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12 de marzo de 2012 |
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José Escalona |
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Un comunista en la Alcadía de Cártama |
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En abril de 1979 fui elegido alcalde del municipio de Cártama. Iba como cabeza de lista en la candidatura del Partido Comunista de España (PCE). Llegaba a la Alcaldía con una gran ilusión, con muchas ganas de trabajar por el pueblo y con un programa a realizar, concreto y bien estructurado. Y, como yo, muchos alcaldes y concejales de municipios españoles incluyendo las grandes ciudades no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar.
Téngase en cuenta que sustituíamos, mediante elecciones democráticas, a alcaldes y concejales del antiguo régimen. En mi caso, al ser sacerdote y párroco de esta misma localidad y ser comunista, podría parecer hartamente difícil e incomprensible mi gestión por la sorpresa en ciertos sectores de la sociedad. Y así, una vez que tomé posesión como alcalde, al día siguiente, voy al Ayuntamiento a las ocho de la mañana. Me encuentro con los funcionarios a los que saludo y me dicen que están esperando a ver qué voy a hacer con ellos. Les digo: ¿ustedes creen que les voy a echar a la calle? Ellos temían esto; entonces les tranquilicé diciéndoles que trabajaran como siempre que no iba a echar a nadie a la calle, no hay una cosa más lejos de mi mente que eso. Nunca les tuve que llamar la atención, cada uno en su cometido fue cumpliendo su labor.
A los pocos días de esta toma de posesión, ocurrida el 18 de abril de 1979, se celebraba la festividad de la patrona de Cártama, la Virgen de los Remedios, concretamente el 23 de abril. Previamente habíamos decidido que la corporación, aunque fuésemos mayoría la izquierda, asistir a la procesión. Recuerdo que cuando la imagen de la Virgen pasaba por delante del Ayuntamiento, nos incorporamos a la procesión, situándonos detrás del párroco; y nada más incorporarnos, el párroco se vuelve hacia mí y me dice mejor que te vayas. Yo como respuesta le hice un gesto diciéndole deja y sigamos adelante. Pues bien, terminada la procesión, tuve que parar los pies a los concejales, dado que querían pedir explicaciones al cura, yo les dije dejemos las cosas, no conviene enfrentarse con la Iglesia. Y así terminó aquel entuerto.
Aún recuerdo una cosa más y es mi primera visita al gobernador civil, entonces de UCD, el 3 de mayo de 1979, fue de presentación muy cordial. Aproveché la ocasión para pedirle dinero para el pago de deudas atrasadas de la anterior corporación, por un valor de 3.597.065 pesetas. En este sentido, y adjuntado la correspondiente relación de deudores, me dirigí a los señores ministros del Interior y de Administración Territorial, respectivamente, y obtuve como respuesta que ya el tiempo de reclamaciones había pasado.
También recuerdo el 23 de febrero de 1981, día del golpe de estado. Estaba asistiendo al cumpleaños de una vecina, cuando me avisan que los guardias civiles habían entrado en el Congreso de los Diputados. Enseguida me pongo a escuchar la radio. En vista de lo que oí y apreciando el cariz de los acontecimientos, voy corriendo a la sede del Partido Comunista y ordeno (sic) cerrarla y llevarse el archivo. Tuve dicho con toda verdad, que ponerme duro porque había reticencia a cerrarla. Me fui a casa y al poner la televisión, mi suegro, que ya había padecido en sus carnes la crueldad de la Guerra Civil me dice: ¿Nos vamos al monte? Contesté: Esperemos, que parece que va a salir el Rey por televisión, a ver lo que dice, dependiendo de lo que diga, así haremos. Toda la noche estuve frente al televisor. El comité provincial del PCE intentaba localizarme y yo a él, pero no pudimos contactar. Mediante familiares y amigos estuve conectado con Ceuta, Madrid y Valencia. No pude conectar con la Guardia Civil, de la que no me fiaba ni un pelo. Sí me puse en contacto con la Policía Local, a la que tuve que ordenar a todos los agentes, sin excepción, se fuesen al Ayuntamiento y aguardase a recibir órdenes. Un par de cosas a destacar: una, había gente de extrema derecha preparada para apresarme en un momento preciso; y otra, tuvimos que defender el Ayuntamiento de cualquier ataque. Y mira por donde, sin esperarlo, aparecí en aquella relación de la noche de los cuchillos largos editada por la revista Interviú.
En fin, y por último el relato de un hecho que no sobrecogió a toda Cártama. Fue el asesinato el 4 de mayo de 1981 de un joven a manos de la extrema derecha. Tuve que hacer frente a los acontecimientos sin caer en provocaciones y manteniendo el tipo y la dignidad democrática.
Así fueron pasando los días abriendo cada vez más el Ayuntamiento a los vecinos y haciendo que éstos estuviesen bien informados y participaran en las tareas municipales. En definitiva, una experiencia como aquélla, de los primeros años de la democracia municipal, buena y positiva, y por la que doy gracias a Dios, por el granito que pude colocar.
José Escalona fue alcalde de Cártama por el PCE en 1979 |
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