Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  12 de marzo de 2012
  Juan Antonio Ruiz
  El poder de las peñas
  Durante los últimos años del franquismo comenzaron a surgir diversas asociaciones que, aunque entonces estaban prohibidos los partidos políticos, empezaron a hacer de una forma u otra política. Estas agrupaciones, principalmente las asociaciones de vecinos y las peñas, tuvieron su mayor protagonismo en las primeras elecciones municipales democráticas.

Las asociaciones de vecinos.
En Málaga, estas asociaciones tuvieron mucha influencia en aquellos años, tanto en la elaboración de las listas de los partidos como de sus programas electorales, y en última instancia en los resultados electorales. Los beneficiarios fueron, principalmente, el Partido Comunista de España (PCE), que fue la única formación política que aumentó sus votos con respecto a las elecciones legislativas, celebradas un mes antes; y el Partido Socialista de Andalucía (PSA), que frenó su caída, aunque perdió votos con respecto a los comicios de marzo de 1979. El movimiento vecinal en Málaga pudo tener su origen entre 1966 y 1968, cuando se intentaron crear unas Comisiones Cívicas que tenían como objetivo tratar los temas ciudadanos en general.

La casa de los hermanos Manuel y José María González Ruiz sirvió como lugar de reunión de personas de distintas ideologías políticas. A ellas asistieron los pintores Enrique Brickman y Manuel Barbadillo, Luis Merino Bayona, Carlos Sanjuán –antes de pertenecer al PSOE–, Carlos Navarrete, gente del PCE, como Leopoldo del Prado, y también de la Democracia Cristiana.

Sin embargo, las redadas policiales en 1968 y 1970, que supusieron la caída de dirigentes locales de oposición al régimen, acabaron con este intento de organizar unas comisiones, como las obreras, pero en vez de tener el objetivo de defender los derechos de los trabajadores, se encargarían de tratar de solucionar los problemas de los ciudadanos, en general.

En esos años sesenta la ciudad de Málaga sufrió un fuerte aluvión de personas que se trasladaron desde los pueblos para mejorar sus condiciones de vida, y llegaron a unos barrios donde sus viviendas eran mejores que las que tenían desde donde venían, pero las nuevas se habían construido con una falta importante de servicios e infraestructuras. Entonces, desde el PCE de Málaga se plantea cómo responder a los problemas que estaban apareciendo en los barrios de los trabajadores. Así surgió la idea de intentar organizar células en los barrios que se dedicaran a crear asociaciones de vecinos y llamar a los ciudadanos a reivindicar lo elemental para el barrio.

Las primeras agrupaciones vecinales de Málaga ven la luz a lo largo de 1973, y fue en aquellos barrios donde ya había una gran tradición comunista: Perchel, Carretera de Cádiz, Jardín de la Abadía, San Andrés, La Luz, Cruz de Humilladero, El Palo, Pedregalejo. Entre las actividades reivindicativas de las asociaciones de vecinos de Málaga destaca, por su enorme importancia, la campaña realizada por algunas asociaciones como la del El Palo-Pedregalejo, en contra de que los planes parciales urbanísticos de las distintas zonas malagueñas fueran elaborados a espaldas de los vecinos, organizando para este fin asambleas, creando comisiones para el estudio de planes, etc., que acabaron con la victoria vecinal, ya que la administración municipal aceptó algunos planes urbanísticos elaborados por los propios vecinos.

Los movimientos vecinales sirvieron para la promoción política a nivel local, llegando a crear tensiones con alcaldes y concejales del régimen anterior que redundaban en una petición de más democracia en los municipios. Desde el Gobierno Civil se perseguía a estas personas, a las que imponían fuertes multas que no podían pagar, por lo que tenían que ingresar en prisión.

El primer alcalde que comenzó a sentir el aliento de los vecinos de Málaga fue Cayetano Utrera Ravassa, designado en 1970, y luego Luis Merino. Los vecinos le exigían unas infraestructuras mínimas, desde la colocación de un semáforo hasta el acerado, y luego vinieron las zonas verdes.

Cuando llegaron las elecciones municipales del 3 de abril de 1979, el asociacionismo vecinal ya contaba con una  Federación de Asociaciones de Vecinos provincial única, que agrupaba a más de 70 asociaciones. Tanto el presidente de entonces, Miguel Peral, como el vicepresidente, Luis Asenjo, eran miembros del comité provincial del PCE. También hubo partidos de izquierdas como el Partido del Trabajo de Andalucía (PTA) que llegó a contar con representantes vecinales en su candidatura. Así, el número dos de su lista, José Luis González, era vicepresidente de la Asociación de Vecinos de la Trinidad.
En estos comicios locales, el asociacionismo vecinal tuvo una mayor importancia que en las elecciones legislativas celebradas un mes antes. Esta situación hizo que el PCE fuera él único partido que subiera en Málaga, hasta llegar al 21 por ciento, mientras que el resto de las formaciones políticas perdieron votos con respecto a las elecciones legislativas celebradas un mes antes.

las peñas. Uno de los aspectos singulares que tiene la ciudad de Málaga son las peñas, que con el paso del tiempo han ido perdiendo poder de influencia. En la década de los setenta, para muchos de sus miembros las peñas eran las únicas asociaciones legalizadas que vertebraban Málaga.

