; era la octava de España en coeficiente de crecimiento vegetativo de la población; tenía más de mil alumnos en centros universitarios situados fuera de la provincia; su población escolar entre los 6 y los 14 años era de 132.000 alumnos y concretamente en centros de enseñanza media el número en el curso aquel era de 21.608... Y así hasta un total de 25 contundentes razones que prácticamente la mayoría de ellas por sí solas justificaban la creación urgente de la Universidad de Málaga y ponían en evidencia la injusticia que se mantenía con esta provincia.

Injusticia que se acercaba a lo indignante cuando tan fácilmente se observaba que mientras de Madrid hacia el norte había nueve universidades y 21 escuelas técnicas superiores, de Madrid hacia el sur tan sólo tres universidades y tres escuelas técnicas superiores. Tras el acuerdo del Consejo de Ministros de mayo de 1968, de Madrid al norte habría 12 universidades y 35 escuelas técnicas superiores y de Madrid hacia el sur seguía todo injustamente igual, tres universidades y tres escuelas técnicas superiores. Ciertamente esto, como se solía decir entonces más que ahora, ¡clamaba al Cielo!
La Asociación de Amigos de la Universidad de Málaga desarrolló durante aquellos años, hasta la misma consecución de la Universidad, una singular labor gracias a la entrega de muchos de sus directivos, con personas como Francisco de la Torre Acosta, en sus primeros meses –ya que éste fallecía en junio de 1969–, o José Luis Alonso del Castillo, incansable como Luis Armentia Rodríguez durante tantos años. Contaron, asimismo, con el decidido apoyo de personas como Agustín Moreno Cano, que fue el secretario de la misma, y de otras muchas que pusieron de relieve tanto su eficaz capacidad como su decidida entrega en favor de que Málaga contase con Universidad.

Se promovieron y llevaron a cabo toda clase de iniciativas y actuaciones. Cuanto se consideraba mínimamente oportuno en favor de que la Universidad o centros de enseñanza superior pudiesen llegar a Málaga, se llevaba a cabo con un ímpetu y decisión que, una y otra vez, se convertía en todo un ejemplo de constancia y hasta de fe en el decidido propósito.

No se dejó de insistir y casi atosigar a las autoridades y representaciones políticas a todos los niveles, comenzado por los malagueños, hasta el punto que siempre se dijo que la “abeja de la laboriosidad en el escudo de la Asociación, más que eso era –en palabras textuales– una autentica mosca cojonera”, como simbolizaba y señalaba una de las constantes de la Asociación, el “no dejar a nadie tranquilo si en ello iba que la Universidad llegase antes a Málaga”.

Se efectuaron y llevaron a cabo toda clase de estudios y proyectos técnicos en relación con la Universidad, tanto de las razones que avalaban su creación como de los lugares e instalaciones con las que podría contar. Se emprendieron constantes campañas de prensa a muy diversos niveles, siempre con excelentes resultados, y consiguieron el que toda Málaga viviese la inquietud por su Universidad. Las instituciones malagueñas, especialmente la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Málaga, se comprometieron con la labor emprendida. A partir de 1971, las labores de Paco de la Torre y Cayetano Utrera, ya entonces presidente de la Diputación y alcalde de Málaga respectivamente, fueron en todo momento excelentes en favor de la consecución de la Universidad. Se realizaron gestiones a todos los niveles, visitas a ministros de Educación o a otros miembros del Gobierno –tanto cuando llegaban o pasaban por Málaga o desplazándose la junta directiva a Madrid–, a otras altas representaciones del Estado, al mismo príncipe Juan Carlos... y siempre dejando bien patente cómo se estaba cometiendo una grave injusticia con Málaga que “sólo y únicamente puede resolverse ya con la inmediata creación de la Universidad de Málaga”.

Todo esto, como era de esperar, comenzó a dar sus frutos. En el otoño de 1969 se crea el Colegio Universitario de Málaga, dependiente de la Universidad de Granada y ubicándose en lo que anteriormente había sido Palacio de Justicia y sede de Facultad de Ciencias Económicas, en la Alameda Principal. Las clases en él comenzaron a impartirse al curso siguiente. Al fin, el 4 de noviembre de 1971, el gobernador civil, Víctor Arroyo, llama a su despacho al entonces presidente de la Asociación, Luis Peralta España, para comunicarle que al día siguiente el Consejo de Ministros aprobaría un nuevo Plan de Desarrollo y, dentro de lo programado en el mismo, se establecía la creación de la Universidad de Málaga.

La respuesta de Málaga, capital y provincia, a esta decisión fue, como siempre ha sucedido en esta tierra ante acontecimientos de este alcance e importancia, de total júbilo y gratitud, como igual fue la generosa entrega de muchas personas en los meses siguientes para que este proyecto ya en marcha se culminase lo antes posible. La aprobación por el Consejo de Ministros, el día 18 de agosto de 1972, del decreto del Ministerio de Educación y Ciencia creando la Universidad de Málaga, fue para nosotros como para tantos otros malagueños, como desde entonces hemos venido exponiendo, el acontecimiento más positivo e importante de toda la Historia de Málaga. 


*Andrés García Maldonado es presidente de la Asociación de la Prensa de Málaga
   
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