Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  12 de marzo de 2012
  Andrés García Maldonado
  La primera corporación democrática de Málaga y la UCD
  Las elecciones municipales del 3 de abril de 1979, en el caso de Málaga capital, dieron claramente la victoria al PSOE, aunque no con mayoría absoluta, quedando en segundo lugar  UCD, en tercero el PCA y el cuarto, aunque bastante mejor situado de lo que en realidad se esperaba, el PSA. Pronto, siguiéndose el planteamiento producido a nivel nacional con el denominado Pacto de las Izquierdas, socialistas, comunistas y andalucistas conformarían también en Málaga el gobierno municipal, muy a pesar de Pedro Aparicio, elegido alcalde como correspondía, que en alguna que otra ocasión dejaba ver la realidad de su aprecio por los comunistas al mismo tiempo que su talante y calidad democrática a pesar de que ello no era nada fácil.
Se afirmó y creo que así fue, ahora que la distancia nos permite ver con más serenidad aquellos años y hechos, que las Corporaciones Municipales que cubrieron la etapa 1979-1983, las conocidas como “las primeras democráticas”, cubrieron, al menos hasta entonces, la etapa más importante de la historia de la vida municipal española. Ésta no había tenido jamás el impulso que recibió en aquellos cuatro años. La Ley Electoral de 1907, que pudo en principio parecer un avance en favor de la vida de los Ayuntamientos, ni lo fue entonces ni mucho menos si se contempla con el paso de las décadas. Esa ley siguió entendiendo la democracia a medias, manteniendo serias limitaciones para la elección de los representantes municipales. El Estatuto Municipal de Calvo Sotelo de 1924, aunque afirmaba el criterio autonomista de los ayuntamientos, imponía rígidos controles del poder central al municipal, aunque hemos de reconocerle que ya, al fin, declaraba a la mujer elegible para el cargo de concejala.
La II República, en la misma semana siguiente a su proclamación, en lo que a legislación municipal se refiere, daba el derecho de voto a las personas con 23 y 24 años, pero mantenía a los ayuntamientos sometidos al régimen de consejos gubernativos. Cuando todo esto comenzaba a cambiar, con la Legislación municipal de 31 de octubre de 1935, vino la Guerra Civil y, tras ella, la dictadura, que ató más aún a los ayuntamientos al poder central.
Justo es reconocer que el impulso a la vida municipal al que hago mención en aquellos años, en tantos aspectos todavía de transición, se debió a tres razones fundamentales: una, la actitud legislativa y política, en lo que se refirió a la política municipal también, de Unión de Centro Democrático, entonces en el Gobierno de la Nación; otra, el talante y labor de las Corporaciones Municipales que salieron de las urnas el 3 de abril de 1979, y, la última, la Federación Española de Municipios y Provincias, que desarrolló una oportuna y transcendental gestión, precisamente presidida por quien era alcalde de Málaga, Pedro Aparicio.
Hubo aciertos y desaciertos en la labor desarrollada por aquella Corporación Municipal constituida, salvo alguna excepción –que era eso, excepción–, por personas con verdadero talante democrático y, sobre todo, una generosidad y entrega que en variados casos fue hasta ejemplar, todo ello en favor de la ciudad y de la democracia bien entendida, superándose en la mayoría de las ocasiones actitudes y posicionamientos meramente partidistas. Abundaron los problemas y, con ellos, las dificultades. La entrega y hasta en algún que otro momento la valentía suplieron la inexperiencia y el desconocimiento. Todo ello junto a situaciones heredadas y amontonadas desde hacía muchos años y otras propias de una ciudad en constante crecimiento y que ya, por su elevado número de habitantes –en el transcurso de aquel mismo mandato municipal Málaga alcanzaba y superaba el medio millón de habitantes–, era la sexta de España.
