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12 de marzo de 2012 |
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Ignacio Trillo |
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Sábado rojo de gloria en Málaga |
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Señoras y señores, hace unos momentos fuentes autorizadas del Ministerio de Gobernación han confirmado que el Partido Comunista... (puff, perdón) que el Partido Comunista de España ha quedado legalizado e inscrito en el ... (puff, puff) Repetimos la noticia, ¿eh? (Palabras de Alejo García en el parte de las diez de la noche de RNE del 9 de abril de 1977).
Después de esperar durante décadas la noticia, por más que deseada, no podía dejarnos de sorprendernos eufóricamente. Atrás dejábamos el largo túnel de la clandestinidad. Lástima que el sacrificio de entrega y generosidad de tantos luchadores que fueron cayendo en el exilio o en el interior, unos biológicamente y otros bajo las garras criminales del franquismo, no hubieran podido llegar hasta nuestros días para saborear y compartir en estos momentos las mieles de lo que esto significaba para toda la izquierda. La historia al final se hacía tozuda reponiendo a cada uno en su justo lugar. El todo atado y más que atado con lo que el dictador nos auguró que después de Franco vendría más Movimiento Nacional, saltó en su último eslabón por los aires... Esas y otras fueron las primeras reflexiones que más de uno de nosotros nos hicimos cuando comenzamos a dar crédito que aquello por lo que tanto se había luchado, en una de sus etapas más trascendentes, se hacía realidad. Salir del todo a la luz, a la calle que ya era hora, y que las gentes vieran lo que éramos fue nuestra primera reacción.
Inmediatamente tras conocerse la noticia, lo primero que hicimos fue agarrarnos al teléfono que más cercano teníamos, cabina o casa, para llamar a los camaradas del partido y anunciarles la primicia. Aunque pareciera imposible, a pesar del inteligente día elegido por Adolfo Suárez cuarteles cerrados y ministros de vacaciones sólo llegaron anteriormente a enterarse Gutiérrez Mellado, Landelino Lavilla y Martín Villa. Cuando llegabas a contactar con alguien que no le pillaras comunicando ya lo sabía. La novedad se había corrido como la pólvora. Los militantes nos fuimos al encuentro en bares y tascas para brindar por la buena nueva. Fueron innumerables las espontáneas concentraciones que tuvieron lugar en muchos barrios y rincones de nuestra geografía provincial, con celebraciónes que duraron hasta altas horas de la madrugada. Quizás la más numerosa fue la que ocurrió en el bar El Zagal de las playas de El Palo, donde llegamos a coincidir más de 300 personas. Pareciera como si hubiera estado organizada previamente. Todo eran abrazos, lágrimas y más de alguna tajá. Con aires solidarios, se personaron también algunos dirigentes de otros partidos; que yo recuerde, PSOE, PSA y PSP. Allí acordamos los militantes del PCE realizar la mañana siguiente una caravana de coches que partiendo de nuestra sede provincial, que dejaría de ser clandestina, recorrería todos los barrios de Málaga.
Así, a primera hora de la mañana de ese Domingo de Resurrección, en el balcón de la calle Salitre 21, primera planta derecha, fue izada la bandera roja con la hoz y el martillo ante el júbilo de los numerosos militantes que ya se encontraban en la calzada. Comenzaron a llegar vehículos procedentes de la capital y de la provincia, entre ellos bastantes de Casabermeja. Se nos comunicó que en otros pueblos distintos convoyes estaban prestos para hacer itinerarios comarcales. Conforme pasaban los minutos, la citada calle malagueña quedó bloqueada de automóviles con banderas rojas en sus ventanillas. Mientras, en la sede ya no se cabía. Sin ninguna petición de autorización gubernativa, a ninguno se nos ocurrió ni tan siquiera solicitarla. Además, carecíamos de interlocución alguna en el Gobierno Civil que no fueran los policías de la represiva brigada político y social. A las doce en punto comenzó la marcha encabezada por un Sima 1200 con los acordes de La Internacional, que salían de un improvisado altavoz colocado sobre su baca por un radioaficionado paleño. El Perchel, Carretera de Cádiz, Trinidad, Miraflores, Palma-Palmilla, Ciudad Jardín, El Palo... todo sería atravesado, acompañado del sonido de las bocinas y los gritos eufóricos de libertad, amnistía y el sí, sí, sí, Dolores a Madrid, reivindicando la presencia de Dolores Ibarruri La Pasionaria en la capital de España, para que con el fin del exilio pisara nuevamente sus calles. Por la enorme longitud de esa hilera de coches, ante la presencia de semáforos que constantemente interrumpían su lineal continuidad, así como por expreso deseo de algunos militantes para que cuanto antes se pasase por el barrio en el que vivían, y así vieran que él también era comunista, conforme fue avanzando el tiempo su unidad quedaría rota en varios trozos que autónomamente hicieron otros trayectos. Por ello no existió ni un sólo sector de nuestra capital que no recibiera tan roja y pacífica visita. La ausencia de incidentes fue la tónica general que acompañó a ese intenso día. Tampoco se dejó ver presencia de guardias civiles o policías nacionales, los llamados grises. Como mucho, la policía local regulando el caos de tráfico. Sí en cambio pudimos observar personas mayores que a nuestro paso saludaban o levantaban emocionados el puño en señal de alegría.
Así, hasta las seis de la tarde. Después de recorrer Gamarra y Nueva Málaga, nos encontrábamos el grueso principal de coches que no habíamos sufrido cortes ni despistes a la altura de Eugenio Gross. Allí recibimos rumores de que antidisturbios de la Policía Nacional habían salido de La Aduana con el objetivo de disolver la caravana, así como que núcleos de Fuerza Nueva, la ultraderecha de Blas Piñar, se estaba movilizando para atacar a esta inofensiva manifestación. Fue en ese lugar donde por primera vez sentimos encontrarnos en un terreno hostil, con muchas viviendas ocupadas por familias de militares desde donde comenzaron aisladamente a soltarnos insultos. Decidimos disolvernos para evitar provocaciones. Valorado muy positivo el transcurrir de la jornada, la dirección provincial del PCE, allí presente, acordamos volver a Salitre para tener una breve reunión de cara a hacer la programación de trabajo para la semana. No podíamos perder tiempo, las elecciones las teníamos a la vista dentro de mes y medio.
Pero los siete días siguientes transcurrieron de forma no prevista; ruidos de sables en los cuarteles, dimisión del ministro de la Marina, Pita Da Veiga, presiones ultras contra Suárez, rumores de golpe de Estado... y en lo que a nivel político más directamente nos podía afectar, reunión urgente en Madrid del Comité Central del PCE. Por ello, a su finalización, Tomás García se desplazó de inmediato a Málaga para convocarnos a una reunión con el objeto de hacernos llegar, ante la gravedad del momento que se vivía con serios riesgos involucionistas, las importantes decisiones tomadas en dicho cónclave, entre otras, las relacionadas con la monarquía y los símbolos del Estado. Durante horas estuvimos debatiendo divididos en dos polos opuestos no exento de grandes tensiones de desacuerdos entre nosotros la situación existente así como la oportunidad de las resoluciones tomadas y el órgano competencial estatutario para haberlos decidido. Pero eso forma parte ya de otro episodio de la historia que se inició ese preciso día de Semana Santa en el que el Todopoderoso estaría atareado preparando la resurrección de su no menos divino y privilegiado hijo.
Igancio Trillo fue miembro del Comité Provincial de Málaga del PCE en 1977 |
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