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12 de marzo de 2012 |
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Curro Flores |
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Barbados, corbata y pana |
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Salimos de la sede del PSOE en la calle Martínez, la tercera desde que se abriera al público en Duquesa de Parcent nuestra primera sede, todavía en la ilegalidad. No habían transcurrido tres años entre una cosa y otra, y cuánto vértigo, acción, decisión, miedos, entusiasmo e ideas. Todo el día emborrizado en ideas, las nuestras y los matices que nos distinguían del mosaico de siglas que conformaban la izquierda, opositora al régimen de Franco, sobrepeso de utopía e intensidad de voluntades, fórmula magistral de nuestra locura. Aquel abril del 1979 nos habíamos acoplado nuestros trajes de novios, de jurar el carguete o de visitar a un buen cliente; éramos los típicos jóvenes de la época. A la cabeza, Aparicio, que siempre nos sacaba algunas tallas en algo. Como socialistas, hacíamos un paseíllo colegiado, rodeado por nuestras huestes, por el Parque, camino del salón de Plenos del Ayuntamiento de Málaga. Allí, entre el alborozo y el entusiasmo de la afición, tendríamos nuestro primer pleno, el primer pleno de la democracia, de los que ya no quedan: discursos históricos, palmas y abrazos por doquier y encima te obsequiaban una medalla, un escudo y un fajín procesional. Enrique, Paco, Salvador, Paco R., José Miguel, Curro, Luis, Gerardo, Rafael, Paco S., Antonio y Luis P. nos distinguíamos porque, de los 29, éramos los doce barbados, cabezas y números de profetas menores, apóstoles en el cenáculo, revolucionarios de Sierra Maestra o hippies en concierto. Para profetas, había que oírnos; para apóstoles, había que invitarnos a cenar; para revolucionarios, había que vernos el uniforme y para hippies
que no nos vieran jurando el cargo de concejal. He elegido el método fácil comparativo que sugerían, y siguen evocando, nuestras imágenes casi en sepia. Yo, que conocí, regañé y me solidaricé con espíritus barbados, puedo decir cuánto aprendí de la actitud de servicio permanente a la comunidad de todos mis compañeros. El aspecto de nuestras cabezas barbadas respondía a dos tendencias cruzadas y curiosas: una, la moda hippie y su instalado inconformismo asistémico; otra, la de los herederos de Mayo de 68. Las dos modas se pusieron de acuerdo en que el rasurable era del que estaba en el poder y que con un poquito de imaginación había que desalojarlos. Hoy, en noviembre de 2005, ya sean concejales y concejalas, para ver una barba hay que esperar a los reyes magos o magas. Hoy hasta pueden casarse ellos y ellas la ciudad tampoco es la misma. Esa ciudad, nuestra Málaga, quisiera que asemejara al imaginario de todas las ilusiones que pusimos los barbados y el resto, en aquel abril del 79. La queríamos amigable, igualitaria, transitable, pacífica, limpia, culta, solidaria, etcétera, por la que dedicamos lo mejor de nuestros años del botellón para trabajar por ella.
*Curro Flores fue concejal del Ayuntamiento de Málaga de 1979 a 1995 |
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