Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  12 de marzo de 2012
  Juan Cortés
  La silla eléctrica
  La década de la Transición dejó en la historia del Málaga algunos hechos inolvidables. Fue, de otro lado, una de las cinco en la vida del club, que dejó de existir cuando llegaron las sociedades anónimas deportivas al fútbol nacional, en julio del 92.

En el periodo comprendido entre el 73 y el 83, el titular blanquiazul de Martiricos vivió hasta tres ascensos. Dijo adiós a la época más relevante hasta entonces en el balompié local cuando en 1975 cerró su quinquenio de oro, aquel periodo en el que el líder fue Viberti y el Málaga consiguió cotas tan altas como pelear por los primeros puestos de la tabla y llegar a una semifinal de la Copa. Cuando se cerró la década, el once de la capital de la Costa del Sol florecía en el primer escaparate balompédico del país, incluido entre los grandes equipos españoles. De entonces data la histórica victoria por 6-2 al Real Madrid.

De todo lo vivido, que fue muchísimo, en ese decenio hay que recordar que por primera vez en la historia del club, a pesar de un descenso a Segunda, se celebraron las más disputadas elecciones a la presidencia de la entidad. Nadie podía pensar que después de que el endeudamiento del club exigiera la venta de dos jugadores de la categoria del argentino “Chupete” Guerini y del portero internacional Deusto, llegaran a las urnas hasta cuatro candidatos. Nunca tal hecho se había producido en el club blanquiazul. Los aspirantes trabajaron a fondo a los socios compromisarios que eran los votantes y hubo exhibición de programas de trabajo en el planteamiento de una lucha democrática. El presidente que ocupaba la poltrona al iniciarse la transición, José Ibáñez, no llegó a cumplir ni la mitad de sus cuatro años de mandato.

Sólo en dos ocasiones, en el pasado del desaparecido club, hubo que llegar al recuento de los votos. Y la anterior había sido diez años antes. Aun cuando sólo cuatro aficionados –Jose Ibáñez, el elegido, Juan Domínguez Ramos, Jose Robles Garrido y Jose Quintanilla– consiguieron reunir las adhesiones necesarias para concurrir a la elección, por el camino quedaron como media docena más de candidatos. Parecía que el club de la ciudad viviera un época de vacas gordas, y la verdad es que eran las más raquíticas hasta entonces.

Cuando el primer presidente de la democracia abandonó el cargo, volvió a ocurrir lo de siempre: que no había quién quisiera ocupar la silla eléctrica que siempre fue la presidencia del club. Ya la primera autoridad, el gobernador civil, pasaba de las complicaciones del club y no obligaba a ningún ilustre paisano a tomar las riendas de la entidad, como en los años cincuenta sucediera. Convocatoria tras convocatoria pasaron unos meses sin que apareciera quién estuviera dispuesto a cargar con tan pesada cruz. Había que remover los cimientos y despejar el oscuro horizonte que incrementó el pasivo y que forzó desviar la mirada hacia la casa. Y la cantera se entronizó en un Málaga que se pasó la mitad de la década dando tumbos, ahogada por los acreedores que pretendieron embargar las instalaciones de La Rosaleda, único patrimonio con que contaba el titular desde 1941. Las hipotecas que sobre ella pesaban hicieron buscar a los acreedores otras formas de cobro. Y en los años 76 y 77 el club estuvo bajo la custodia de dos administradores judiciales que no pudieron administrar nada y, mucho menos, cobrar.

Cuando un poco de viento fresco llegó tras posesionarse Viberti del cargo de entrenador, no sin tener que hacer frente a la oposición de los técnicos titulados españoles, que le catalogaban de intruso –para ellos nada contaba la inigualable historia profesional del internacional argentino– se produjeron dos hechos que marcaron ese 1980 como el año más tenebroso del pasado blanquiazul. Uno fue la rebelión del Málaga contra la Federación. Tal actitud carecía de antecedentes en el fútbol español. Hasta entonces, lo que decía el ente federativo a través de sus comités iba a misa. Pero el Málaga se negó a aceptar su destierro a Algeciras para jugar un partido de Primera división con el Almería. Un árbitro que hizo historia –y eso que no fue el único que clausuró el estadio de Martiricos–, el valenciano Fandós, dio la nota en un Málaga-Rayo. Reputados letrados y distinguidos diputados participaron en la guerra del Málaga con el órgano federativo y hasta las Cortes llegó el eco de la postura malacitana contraria a aceptar la disposición dictatorial de la Federación. La batalla pudo haber sido mas larga. Pero la frenó otro partido, en La Rosaleda, entre el Málaga y el Salamanca, en el que se intentó arreglar el resultado. De nuevo el Málaga ocupó la atención de los jueces federativos, que dedicaron todos los meses de abril, mayo y junio de 1980 para dictar sentencia. Los gritos de ¡tongo, tongo! que atronaron en las gradas del estadio plantearon serias dudas desde los directivos hasta al propio entrenador. El 20 de junio de 1980 el Comité Nacional de Competición  hizo estallar la bomba futbolística con un total de ocho inhabilitaciones: Castronovo, el “comprador”; Orozco, el “tocado”, y Mesones, el inductor de la maniobra, por dos años; por uno, Migueli, Aráez, Macías y Corral y, a perpetuidad, al presidente del Salamanca. Hasta un año después, el Málaga estuvo inmerso en aquel escándalo al que puso fin el Consejo Superior de Disciplina Deportiva del Consejo Superior de Deporte el 29 de mayo de 1981 declarando inocentes a Aráez, Corral, Macías, Migueli y Orozco. Durante 11 meses y nueve días habían estado inhabilitados.

La tormenta pasó y para despedir la década de la Transición llegaron tiempo mejores. Tras los ascensos de Pavic (1976) y Viberti (1979) y superar la travesía de la Segunda división, durante un quinquenio dividido en tres etapas, Antonio Benítez estrenó su titulo de entrenador llevando al equipo a la cúspide balompédica hispana. Lo hizo con una jauría de canteranos que él mismo forjó en el equipo filial. Fue la aparición de los Hierros, Recio, Canillas, Popo, Nacho, Juan Carlos, Jose, Astorga, Fernando Peralta, Santi... El Málaga despidió la década de la Transición desplegando a los venturosos vientos del primer trienio de los ochenta la bandera blanquiazul.

En diez años, el fútbol de Malaga había vivido cinco entre los elegidos, contó con tres presidentes, dispuso de media docena de entrenadores, traspaso a siete jugadores –Deusto, Guerini, Esteban, Santi, Castronovo, Megido, Salguero– y La Rosaleda, a sus 41 años, vistió las galas de ser escenario de un Campeonato del Mundo (España 82). Nada hacía suponer, entonces, que a aquel club que se media de tú a tú con los grandes de España le quedaba tan sólo una década por delante para desaparecer. Pero los diez años de la Transición se vivieron futbolísticamente con mas intensidad que cuantos le había precedido.


*Juan Cortés es periodista
   
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