Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  12 de marzo de 2012
  Rafael Ballesteros
  Así se organizó el PSOE de Málaga
  El trabajo de organización del PSOE en Málaga lo hicieron muchos compañeros, algunos con nombres más que conocidos de todos –y que no quiero nombrar porque ¿quién me podría asegurar que no olvidaba a algunos de ellos?– y otros, la mayoría, militantes anónimos que reconstruyeron nuestro partido en barriadas, en pueblos, en fábricas y lugares de trabajo y que no tuvieron, ni quisieron tener, ningún tipo de reconocimiento público. No tienen, ni pueden recomponer, si así lo quisieran en algún momento, el fugaz fogonazo de una foto en un periódico.
Aquel esfuerzo, desinteresado siempre y, a veces, peligroso, estuvo marcado en esos años –que van fundamentalmente entre 1972 y 1976– por numerosas dificultades de índole muy diversa y heterogénea, que quisiera concretar en tres, pertenecientes a los ámbitos orgánico, político y estratégico.

En el ámbito orgánico, la primera dificultad con la que nos encontramos, que corría paralela al imprescindible aumento de la militancia tan necesaria para asegurar nuestra presencia y clarificar nuestras alternativas no sólo en la ciudad de Málaga, sino también en la provincia –ese gran esfuerzo se vio recompensado con el resultado que obtuvimos en las elecciones municipales de 1979–, era el más que justificado recelo que encontramos, sobre todo en los primeros meses, entre los antiguos militantes del PSOE, cuando nos presentábamos como los nuevos organizadores y representantes del partido, sin la formación, la experiencia y el conocimiento de la historia y de la organización del partido que ellos habían acumulado en tantos años de luchas y represiones. Cuando se consiguió salvar las diferencias entre lo que llegó a llamarse el “PSOE histórico” y el “PSOE renovado” para unificarnos en un solo Partido Socialista reconocido por la Internacional, esas lógicas reticencias se salvaron y el salto orgánico y representativo de nuestro partido desde ese momento fue importantísimo en toda España y lógicamente también en nuestra ciudad y su provincia.
Las dificultades políticas no fueron de menor calado. La mayor de todas fue la extraordinaria proliferación de Partidos que se presentaban, a la naciente opinión pública española, identificándose como socialistas: el ya nombrado “PSOE histórico”; el PSP, que dirigía Tierno Galván; el PSA, dirigido por Rojas Marcos; el MSA y, sobre todo, el propio PCE, que en aquellos años no perdía ocasión para revindicar para sí la representación del “viejo” socialismo de Pablo Iglesias y Largo Caballero. Para ser reconocidos como los legítimos representantes de ese viejo socialismo y del socialismo democrático en general, no valía, sólo, el aval de la Internacional Socialista sino que hubo que hacer un esfuerzo extraordinario por clarificar nuestras posiciones, señalar diferencias, ofrecer alternativas; en definitiva, no olvidar nuestra historia pero saber defenderla en el hoy y para el hoy. Fue un trabajo de gigante, de esfuerzos sutiles e inteligentes; un ejercicio vibrante de insistencia y lucidez, de continuas deliberaciones y debates internos donde a cada hora modulábamos y reforzábamos nuestra identidad.

Las dificultades estratégicas no iban a la zaga. En aquellos años ser afiliado al PSOE significaba obligatoriamente, por mandato estatutario, militar, al mismo tiempo en la UGT –y no a la inversa, naturalmente–. Y la postura defendida a ultranza por la UGT de entonces, frente a la posición de CCOO, se concretaba en no participar en ninguna instancia que significara estructuras de poder franquista –sindicatos verticales, elecciones municipales por los “tercios representativos”…–. Esa posición asumida políticamente por el PSOE, igual que el PCE asumió la de CCOO, nos producía un cierto  aislamiento y nos excluía de una cierta dinámica política que el PCE puso de inmediato en marcha con la creación de una especie de Frente Democrático tan amplio que para formar parte de él se disminuyeron al mínimo las exigencias y condiciones de pertenencia y adscripción –aquella Junta Democrática que presentaron en París en julio del 74 Carrillo y Calvo Serer– y a la que nosotros, con otros partidos de muy escasa representatividad entonces, respondimos con una Plataforma Democrática –puedo recordar con toda exactitud el banco del parque en el que se formalizó el embrión de su funcionamiento– que era, en verdad, hija de una decisión política que respondía más a una actitud defensiva que verdaderamente activa y resolutiva.
Creo que los que dirigimos entonces el PSOE en Málaga y su provincia supimos operar, a pesar de ese handicap inicial, con la suficiente resolución y perspicacia como para, respondiendo a los retos a los que dicha Plataforma nos obligaba, no olvidar, sin embargo, ni un solo momento, que nuestro esfuerzo fundamental debía ir dirigido a organizar un Partido fuerte y cohesionado que supiera dar a cada uno de los numerosísimos problemas que entonces sufría la sociedad malagueña en su conjunto, alternativas rigurosas, ponderadas, creíbles, verdaderamente liberadoras, hasta que se aclarara de manera definitiva la representación y el peso auténticos de cada organización política como solamente era posible hacerlo, con la voluntad expresada democráticamente por los ciudadanos en unas elecciones libres.
Puedo recordar un momento concreto que viene a escenificar en mi recuerdo, con una meridiana claridad, no sólo el momento de precariedad orgánica en la que nos encontrábamos todavía en ese momento, sino también con el escaso bagaje ideológico que teníamos algunos de los que entonces éramos más jóvenes pero con carga representativa considerable dentro del Partido, para hacer frente a distintos requerimientos a los que  la actividad política diaria nos obligaba cada vez con más  urgencia y  con mayor exigencia y responsabilidad. Me refiero al momento en que una serie de periodistas de Málaga nos pidieron nuestra participación en la publicación de unos cuadernos donde los diferentes Partidos operativos en la ciudad y provincia explicaran a los ciudadanos sus pautas de funcionamiento orgánico y sus alternativas concretas a problemas como el paro, la lucha sindical, la educación, la salud...

Recuerdo la conmoción que dicha invitación nos produjo. Por un lado nos abría la posibilidad de dar a conocer de manera ordenada nuestras alternativas a la ciudadanía, pero por otro nos ponía frente a un reto para el que quizá, todavía, no estábamos suficientemente preparados. Recuerdo la mesa donde se amontonaron los libros, los compañeros que iban trabajando y redactando las alternativas, la falta de datos fiables de la verdadera problemática malagueña con los que podíamos contar, las noches en blanco discutiendo, intentando afinar cada respuesta. Cuando la moral se nos venía abajo sólo teníamos que buscar “nuestras” referencias, en nuestra propia historia, en nuestra mejor historia. Si teníamos que hacer referencias a la lucha sindical o la fortaleza de la Organización, contábamos con Pablo Iglesias; para la defensa a ultranza de la libertad, con Fernando de los Ríos; para el rigor ideológico y la lealtad a unos principios éticos, con Besteiro; para la inteligencia táctica, con Indalecio Prieto; para la conciencia obrera, con Largo Caballero; para la radicalidad necesaria, con Araquistáin…
No llegamos a explicitar aquel día. Pero esa era, sin duda, y es nuestra grandeza.


Rafael Ballesteros fue diputado por el PSOE de Málaga
   
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