A principios de los setenta, las peñas jugaron un papel que vino a ser precursor de lo que después hicieron los partidos políticos, como aglutinador de gentes con unas ideas y unos propósitos a favor de la ciudad. De ahí que las peñas durante los últimos años del régimen franquista se convirtieran en cauce de participación de la ciudadanía. Además, las peñas jugaron el papel de ser las únicas que tenían cierta autonomía del poder establecido, aunque siempre había algún tipo de relación, y entonces personas que tenían apetencias políticas utilizaban las peñas para su propio beneficio.

En la capital había tres tipos de peñas: culturales, recreativas y populares. Entre las peñas culturales estaban la Peña Taurina, el Círculo Mercantil, con una historia de más de cien años, y también estaba la Peña Malaguista que luego sería el Liceo de Málaga, que nació siguiendo al C.D. Málaga y fue una escisión del Círculo Mercantil. En un segundo nivel, estaban aquellas peñas que habían nacido con un sentido recreativo, en muchas ocasiones benéficos o deportivos, que por su buena economía y sus socios –como los nuevos constructores, profesionales medios– consiguieron despegar a partir de la Feria de Málaga 1971-1972, como las entidades El Sombrero, El Cenachero o El Parral. En un tercer nivel estaban peñas que eran más vecinales, más pequeñitas, que proliferaban por toda la ciudad.
Un ejemplo del poder de las peñas de Málaga se pudo ver durante la elaboración de las listas para las elecciones de junio de 1977 por parte de Alianza Popular: se enviaron una veintena de cartas a la dirección de este partido desde la peña El Sombrero, criticando que no se incluyera en esa lista a Luis Peralta España. La peña El Sombrero fue fundada en 1962 por un grupo de nuevos empresarios malagueños que se reunían en torno a la Feria de Málaga. Uno de sus fundadores, que luego sería candidato del PSA a la Alcaldía de Málaga en 1979, Rafael García Cervantes, revela que esta peña, en los años setenta, llegó a tener tal poder que no había ministro que llegara a Málaga que no tuviera algún contacto con los responsables de esta peña. Así pasaron por El Sombrero, entre otros, los ministros Licinio de la Fuente o Utrera Molina.

Revela que El Sombrero llegó a meter en el Ayuntamiento de Málaga a un representante de las peñas en las elecciones de 1970, José González Gil; y otro en las elecciones de noviembre de 1973, que tomó posesión en 1974,  Carlos García Hurtado. Todos fueron en representación del tercio familiar. También hubo un intento en las elecciones de 1973 de meter algún concejal en el Ayuntamiento malagueño por el tercio de las entidades, pero éste fracasó. Este intento de participación de las peñas en la vida municipal no iba en relación de votos que podrían dar esas entidades, sino que se convertían en una pequeña cantera de políticos, de constructores y otro tipo de personas que no tenían forma de darse a conocer. Se dieron casos entonces en que presidentes de peñas no fueron elegidos por sus propios socios, e inmediatamente crearon una peña para ser presidente.

Las elecciones municipales del 3 de abril de 1979 van a ser distintas para el mundo de las peñas. Así, el entonces presidente de la Peña Malaguista, Andrés García Maldonado, fue designado candidato de la Unión de Centro Democrático a la Alcaldía de Málaga en estas elecciones, y para ello influyó mucho este cargo.

García Maldonado presidió la Peña Malaguista entre 1974 y 1978, y decidió abandonar el cargo “porque sabía que iba a ir de concejal en las listas de UCD y lo dejé porque siempre prometí no implicar una cosa con la otra”. A pesar de ello, García Maldonado cree que las peñas influyeron poco en los resultados de las municipales y pone como ejemplo el caso del presidente de la Peña Malaguista que le sucedió en el cargo. No obstante, la UCD de Málaga no quiso olvidar en esos comicios el mundo de las peñas en su candidatura a las municipales, y tras hablar con el que había sido coordinador de las peñas, Manuel González Carazo, lo integraron en la lista centrista en séptimo lugar.
Quizás el caso más sangrante del escaso poder de las peñas es el que ocurrió con el candidato de UCD a la presidencia de la Junta de Andalucía, Luis Merino Bayona, donde había logrado apoyo económico en su campaña para mover a las peñas de Málaga. De esta forma, consiguió terrenos para hacer una sede para las peñas. Además, llevó a varios centenares de peñistas al Palacio de la Moncloa, donde el presidente Leopoldo Calvo Sotelo les atendió durante unos momentos y les ofreció un refrigerio. El día de las elecciones autonómicas, UCD puso un autobús para que los peñistas más alejados de su colegio electoral pudieran votar. Después del día de la votación comprobaron que en muchos colegios electorales los peñistas no les habían votado.

En estas primeras elecciones municipales democráticas, el partido que se consideró más beneficiado por las peñas fue el PSA, hasta el punto de que en la elaboración de las listas intercalaba a los militantes con los peñistas. La entonces concejal del Partido Socialista de Andalucía en el Ayuntamiento de Málaga, en la legislatura 1979-1983, María del Carmen Jiménez, reconoce que “el pacto con las peñas fue muy bueno, ya que dimos charlas en casi todas las peñas y todas ellas colaboraron”, y recuerda que, el día de las elecciones, muchos de los interventores en las distintas mesas electorales fueron peñistas.

Aunque Jiménez considera que las peñas sí influyeron en los resultados que obtuvo el PSA en las elecciones municipales de 1979, porque se preveía una mayor debacle, su cabeza de lista, Rafael García Cervantes, afirma que las peñas apenas tuvieron repercusión en los resultados, debido a que “el PSA esperaba obtener mejores resultados en esos comicios”.


Juan Antonio Ruiz es periodista
   
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