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12 de marzo de 2012 |
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Juan Harillo Ordóñez |
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Dar la voz al pueblo |
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En la primavera de 1979, en las primeras elecciones municipales tras la instauración de la democracia, fui elegido alcalde de Ronda, encabezando la candidatura del Partido Socialista de Andalucía (PSA). En mi caso no hubo improvisación a la hora de asumir tan importante compromiso y responsabilidad. Ya en el año 1970 me presenté a unas elecciones para concejales, por el tercio familiar (los otros dos eran el tercio sindical, del sindicato vertical, y el tercio institucional, de afiliados al Movimiento) . Estuve apoyado por los movimientos ciudadanos locales de aquella época, especialmente por los componentes de las asociaciones culturales Lumen y Cultura y Arte, de cuya organización y dirección yo formaba parte. Fui elegido concejal y desde entonces y hasta el año 1979 desempeñé responsabilidades como delegado de Urbanismo y también de Fiestas, de los distintos alcaldes que fueron nombrados para el cargo durante ese tiempo.
Por otra parte, a principios de 1975, fundé y formé parte activa de la Junta Democrática de la Comarca de Ronda y como concejal presenté en mi Ayuntamiento diversas mociones, entre las cuales destacaría una petición para la democratización del funcionamiento de la Casa de la Cultura y otra, muy controvertida en la corporación municipal de entonces, para la amnistía de los presos políticos. El lema Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía presidió, en aquel tiempo predemocrático, las actividades y reivindicaciones que planteamos y desarrollamos bajo la cobertura de las organizaciones culturales y también, ya directamente como militantes políticos, en los actos y manifestaciones tolerados o incluso, últimamente, ya autorizados.
Por todo lo cual, como decía, no tuve que improvisar nada ni cambiar mi concepción de lo que debía ser la dirección y gestión de un ayuntamiento democrático. Entendía y compartía las ansias de libertad y democracia que, con tanta ilusión, manifestaron con fuerza la inmensa mayoría de los ciudadanos a partir de entonces, que asistían multitudinariamente a los actos públicos que se convocaban desde finales de los setenta y a lo largo de la década de los ochenta. También otros muchos, aunque no demasiados, se organizaron afiliándose a partidos políticos, sindicatos y asociaciones de vecinos, interesados en el desarrollo democrático de los tres aspectos fundamentales en la vida de los ciudadanos: su compromiso ideológico, sus intereses laborales y sus necesidades como vecinos. Los plenos municipales se celebraban con la asistencia de muchas decenas de personas, a los que hubo necesidad de dar voz acordándose que, una vez finalizadas las sesiones, pudieran expresar directamente su criterio sobre los temas tratados. Se trataba de que el ejercicio de la democracia no se limitase a delegar periódicamente con el voto la responsabilidad del conocimiento y solución de los problemas, sino que resultaba necesario una participación más cercana y vigilante por parte del ciudadano.
Capítulo aparte merece el resultado de la esperanza puesta por los ciudadanos en unos pueblos y ciudades más que en otros en la cuestión del desarrollo autonómico de Andalucía. Si en el terreno democrático tenemos aún déficit que suplir, con partes muy importantes de la Constitución todavía sin aplicar (vivienda, paro, situación económica de los ayuntamientos, etc.), en los temas relacionados con el desarrollo autonómico de Andalucía se ha producido una auténtica frustración. Una mirada retrospectiva a nuestro pasado mas reciente, la visita a una hemeroteca o la reposición de cintas y vídeos de la época preautonómica, nos permite recordar la intensidad y el calor, la ilusión y la esperanza, que los andaluces pusimos en la conquista de nuestro Estatuto autonómico. La escasa actitud reivindicativa del Gobierno andaluz ante la Administración General del Estado, durante dos tercios del tiempo transcurrido desde la aprobación del texto autonómico. Con una deficiente negociación en el inicio de las transferencias, en cuanto a su número y contenido, y una actitud tan sumisa y entreguista en cuanto a su financiación. Un continuismo, ya permanente, sin alternancia en el Gobierno andaluz (porque así lo quieren con su voto los andaluces). Una situación de país Región Objetivo en la Unión Europea, que, tras varias décadas de ser receptora de Fondos Estructurales y de Cohesión, sigue ocupando los últimos lugares en los índices económicos de Europa y España. Todo esto ha hecho que los andaluces vean cada vez con menor interés y confianza el día a día de la política, y que tal vez piensen que el actual Estado de las Autonomías no está resolviendo ni superando la situación de dependencia que sufre Andalucía.
No obstante, sería injusto no reconocer un saldo positivo al hacer balance de estos últimos 25 años. Hay un auténtico abismo entre la situación política, económica y social del actual sistema democrático y el régimen anterior. Pero no nos debemos conformar con lo conseguido hasta ahora. La democracia y la autonomía no son un fin en sí mismas, es nada más y nada menos que un medio adecuado, un espacio de libertad, un sistema solidario de vida en común, una forma de organización económico-administrativa dentro de un territorio que tiene una historia y una cultura milenarias, que puede facilitar a los ciudadanos su realización como individuo miembro de una colectividad y dentro de la tierra en la que ha nacido o vive, en un ambiente de libertad, de solidaridad y de responsabilidad individual y colectiva, mediante el esfuerzo necesario diario y permanente.
En cualquier caso, en democracia siempre nos queda el buen uso de esa herramienta decisiva que es nuestro voto: igual, directo y secreto. Que pone y quita gobiernos. Que premia o castiga a los políticos y a los partidos. Que da a los ciudadanos la posibilidad de corregir una trayectoria errónea, injusta o irresponsable, poniendo a cada uno en su sitio y haciendo triunfar el verdadero sentido de la democracia. Conclusión: saldo positivo hasta ahora y esperanza y optimismo moderado para el futuro.
*Juan Harillo Ordóñez fue el primer alcalde andalucista de Ronda |
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