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12 de marzo de 2012 |
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Ramón Asesio Bolea |
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Ser independiente en la Málaga 'roja' |
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No había ideología, solo deseo de participar en la gestión de los municipios. Muchos de nosotros pensamos que podíamos aportar criterios no estríctamente políticos para una gestión eficaz. Con el paso del tiempo habrá que coincidir con quienes opinamos que nuestras aportaciones fueron importantes en muchos ayuntamientos; es más, en una etapa de tanta efervescencia política, muchos independientes fuimos capaces de poner racionalidad y gestión. Fue, al principio, un movimiento importante, no sólo en Málaga, sino también en otros puntos de Andalucía y España. Nada estaba organizado y fuimos surgiendo de forma individualizada, sin organización alguna. En la provincia de Málaga, quizás por su extrema politización, los independientes tuvieron cierto protagonismo, recuérdese, por ejemplo, los alcaldes independientes en municipios como Antequera y Benalmádena, entre otros y en gran parte de los ayuntamientos hubo concejales independientes. Por lo tanto, su peso al principio fue muy fuerte. Se ha preguntado muchas veces cual era o podría ser la ideología predominante entre los independientes, que no su adscripción política. Por conocer a muchos de ellos con el paso del tiempo y cuando se intentó una organización de mayor calado, yo creo que la mayor parte se movía en un centro derecho al uso de aquellos años, algunos con un fuerte sentido social de la vida. También había, aunque en menor proporción, los que obedecían a planteamientos de una derecha más cerrada y anclada en el pasado. No se puede olvidar que construimos la democracia a base de esfuerzos y que fue una escuela en la que todos tuvimos que aprender día a día y eso se notaba en los ayuntamientos. Por eso y por otras cuestiones, el movimiento de independientes ejerció una sana influencia en el pueblo, primero porque ayudó a incrementar la participación ciudadana en las elecciones municipales y, en segundo lugar, porque colaboraron en la creación de unas corporaciones muy representativas. Viendo nuestra fuerza como consecuencia de los resultados de las primeras elecciones democráticas a los ayuntamientos en el año 1979, tanto Alianza Popular (AP), como la Unión de Centro Democrático (UCD) hicieron esfuerzos para atraerse a los independientes a su lado. Pero no era fácil ya que la disciplina de partido y una cierta rigidez en los programas impedían un trasvase en grupo. Hay que tener en cuenta que el valor de muchos de nosotros se centraba, por un lado en el conocimiento y confianza que tenían los ciudadanos de nosotros y, por otro, porque procurábamos anteponer la eficacia y el pragmatismo en la gestión a cualquier otra consideración. Como los cantos de sirena no se acallaban, con ofrecimientos de futuro que hacían pensar a algunos, decidimos reunirnos en Antequera, con asistencia de casi 150 concejales independientes. Se debatió con intensidad el papel de los independientes y qué se podía hacer cara al futuro y dejando claro la independencia individual se decidió suscribir el programa de la UCD, lo más lógico entonces. Con el tiempo, el concepto de independientes pierde fuerza y disminuye hasta quedar en los porcentajes lógicos de una democracia asentada. Muchos de nosotros terminamos por entrar en partidos afines a nuestras ideas, siendo la Democracia Cristiana que lideraba Óscar Alzaga quién mas independientes recibió, una vez disuelta la UCD. También, aunque en menor medida, se fueron a Alianza Popular, aunque al final todos se encontraron en el Partido Popular (PP).
*Ramón Asensio Bolea es empresario |
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