La gestión, en su conjunto, fue francamente positiva, y ello a pesar de que hubo algunos momentos realmente difíciles, dado que Pedro Aparicio no siempre recibió, tanto por propios como extraños, el apoyo acordado, hasta el punto de que fue objeto de una moción de censura que le presentó el Partido Comunista y que no prosperó por el apoyo que recibió de los andalucistas, pasando a continuación el grupo UCD a tener mas participación en el gobierno municipal.
En el orden conmemorativo y en el histórico, aquella Corporación Municipal prestó especial atención al centenario del nacimiento de Pablo Picasso, lo que puede darnos una idea de la línea de actuación que seguía la misma. Fue entonces cuando realmente se comenzó a recuperar al genial artista para toda Málaga. No se olvidó, claro está, el ciento cincuenta aniversario del fusilamiento del general Torrijos, haciendo hincapié en “la Málaga primera en el peligro de la libertad”; el homenaje a Jorge Guillén y, con él, a los poetas y escritores del pasado siglo que pusieron ante todo la dignidad; el homenaje a la Bandera Andaluza en la Conmemoración de la Autonomía de Andalucía con el recuerdo presente de Blas Infante y siempre desde el pleno convencimiento de todos de que ésta debe ser siempre por Andalucía, España y la Humanidad; el homenaje a la Constitución Española y a la Bandera de España y, con ello, a la Libertad, a la Justicia y a la Democracia con mayúsculas, en unos momentos en los que la intentona golpista del 23 de febrero aún estaba fresca aunque tajantemente rechazada por la inmensa mayoría del pueblo español y, por supuesto, por el malagueño, incluyendo aquella Corporación Municipal que en ello sí fue, sin lugar a la menor duda, plena y decididamente unánime. Aquí, en aquellas difíciles horas, Pedro Aparicio estuvo a la gran altura de lo que requería Málaga y hasta la misma Historia. Fui testigo de excepción de su comportamiento en el fiel y valiente cumplimiento de su función de alcalde democrático-constitucional de Málaga.
El grupo UCD, en contra de quienes en nuestro propio partido insistían en una actitud radical de oposición, y en contra de la forma de actuar de algunos otros grupos en momentos concretos, mantuvimos en todo momento que el Ayuntamiento no era, ni podía convertirse, en un mini parlamento. Siempre insistimos en que era necesaria la entrega y colaboración de todos para superar los muchos problemas y deficiencias que tenía Málaga.
Partiendo de esta posición, tras unos primeros meses en los que efectuamos una estricta labor de necesaria y adecuada crítica de gobierno municipal, aceptamos ciertas responsabilidades de delegaciones y servicios sin que ello, como lo pusimos de manifiesto en reiteradas ocasiones, condicionase nuestra clara oposición cuando lo consideramos necesario. No debiendo olvidarnos de que nuestra posibilidades quedaban totalmente reducidas ante la abrumadora mayoría del resto de los grupos municipales así como nuestro entendimiento, repito, de que el Ayuntamiento no estaba para que en él se practicase por sistema una oposición a rajatabla, o para ser utilizados políticamente como vanguardia o punta de lanza en el ataque a las representaciones políticas de autonomías o del mismo Estado.
El día que cesamos como concejales de Málaga, el 23 de mayo de 1983, concluímos nuestra intervención poniendo de manifiesto nuestro honor por haber sido miembros de UCD y, “con la mayor de las convicciones y el más decidido de los propósitos, despedirnos proclamando que, como decíamos en nuestros lemas electorales, siempre hemos querido una Málaga mejor y, por ello, y por ella, hemos trabajado y seguiremos haciéndolo allí donde estemos”. Dicho de otra forma, que fueron unos años que quedaron grabados en lo mejor de nuestros sentimientos y recuerdos, suponiendo para nosotros una emotiva satisfacción que nos acompañará a lo largo de toda nuestra vida, quizás porque entonces entendimos la política como lo que debe ser y no como lo que en tantos aspectos está siendo.

*Andrés García Maldonado es presidente de la Asociación de la Prensa de Málaga.
   
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