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12 de marzo de 2012 |
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Juan Francisco Gutiérrez y José Ropero |
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El campo en lucha |
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Los orígenes del sindicalismo del campo malagueño tuvieron lugar en la comarca de Antequera, ya que allí se daban las condiciones más propicias para las movilizaciones. Era donde se tenía más conciencia de jornalero, donde la mayoría de los emigrantes a Francia eran procedentes de esta comarca, lo mismo que el mayor número de emigrantes a Cataluña y a otros puntos de España fue a consecuencia de la imposibilidad de vivir del campo en la zona. Esto también creaba una conciencia en nuestro contacto con otros emigrantes, debido a que al salir del pueblo se contactaba con el exterior e incluso con organizaciones como el Partido Comunista en el exilio. Esto se unía a los movimientos que había en torno a la Iglesia en la zona, con una especial implicación de la mayoría de los curas de la zona, como el párroco de Archidona Manuel Hernández, que tenía una alta capacidad intelectual y un gran compromiso y capacidad de soportarnos a todos, ya que toleraba a jóvenes como nosotros recién hecho comunistas, a los del Movimiento Comunista, a los del PTE, de Bandera Roja y, por supuesto, a los cristianos. El origen del movimiento del campo se encuentra en torno a esta configuración.
Los primeros pasos se dan en las primeras elecciones sindicales del sindicato vertical que hay después de 1970, donde empezamos, en concreto yo [Gutiérrez], que entré primero como miembro de la Sección Social de Humilladero. En las segundas elecciones hicimos más fuerza al conseguir la totalidad de representación de la Sección. Así estuve durante cuatro años de presidente de la Sección Social del sindicato vertical de mi pueblo.
Entre 1972 y 1974 empezamos las primeras movilizaciones en el campo, que no se hicieron por los convenios o mejoras salariales, sino que se realizaron por la supervivencia, para pedir más dinero para el empleo comunitario y, sobre todo, para informar a los temporeros que iban a Francia a la vendimia, a la recogida de manzana y remolacha. A partir de aquí, y después de cierta experiencia en las luchas por mejorar y aumentar las cantidades, y que los que trabajasen en el empleo comunitario no fuesen los amiguetes del secretario de la Hermandad de Labradores y Ganaderos, que eran quienes entonces distribuían el dinero del empleo comunitario, en el invierno de 1976-1977 empezamos a plantearnos, con los miembros del sindicato vertical, el primer convenio que se pide en la Comarca de Antequera relativo al olivar.
En el invierno de 1976-77 se realiza la primera movilización organizada a nivel comarcal, una huelga general en el campo que duró 40 días, y que casi hace peligrar la recogida de la aceituna. Al final llegamos a un acuerdo donde pasamos de las 375 pesetas del salario del jornalero por ocho horas de trabajo, a las 600 pesetas, además de la implantación del uso y costumbre que no existía entonces, y que estuvo en Campillos, Teba, Humilladero y Alameda, y que se arrastraba desde la II República. Aquella negociación fue de poder a poder, los empresarios iban a las negociaciones con la pistola bajo la chaqueta, y como amenaza se recostaban en los respaldos de la silla para que la viéramos. Nosotros aprovechando la radicalidad del movimiento comunista, abríamos la persiana del local del sindicato vertical de Antequera donde estábamos reunidos, y en el puerta había 300 jornaleros en plan de amenaza.
Ante esta tensión, ya que las posturas estaban muy radicalizas, el gobernador civil de entonces, Enrique Riverola Pelayo, nombró un mediador que hiciera un laudo. Éste hizo una labor ejemplar por como desactivó lo que era una bomba en el campo, ya que la situación entonces no tenía solución. Otro factor importante de este convenio era que defendíamos la tesis de que a igual trabajo, igual salario. En el campo se discriminaba a la mujer, y como era imposible salvar ese escollo, porque la patronal se encerraba, los sindicatos cedimos y cambiamos los conceptos en nombre. Así, en la recogida de la aceituna, el hombre que era el que vareaba lo calificamos de vareador y para la mujer que recogía recogedor, despareciendo los conceptos hombre-mujer. De esta forma, cuando se elabora el primer convenio provincial del campo se recogen los conceptos vareador-recogedor, un primer paso para la equiparación salarial entre el hombre y la mujer.
Sin embargo, la mayoría de las movilizaciones en ese periodo, hasta que en 1983 cambia el concepto de empleo comunitario, fueron para mejorar el núcleo principal de los jornaleros, que era el empleo comunitario. Así, el frente de lucha principal era exigir al Gobierno que incrementara los fondos destinados al empleo comunitario, que entonces el salario era de 826 pesetas por seis días, hasta que luego lo recortaron a cuatro. En segundo lugar pedíamos que la mujer tuviera derecho al empleo. Era una lucha por la supervivencia, no otra cosa. Luego vino la segunda etapa, que era conformar en los convenios todos los logros obtenidos hasta el momento a partir de 1978-1979.
En 1980 hubo movilizaciones en Málaga por el convenio que había firmado UGT, pero no CC OO del Campo que era el sindicato mayoritario. También había una lucha contra el fascismo, porque en la lucha de este convenio no sólo conseguimos parar la comarca, sino toda la provincia. En esos momentos, Fuerza Joven encerró a unos 30 jóvenes fascistas armados en invernaderos de Alhaurín de la Torre esperándonos, aunque al final no pasó nada porque dio la causalidad de que ese día no fuimos a ese pueblo. Entonces, la patronal de Antequera era cerril y caciquil, pero no era tan violenta como la patronal de la Costa, encabezada por Tomás Faurí.
Estos fueron unos años de dureza radical, como se pudo ver en el encierro que tuvo lugar en la iglesia de Santiago de Antequera en 1979. Por primera vez vimos a la Policía antidisturbios cargando contra los jornaleros. En otro momento, apalearon al dirigente de CC OO del Campo José Ropero. Esto provocó que algunos dirigentes que recorrían la comarca dando charlas informativas llevaran alguna carabina escondida para evitar ataques. A partir de 1979, con la llegada de los ayuntamientos democráticos, se empezó a hablar de la necesidad de una Reforma Agraria, a cuestionar el monocultivo y fomentar la idea de construir polígonos ganaderos e industriales. Esto es el germen de los polígonos que hay en los pueblos actualmente
*Juan F. Gutiérrez fue alcalde de Humilladero y José Ropero de Cuevas Bajas |
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