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12 de marzo de 2012 |
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Encarnación Barranquero Texeira |
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Intelhorce en el altar mayor de la Catedral |
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Industrias Textiles del Guadalhorce SA (Intelhorce) es un nombre ligado a la época desarrollista de Málaga desde los años sesenta, que corrió paralela al auge del turismo, pero también a la crisis industrial y a los problemas de competitividad que sufrió, en general, la industria, no ya en España, sino en toda Europa, abocada a reestructuraciones, cambios de dueños y objeto de prácticas opacas por parte de los mismos. Los trabajadores y trabajadoras de esta fábrica sufrieron los vaivenes a que los sometieron las leyes económicas y, sobre todo, políticas. Protagonizaron algunos de los acontecimientos más recordados y con más trascendencia de aquellos años que, de forma más o menos acertada, llamamos Transición.
Intelhorce fue un proyecto, después de algunos trámites anteriores, del Instituto Nacional de Industria (INI), que expuso en 1956 al Gobierno el diseño de la instalación y los detalles de construcción, aprobados al año siguiente. Durante la construcción ya murió un obrero y quedaron heridos siete y, desde meses antes, ya estaba en marcha una sección de hilaturas, que fue ampliándose, de forma que el Instituto Nacional de Previsión la consideró empresa modelo en Seguridad Social y la Organización Sindical la tildó de empresa distinguida, aunque siempre registraba pérdidas derivadas de su pésima organización.
Las protestas organizadas empiezan desde la negociación de los convenios colectivos en los primeros años sesenta. Una de las primeras intenta acabar con la práctica de mantener a las mujeres con la categoría de aprendizas aunque desempeñaran otros trabajos. A partir de 1966 las mejoras salariales fueron el centro de interés de los representantes del conjunto de empleados, mientras que la parte empresarial solamente aceptaba aumentar los pluses a cambio de una asistencia sin faltas y ritmos frenéticos de trabajo. En Confecciones Storch se exigía a las trabajadoras hacer un pantalón cada 8-12 minutos, por lo que no es de extrañar que CC OO publicara un folleto titulado ¿A dónde vamos a llegar?
El drama de Intelhorce fue su continuo cambio de dueño. Cuando pertenecía al Estado, éste le inyectaba capital para sanearla y venderla, y los nuevos dueños, en algunos casos en busca y captura policial, la ponían al borde de la quiebra. Cuando a finales de 1972 el grupo catalán Castell la compró con una plantilla cercana a las 2.500 personas, se producen los principales conflictos vividos en la capital malagueña, entre ellos, el de la ocupación de la catedral.
En 1973, en Málaga había unas CC OO suficientemente estructuradas con un órgano de expresión, Voz Obrera, que se hacía eco de la organización en diferentes centros de trabajo, entre los que destacaba la comisión de Intelhorce como una de las más combativas. En enero de ese año en la Casa Sindical se reunían unas 200 personas para exigir el reconocimiento de sus categorías profesionales e interesarse por los despidos de la huelga de 1972. Comenzaron con la táctica de ritmo lento para presionar con sus reivindicaciones en la negociación del convenio colectivo en marcha. Exigían una subida de 3.000 pesetas al mes, pago por parte de la empresa de los seguros sociales y 44 horas semanales. La empresa se negaba sistemáticamente, aceptando solamente una subida de 2.000 pesetas si se abandonaba el ritmo lento. Es una de las ocasiones en que los sindicatos, incluso los de clase que trabajaban como parte social, se vieron desbordados por la presión del conjunto de los trabajadores y las trabajadoras, que no reconocieron a sus representantes y que plantearon una huelga indefinida, con todas sus consecuencias. Mientras en las reuniones discutían las actividades que debían desarrollar, unos proponían ocupar la fábrica, lo que se desestimó al estar en las afueras y ser peligrosa la nave de tintes y pintura, que contenía mucha materia inflamable; otros, discutían la posibilidad de encerrarse en la catedral. Se consideró que era el lugar más acertado, ya que estaba a la vista de la población la posible represión, a lo que CC OO unía otro objetivo: tantear a la sociedad malagueña y valorar su solidaridad o su indiferencia, así como la actitud de sectores como el estudiantil, la Iglesia o los medios de comunicación. El encierro se organizó con todos los detalles: limpieza, reuniones, cambios de turno..., y fueron objeto de numerosísimas visitas de personas que acudieron a ayudar económicamente, con comida o tabaco, recibieron ayudas de fuera de Málaga, mientras el gobernador civil traía refuerzos para preparar el desalojo que, finalmente, se produjo el 4 de septiembre, fecha en que se preparaba la procesión de la Virgen de la Victoria. El resultado fueron centenares de despedidos y el desmantelamiento de las CC OO en este lugar de trabajo, donde habían sido tan fuertes. Ni al retrete podían acudir sino con una tablita a modo de relevo que no permitía a más de una persona permanecer allí. Pero de la derrota se aprendió y siempre fue un punto de referencia. A partir de entonces, la lucha del conjunto de los trabajadores se centró en la conservación del puesto de trabajo, más que en las mejoras salariales y provocaron las marchas de marzo de 1980, la huelga de enero de 1982 y la manifestación y los incidentes de febrero de 1982 en los que se intentó entrar en El Corte Inglés. Luego vinieron los planes de reconversión, viabilidad y de reestructuración de plantilla. Los problemas eran ya contra unos dueños desconocidos o venían del Tribunal Europeo. En 1996 se creaba una sociedad mixta a partir de los propios trabajadores, que ponían sus indemnizaciones en este nuevo y difícil proyecto.
*Encarnación Barranquero Texeira es profesora de la Universidad de Málaga |
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