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12 de marzo de 2012 |
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JM |
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La corte franquista |
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A Franco no le gustaba la Costa del Sol y menos Marbella. Que se recuerde, había bajado tres ó cuatro veces, pero no se le escapaba nada de lo que se cocía en esta zona turística. Muchos de sus ministros la visitaban de forma periódica o tenían casas abiertas. Franco había autorizado que desechos nazis, huidos de Alemania y Bélgica, encontraran refugio en las urbanizaciones que poco a poco se construían junto al mar. Y también, dictadores sudamericanos, como Trujillo e incluso destacados miembros de la resistencia francesa en Argelia.
La década de los años setenta la Costa del Sol era un paraíso y adecuado lugar para el descanso. Eran años de crecimiento y empezaban a aflorar rentables negocios urbanísticos en los que aparecían destacados nombres del franquismo, muchos de ellos con entrada directa en El Pardo. De todos ellos, Monseñor Bocanegra, párroco de Marbella, se llevaba la palma. No había ministro, jerarca del Movimiento, banquero o empresario que no lo quisiera sentar a su mesa. Hay miles de anécdotas que adornan a este singular personaje que lo mismo se sentaba con los banqueros Coca, Fierro o cenaba con José Banús, que creaba unas escuelas profesionales para dar trabajo a los más necesitados. Para los jerarcas del régimen, la Costa del Sol era como su segunda camisa. Además de Paco Cantos, en Marbella, contaban con adecuados alcaldes como Clemente Díaz en Fuengirola, Paco Marruenda, en Estepona y un poco menos entregados, Miguel González en Mijas y Enrique Bolín, en Benalmádena, el alcalde más joven de España. Todopoderosos hombres del régimen franquista fueron los primeros en comprar terrenos en esta zona turística, como José Antonio Girón de Velasco. en Fuengirola, con la finca a los pies del castillo de Sohail, José Solís en Estepona, con la finca Los Tarantos; los marqueses de Villaverde en Los Monteros y la puesta en marcha de Incosol a su inauguración vino Franco-, Federico Silva en Río Real; Nemesio Fernández Cuesta y numerosos generales como José Yuste, Cavanillas, que luego gestionaría Sofico, González Badía, Iniesta Cano y otros muchos. La verdad es que los viernes por la tarde el aeropuerto de Málaga era como la antesala del Consejo de Ministros, con chóferes esperando a sus jefes en coches negros.
Empezaron a aflorar negocios millonarios con resonantes nombres del régimen en consejos de administración pero sería José Banús el empresario que más se destacó. Su gran obra fue Puerto Banús y Nueva Andalucía, pero Banús se arruina por una mala gestión y sobre todo porque se niega a despedir a los cientos de trabajadores que le sobran, cuando mediados los años setenta la crisis económica y turística hinca sus dientes en la Costa del Sol. También encontraron terreno abonado para sus inversiones millonarias los banqueros Ignacio Coca y Alfonso Fierro que promueven Los Monteros y Río Real, José Meliá, que en el año 1964 inauguraba el Don Pepe, un mito en aquellos años y que fue uno de los atractivos más grandes que tuvo Marbella, de la mano de su director general Francesco de Perlac. |
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