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12 de marzo de 2012 |
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Antonio S. Jiménez Pajarero |
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Ondas en libertad |
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Desde su creación, Radio Juventud de Málaga se caracterizó por su acercamiento a la ciudadanía. Fue siempre una ráfaga de aire fresco en el aburrido y oficialista dial del franquismo. Por suerte para mí, a mediados de la década de los setenta, Juan Fernández Lozano, director de la emisora y padre de la libertad en las ondas malagueñas, me encargó la presentación del programa de madrugada. Entre disco y disco, además de publicidad, intercalábamos entrevistas sobre temas que latían y preocupaban en la calle pero que la oficialidad callaba o trataba de taparlos a la opinión pública. Era la época conocida como tardofranquismo, cuando la sociedad malagueña bullía por lograr las ansiadas libertades políticas, sindicales y sociales. Y la radio, haciendo valer su indicativo de La Voz de Málaga, se pudo al lado del pueblo gracias al convencimiento y la firmeza democrática de Juan Fernández Lozano, que, con habilidad y muchos quebraderos de cabeza, supo mantener el equilibrio necesario entre la resistencia pertinaz de los mandamases de la caduca dictadura y la exigencia de libertad de la sociedad para la que trabajábamos. Pues bien, ese espacio nocturno se convirtió en el primer refugio radiofónico de los demócratas. Después vendrían más. Al magazine nocturno se unieron los informativos puros y duros y otros programas, de contenidos muy avanzados para la época, que tuvieron a María Teresa Campos y a Rafael Rodríguez como excelentes conductores.
Pero la máxima expresión de libertad que hasta el momento había tenido la radio en toda España llega con el cuatro de diciembre. En Málaga, como en toda Andalucía, la gente sale a la calle a disfrutar de una fiesta reivindicativa. Naturalmente, con esa celebración popular no podía faltar Radio Juventud. Con los precarios medios técnicos de entonces se monta un operativo para contar al oyente los detalles del acontecimiento. En los estudios María Tersa Campos, ante el micrófono, y Fernando García del Río, en la realización, hicieron un magnífico trabajo, dando paso a conexiones en directo con todos los puntos de interés del recorrido de la manifestación. Pero la fiesta se convirtió en tragedia porque así lo habían planeado los enemigos de la libertad.
Y la radio de Málaga lo contó al instante relatando el horror y la indignación de un pueblo pacífico que, ilusionado, acudió en familia a la gran cita democrática. El asesinato del manifestante García Caparrós, y el propio instinto popular al entender que lo que se pretendía era acallar y acobardar cualquier atisbo de libertad, produjeron los incidentes de los días cinco y seis de diciembre. Málaga fue tomada por la Policía Armada, que cargaba indiscriminadamente contra sus vecinos. Y allí seguía Radio Juventud contándolo todo a pesar de las agresiones y amenazas que padeció. Después, afortunadamente, ya nada fue igual. El hito informativo de esas jornadas rompieron las barreras de una censura atroz por más que les pesara a los todavía muy poderosos servidores de la dictadura. Insisto, todo fue así gracias a la profesionalidad y honestidad de Juan Fernández Lozano, un hombre que se la jugó por defender la libertad de expresión y enseñarnos a los jóvenes de entonces qué es lo que debe hacer un periodista con mayúsculas.
*Antonio S. Jiménez Pajarero es periodista |
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